La expresión «Yo soy así» generalmente viene después de haber lastimado a alguien. Es tiempo de tener responsabilidad afectiva.
Contenido de motivación e historias de inspiración.
La expresión «Yo soy así» generalmente viene después de haber lastimado a alguien. Es tiempo de tener responsabilidad afectiva.
Nuestros hijos vienen a ser amados y protegidos, vienen al mundo porque así lo decidimos sus padres, no nos deben nada, y menos la vida.
Muchas mujeres a veces sin darnos cuenta nos desgastamos tratando de «encajar». A veces unos tacones pueden ser la ·»red flag».
Maestros inolvidables, una historia hermosa y conmovedora que nos hace reflexionar acerca de la importancia de nuestros invaluables maestros.
Las creencias no necesitan ser ciertas, las creencias deben ser útiles para quien las sostiene. Útiles al propósito de vida, los sueños y las metas.
Con los 40’s se han ido la prisa, la incertidumbre, el deseo de forzar las cosas y las ganas de que las cosas sean a mi manera. Ahora entiendo que el comportamiento ajeno no me pertenece, pero mi reacción a ese comportamiento sí. Por tanto no me estaciono donde la paz no me acompaña, y si algo me produce inquietud, me marcho en elegante silencio. Expreso con claridad lo que quiero, no justifico mis elecciones, no tengo que argumentar lo que soy, sé con plena certeza que mi brillo será bien recibido por unos, y encandilará a otros, me quedo con quienes disfruten de mi luz sin sentir que apago la de ellos. En ocasiones he sentido que debo pedir permiso para mostrar mi esencia, para ser quien soy, ahora me muestro orgullosa, segura y feliz, segura estoy que mi esencia es en si misma un filtro que me permite atraer aquello que resuena conmigo, por tanto no puedo cambiarla, pero sí puedo elegir a quien entregársela. Hoy, a 50 días de cumplir 50 años, me siento más plena y feliz que nunca, me gusta todo lo que veo en mi, lo físico, lo espiritual y lo emocional, pareciera que de la noche a la mañana algo se movió dentro de mi, y todo aquello que lució adverso o desfavorable se convirtió en tierra fértil para el crecimiento de mi SER. Estos días han sido mágicos, han llegado personas y situaciones que me han permitido hacer una retrospectiva de 20 años, de mirar distante pero no distinta a la Thamara de 30 años, en esencia la misma pero ahora más plena y hermosa en todos los sentidos. En 50 días tendré 50 años, lo escribo y lo pienso y me parece increíble sentirme y verme a mi misma de esta manera, que no haya mujer alguna que le tema a esta edad, porque es realmente maravillosa!
Generalmente cuando vamos a hacer algo, la frase recurrente que escucharemos es «piensa bien lo que vas a hacer». Yo la verdad nunca le he prestado atención a esa frase, y suelo desestimar la importancia del tiempo para tomar acción o decisión. Y es así, como sin saberlo llevo años conectada con algo antes de saber que existía y como se llamaba, la contraintuición. Siempre ilustro mi velocidad de respuesta diciendo que me pidieron matrimonio a los 15 días de noviazgo, y 45 días después, es decir a los dos meses de noviazgo, ya estaba casada con el padre de mis dos hijos. Esa unión duró 10 años, y realmente no creo que habría durado más de haberlo «pensado bien» antes de casarme. Albert Einstein decía «No podemos resolver nuestros problemas en el mismo nivel de pensamiento en el que los creamos», éste evolucionado hombre de ciencia fue un pionero de la contraintuición sin duda alguna. Así que eso de «piénsalo bien» podría ser no solo de exiguo beneficio, sino la razón del problema. Me conecto más con el sentir que con el pensar, porque mientras la mente podría traicionarnos y hasta sabotearnos, el corazón contiene la magia y con acierto y sutileza nos hace sentir en paz cuando hemos tomado la decisión correcta. Bien valdría aprender a reconocer esa emoción. Cuando deseo saber si algo viene de Dios, intento conectarme con el sentimiento que me produce pensar en que ya tomé la decisión, y generalmente la paz la recibo en el pecho y el «quédate quieta que esto no viene de Dios» lo recibo en el estómago. A veces a pesar de sentir esa cosa maluca en el estómago y como ese peso en la parte alta de la espalda, digo que sí, para luego preguntarme ¿Que carajo hice?. Así que en mi experiencia el sentir vale más que el saber, y el corazón pesa más que la razón. La biblia dice «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida» Proverbios 4:23 y «En el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja la persona». Proverbios 27:19 Nuestros padres lo hicieron con nosotros, y nosotros lo hicimos con nuestros hijos, desde el amor pero también desde el desconocimiento, les hemos enseñado a que «deben pensar bien las cosas» bien sean las decisiones o los problemas para que puedan ser resueltos. Por fortuna la neuroplasticidad nos da la tranquilidad, la oportunidad y la esperanza, al saber que nuestro sistema nervioso puede generar cambios adaptativos y que el tejido nervioso se puede reorganizar. A partir de nuevos hábitos de vida, podemos crear nuevas conexiones neuronales, y cambiar cualquier patrón mental o hábitos adquiridos. Así que, «Loro viejo SÍ aprende a hablar» Así que la próxima vez que tengas delante de ti un proyecto que te emocione ¡hazlo!, la próxima vez que te provoque abrazar a alguien, ¡abrázalo! y la próxima vez que te digan «piénsalo bien», quizás mejor sea solo ¡sentir!. Grábate éstas tres palabras: Contraintuición, epigenética y neuroplasticidad, seguiremos tomando café con ellas.
