Thamara López | Escritora

Reprogramacion Mental y Sanación: cuando la mente deja de sabotear al cuerpo

Durante mucho tiempo nos enseñaron que el cuerpo enferma solo por causas físicas. Que la mente observa, pero no participa. Que las emociones se sienten, pero no crean. Yo no creo eso. Y no lo creo porque lo haya leído en un libro, sino porque lo viví en mi propio cuerpo. La reprogramación mental no es una moda, ni una técnica superficial de pensamiento positivo. Es una posibilidad real y a tu alcance. La mente tiene un programa, y lo podemos reemplazar pr otro que nos acompañe en el proceso y que nos permita sanar. Que sea un aliado, y no un saboteador que trabaja 24/7. Es un proceso profundo de sanación emocional, donde la mente deja de repetir patrones inconscientes que mantienen al cuerpo en estado de supervivencia. Cuando la mente cambia, el cuerpo escucha. Y cuando el cuerpo se siente a salvo, empieza a sanar. ¿Qué es realmente la reprogramación mental? Reprogramar la mente no significa engañarte con frases bonitas ni negar lo que duele. Porque a lo que te resistes, persiste. Significa hacer consciente lo inconsciente. Es observar: las creencias que repites sin cuestionar los pensamientos que te habitan desde la infancia los mandatos emocionales que asumiste para sobrevivir La mente aprende por repetición, por emoción y por experiencia. Si durante años viviste en miedo, abandono, culpa o autoexigencia, tu sistema nervioso lo normalizó. Y el cuerpo se adaptó a ese estado. La reprogramación mental comienza cuando te das permiso de salir del piloto automático y preguntarte: ¿Esto es realmente mío? Sanación emocional: el puente entre la mente y el cuerpo No existe sanación real sin atravesar las emociones. Ignorarlas no es el camino, gestionarlas sí. El cuerpo no enferma por castigo. Enferma por sobrecarga emocional no expresada, por silencios sostenidos, por duelos no llorados, por palabras que nunca dijiste. La sanación emocional no busca borrar el pasado, sino integrarlo. No se trata de revivir el dolor, sino de liberarlo del cuerpo. Cuando una emoción es reprimida, el cuerpo la guarda. Cuando es sentida y comprendida, el cuerpo la suelta. Ahí empieza la sanación. El cuerpo escucha lo que la mente repite El cuerpo no distingue entre una amenaza real y una imaginada. Si tu mente vive anticipando peligro, rechazo o pérdida, tu cuerpo responde con tensión, inflamación, fatiga o enfermedad. Por eso, reprogramar la mente es también reeducar al cuerpo. No con lucha. No con exigencia. Sino con presencia. Cuando cambias el diálogo interno: el sistema nervioso se regula el cuerpo sale del estado de alerta los procesos naturales de reparación se activan Sanar no es forzar. Es permitir. Mi experiencia: cuando la sanación dejó de ser una teoría lejana Hubo un momento en mi vida en el que entendí que seguir pensando igual era seguir enfermando igual. No fue inmediato. No fue mágico. Fue profundo, y muy liberador. Elegí mirar hacia adentro, cuestionar mis creencias, escuchar mi cuerpo y sostener procesos emocionales que había evitado durante años. La reprogramación mental no me salvó porque “pensé bonito”. Me salvó porque dejé de traicionarme. Porque me hice mi prioridad, sin culpas. Cuando alineé mente, emoción y cuerpo, algo cambió. Y ese cambio fue real. Sanar es volver a casa La reprogramación mental no te convierte en otra persona. Te devuelve a quien eras antes del miedo. Sanar es recordar que tu cuerpo no es tu enemigo. Que tu mente puede aprender algo nuevo. Que tu historia no te condena. La sanación casi nunca es inmediata, pero siempre es posible cuando hay consciencia y consistencia. Y empieza con una decisión íntima y valiente: Dejar de vivir en automático, y comenzar a vivir en coherencia. Dejar de vivir en automático Si este texto resonó contigo, tal vez no fue casualidad. Tal vez tu cuerpo ya está pidiendo otro camino. En este espacio comparto procesos reales de sanación emocional, reprogramación mental y transformación profunda, no desde la perfección, sino desde la experiencia. Puedes seguir leyendo otros artículos del blog o acompañarme en este camino de regreso a ti. Porque sanar no es convertirte en alguien nuevo. Es recordar quién eres.