En el camino del crecimiento se van quedando personas en el camino, ellas no lo saben, pero silenciosamente me he despedido de ellas muchas veces hasta con una sonrisa. Incluso a varias aún les sonrío cuando me las cruzo. A veces ni saben lo que han hecho o dejado de hacer, pero sienten que ya no están. Otras veces la despedida es más definitiva y menos cordial, es que con algunas personas las segundas oportunidades son un abismo, casi una condena a muerte. Con muchas personas y situaciones es mejor un rotundo hasta nunca, sin remordimientos y con mucha paz, esa paz que sentimos cuando hacemos lo correcto. Siempre he sido pronta para un hola, para sonreír y abrir las puertas de mi vida, y muy lenta para cerrarlas, y cuando las cierro, casi nunca suelo ser radical. La malicia es algo que siempre me ha faltado y siempre he sentido que no la necesito, pero me he equivocado, necesito saber cuidarme y para eso, sí, necesito un poco de malicia. Si al perder algo, gano paz, nada he perdido, he sido tan terca casi toda mi vida. Muchas veces esa terquedad me trajo grandes victorias y éxitos, otras veces mucho pesar y tristezas. Casi tanto como la malicia me negaron la paciencia, esa es sin duda, una muy mala combinación. Sin paciencia y sin malicia se pueden tomar muy malas decisiones, se pueden saltar pasos en un proceso y se pueden obviar claras señales. Solo un indicativo me es siempre útil, la paz. Lo que trae paz viene de Dios y eso sí que lo puedo reconocer con facilidad. La vaina está en que cuando he querido algo, me hago la pendeja y me fijo en cualquier cosa que justifique mi elección, me vale madre si trae paz o no, yo digo que sí y me desbarranco con una sonrisota, desafiando todo regla o pronóstico, e ignorando toda luz roja que grita “No Thamara, por aquí no es”. Muchas veces he ganado pensando que estoy perdiendo, y he perdido cuando creo que voy ganando. Me ha pasado en el dominó y en la vida.
Cuando las mujeres seremos nuestra prioridad? Porqué llegar al agotamiento? Un sereno café al día podría bastar para no estallar.
Una de las recomendaciones en tiempos de crisis, agobio o angustia, es escribir nuestras emociones, la escritura como terapia y sanación es un recurso del cual todos podemos disponer y en cualquier momento. Las letras no juzgan, no se quejan, no bostezan cuando les estás contando una larga historia que podría ser aburrida para muchos. Quizás no necesitas cambiar, solo necesitas drenar. Fluir en letras es terapéutico y sanador, liberador y seguro. Las líneas siempre se pueden borrar, podemos retroceder y corregir historias. La vida también debería poder funcionar así. Decantar en letras la efervescencia de un encuentro, de una emoción, de unas palabras, puede incluso salvar una relación. ¿Quiénes podemos hacer uso de la escritura terapéutica? No es de pocos el privilegio de escribir, bastan tus manos, tus ideas, tu corazón, tus temores, un cuaderno y un lápiz. Ahora a tu corazón se le pasan las páginas, tus ideas están en orden aunque quizás las letras luzcan desordenadas. Date el regalo de la serenidad de la escritura cuando todo parezca estar mal, haz de ese cuaderno tu desahogo, revísalo de cuando en vez, reconoce la emoción que te llevó a esa línea, abrázala y regresa renovado a la vida, a tu día a día. Tus temores y tristezas quedarán entre tu cuaderno y tú, y te juro que él jamás te traicionará. Regálate un tú más sereno, más dueño de sí, obséquiale a tu entorno la paz de un alma en orden. Toma la escritura como tu terapia personal de sanación, ¿Para qué estallar en palabras si el cuaderno no guarda rencores? ¿Para qué mostrar una cara de quienes no somos solo por drenar un mal rato? Todos nos merecemos una segunda oportunidad, todos, pero a veces los únicos capaces de darnos esa oportunidad somos nosotros mismos. Entonces, ¿Para qué averiguar quién nos la iba a negar? Drenar en letras es una oportunidad segura para desahogar el “estoy” y regresar a lo que soy. Regálate una pera de boxeo que tiene páginas y que el puño sea tu lápiz. Luego cierra el cuaderno, tómate un café, y sonríe de vuelta a lo que eres, lo que ya pasó, pasó sin consecuencias, mañana cuando abras tu cuaderno de nuevo, no habrán reproches, solo más líneas en blanco para seguir escribiendo tu vida. Thamara Puedes leer también: Café espiritual