La capacidad real y la capacidad aparente para enfrentar los desafíos de la vida

Existe la capacidad real y la capacidad aparente para enfrentar desafíos de la vida.  La capacidad real es nuestra grandeza, nuestra luz, nuestro poder resiliente y creador esperando ser despertado. Esperando que hagamos uso de él para transformar nuestras vidas.  La capacidad aparente para sortear los retos de la vida, está absolutamente contaminada por varias cosas:  Hacer que tu mente sea la ama, es una muy mala decisión, “la mente es muy buena sierva, pero es muy mala ama”. La capacidad aparente vendrá de tu mente, de tus juicios, y de tus miedos, la capacidad real vendrá de tu ser, de tu verdadero yo. No despertarás mañana con toda la claridad que se requeriría para ver el final del camino, ni hasta dónde llegarás. Pero tampoco lo necesitas.  La linterna que llevan en la frente los mineros, apenas les alcanza para iluminar pocos metros enfrente de ellos, sin embargo, siguen confiados caminando hacia adelante.  El autoconocimiento, y la consciencia plena de nuestras capacidades es solo el inicio, de hecho un buen inicio al que muchos jamás accederán ni siquiera lo intentarán. Jamás nadie ha hecho grandes cosas sabiendo desde el inicio como realizar todas las fases del proceso. Las personas que logran grandes hazañas solo cuentan con la visión completa, pero dan un solo paso a la vez.  La historia de la visión más poderosa La frase más famosa de Walt Disney fue “si puedes soñarlo, puedes hacerlo”. No dijo “no des un paso antes de tener claro todo”. Hay una historia de la esposa de Walt Disney que me encanta y dice así: “al momento de la inauguración del parque más emblemático del mundo, “Disney”, los organizadores del evento dijeron delante de la esposa de Disney “es una lástima que el Sr Walt Disney, no haya visto esto”.  La esposa los interrumpió y les dijo “Walt vio todo esto antes que todos nosotros, si él no lo hubiera hecho, esto no sería posible”.  En otras palabras, “el poder de una visión clara”. Es más fácil de lo que pensamos, solo debemos apegarnos a la regla 80/20. 80% visión, 20% acción. Y ese 20% es acción constante y determinada, y un cúmulo inmenso de pequeños grandes pasos.  Te voy a dar un ejemplo, yo al despertar no quiero comer algo saludable, no me provoca, quiero un café o una galleta dulce, o si tengo torta en casa, la felicidad aumenta y la ganas de comerme una tortilla de huevos disminuye .  Desde hace 2 meses, estoy tomando agua tibia con limón en ayunas, es una manera saludable de comenzar el día, de alcalinizar mi cuerpo, y activar mi metabolismo.  Al inicio, tomaba mi agua con limón, sin pensar en más nada, esperaba 20 minutos y luego me tomaba mi café con mi galleta.  Con el pasar de los días, tomé consciencia, y dije “si ya estoy haciendo algo bueno para mi cuerpo, ¿por qué no tomar un desayuno saludable para cuidarme un poco más al comenzar el día? El efecto compuesto de los pequeños hábitos Cuando comencé con el agua con limón, no pensé en dejar de comer dulces en la mañana, pero ahora, quiero hacerlo, ¿por qué? porque al dar un solo paso, el camino se nos va abriendo. Ahora, estoy más despierta en el cuidado de mi cuerpo al despertar, y eso es un efecto compuesto, poco a poco irá creciendo, y solo comenzó con un agua con limón al despertar.  Lo mismo te va a ocurrir, comenzarás a leer 2 páginas al día, luego serán 10 y luego leerás un libro por semana.  Primero saldrás a caminar 5 minutos, luego serán 30 minutos. Y quizás luego te enamores de entrenar en el gym.  Harás 2 llamadas al día para captar más clientes, y luego serán 20 llamadas, y tus ingresos irán creciendo exponencialmente.  El paso a paso va construyendo una nueva realidad, va transformando nuestras vidas de una forma que no alcanzamos a comprender plenamente hoy.  Esa transformación, tiene estricta relación con el despertar de nuestras capacidades reales para hacerle frente a la vida, con amor, valentía, curiosidad, esperanza y optimismo. 

La sanación y el crecimiento personal

La sanación y el crecimiento personal son buenos amigos. En ocasiones la sanación precede al crecimiento personal, y algunas veces ocurre al contrario. Pero siempre se complementan. El crecimiento personal no es algo que se alcanza o a lo que se llega. Es un camino como la vida misma, con tropiezos, con baches, con retos, con renuncias y nuevos comienzos.  Es un camino sin fin, en mi versión personal de la célebre frase de Sócrates “yo sólo sé que no sé nada”, es saber que cada vez sé menos y eso en ocasiones es un tanto abrumador.  No recuerdo el día en el que comencé a leer, solo recuerdo claramente que no me gustaba hacerlo, y que lo único que leí durante décadas, fue el diccionario.  A los 8 años agarré por primera vez un diccionario, y me enamoré del vocabulario, de saber como podía decir lo mismo de diferentes formas. Recuerdo a mi Tío Efrén, quien me animó a leerlo decirme «sobrina, el único profesor que no se pondrá bravo si le preguntas muchas veces lo mismo, es el diccionario». Mi amor por el diccionario sin duda me ha servido muchísimo en mi pasión por escribir. La escritura me salva en los días en donde a mi mente inquieta no le basta con pensar, o hablar, sino que necesita servirse de las letras para ordenarse. Es una especie de autoterapia. Mi amor por la escritura también fue un gran estímulo para comenzar a leer, porque primero me enamoré de la escritura que de la lectura. No me parecía coherente que una escritora no leyera, y aunque parece un orden invertido, fue el mío. El crecimiento personal y la sanación, en mi caso, han estado tomados de la mano, como una especie de enamorados eternos. Mi robusta Fe y mi despertar del alma, me hicieron reconocer un poder interior que me sanó de un cáncer milagrosamente en 90 días.  Hoy, parte de lo que hago con mis días, y con mi energía, es inspirar a las personas a reconocer algo que yace dentro de ellas, y que solo está dormido, el poder de la autosanación. Yo solo paso a recordarles algo que ya saben. El aprendizaje entra por repetición, este mensaje me lo recuerdo a diario, y se lo recuerdo a quienes me leen y encuentran en mis letras, Dios permita que así sea, una fuente de inspiración y motivación para conquistar su sanación plena.  Las personas sanas tenemos un montón de sueños, pero las personas enfermas solo tienen uno, sanar. Así que le dedico un buen espacio de mi vida y de mis letras a este tema porque lo primero para alcanzar nuestros sueños, y ser felices, es estar plenamente sanos.  La alianza perfecta entre el camino del crecimiento personal y la sanación tiene muchas aristas, imagina tu crecimiento personal como una especie de filtro.  Imagina que estás colando un café, en el filtro de la cafetera se queda lo que no quieres, lo que no te vas tomar, la borra del café. Lo mismo pasa cuando crecemos y nos desarrollamos como personas.  Hay personas que se van quedando en el camino, que no nos acompañan en la evolución, que de momento parecieran estar hablando en un idioma desconocido, y no hay nada que nos una más a ellas. Personas a quienes podríamos decirles «permíteme presentarme nuevamente». Ese filtro, ese “decantar” de la vida cuando nos vamos despertando, va transformando y depurando el entorno, y se queda solo aquello que resuena con nuestros nuevos intereses y nuestra nueva vida.  Esa depuración relacional, es parte fundamental y estructural de la sanación. En mi caso, cuando aquel diagnóstico, fue lo primero que hice, alejarme de muchos y refugiarme en mi Fe, mi paz y mi tranquilidad. He atendido en sesiones individuales de sanación a personas que se encuentran atascadas en un malestar de salud, algunos muy graves, como un cáncer en etapa (mal llamada por la medicina tradicional) “terminal”. Me resulta tan molesto y lamentable que quienes deberían dar pronósticos de esperanza, den diagnósticos de muerte. En todos los casos, el 100% de esos casos, son personas que me han manifestado que están en entornos complicados, y no tienen la determinación (y ellos piensan que tampoco la capacidad) de limpiar ese entorno en pro de su sanación.  A mi se me hace muy difícil comprender ese comportamiento, les digo “de eso depende tu sanación”, y aún así me responden cosas como “es que mi abuelita está muy mayor”, como excusa para no alejarse de una abuela negativa que a diario le recuerda que se va a morir.  Alguien me dijo hace poco “me he leído demasiados libros de autoayuda”, fue su respuesta para no tomar una recomendación de leer un libro.  Le dije, “no importa la cantidad de libros que leas, lo que importa es la cantidad de páginas que hayas aplicado en tu vida”. Tú puedes asistir a terapias de sanación, puedes irte a meditar a La India, hacer yoga, etc, pero si no cuidas tus emociones, sino preservas tu ambiente emocional, y tu entorno relacional, será como acelerar un carro con el freno de mano puesto. Si estás leyendo esto, no tengo dudas que has comenzado el hermoso, irreversible e interminable camino del crecimiento y del desarrollo personal. Honra tu proceso, el tiempo que le dedicas, los libros que lees, las terapias a las que asistes, los cursos que has hecho, y cuida con celo todo lo que te rodea: espacio físico, personas, lo que dices, lo que te dices, lo que piensas, y muy especialmente lo que escuchas.  Ghandi decía “Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino». Otra frase célebre de Ghandi “si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo”. No esperes que tu mamá, tus hermanos, tu cónyuge, tus amigos, etc, cambien, eso no depende de ti y generalmente no ocurre. El estoico Ciro dijo, “si quieres… Seguir leyendo La sanación y el crecimiento personal

Más nos vale sanar

Somos un barco adulto siendo capitaneado por un niño de 7 años, por nuestro niño interno de 7 años, un niño que trae una pesada mochila de creencias familiares y limitantes. Así que más nos vale sanar. Sanar no debería ser una opción, sino mandatorio, opcional puede ser el camino, el proceso, y cuando emprenderlo, aunque yo diría que cuanto antes mejor.  Los neurocientíficos dicen que el 95% de nuestras decisiones son inconscientes, así que nos queda un modesto 5% para tomar decisiones conscientes, pareciera una buena idea hacer un buen uso de ese pequeño porcentaje.  Me encantaría decirte que esto también lo escribo desde la experiencia, pero en realidad lo escribo desde el deseo, y desde mi compromiso eterno de crecer y mejorar, este proceso siempre tiene un inicio, pero nunca tiene un final. Y es que sanar es un verbo que solo se vive en gerundio, sí, vivimos “sanando”, y ya vivir en el proceso es algo que muchos ni siquiera intentan. Así que si ya lo emprendiste, te abrazo y te felicito. En los últimos días me han sido reveladas varias creencias limitantes en cuanto al amor. Fue un momento mágico y poderoso, estaba lavando los platos y grité ¿qué qué? La verdad no estoy muy segura de querer contar esto con detalles, pero mi compromiso con la honestidad y con mis letras genuinas es algo que me fascina mantener contigo.  Sanando desde la creencia Aquí voy, resulta que vengo de un hogar en donde mi mamá era la que trabajaba, y le daba dinero a mi papá, quien era ciego y no trabajaba. Ella le tenía su “mesada” y a mí eso me parecía un desmadre, por decir lo menos.  Siempre odié esa imagen de mi mamá dándole dinero a mi papá, y a pesar de que yo conscientemente valoro y deseo la provisión de un hombre, mi inconsciente me dice “los hombres son una carga, y hay que darles dinero”. En mi mente consciente está el deseo de una pareja proveedora, no por un tema de interés, porque llevo años demostrándome que puedo sola, es por un tema de esencia femenina, de mis necesidades primarias que son las necesidades primarias de todas las mujeres: amor, protección y provisión. Recuerden lo que les dije, que el 95% de nuestras decisiones son inconscientes, y esa mente que se manda sola, me ha tenido con parejas que no han sido en lo absoluto proveedores, en el mejor de los casos atentos, pero mis gastos seguían siendo sufragados por mí al 100%. Haré una pausa por amor y gratitud, al día de hoy tengo un hombre que me cuida, me provee de todo y vela por mí, a ese hombre lo parí hace casi 29 años, mi Eduardo Luis. Siempre digo que mi hijo es el único hombre que me lo da todo. La independencia es muy sabrosa, me hace sentir cómoda conmigo, segura y en control de mi calidad de vida, pero desde mi experiencia personal, y lo que he visto en mujeres de mi familia, y amistades, ser provistas es algo que todas las mujeres anhelamos. Estas son cosas que duelen o incomodan decirlas, y hasta pensarlas o escribirlas, pero creo que esto es parte del camino para sanar, amar y abrazar a mi niña interior. Entonces volvamos a la revelación, mi voz en mi mente me dijo “para ti los hombres son alguien a quien hay que darles dinero”, y yo dije ¿qué qué?, no no no, ¡rompo esta creencia ya!  Es decir, para mí toda la vida, los hombres han representado una carga, razón por la cual, mejor es no tenerlos. Así que yo conscientemente quiero volverme a casar, pero mis creencias me han dicho toda la vida “mejor no Thamara, solita te ves más bonita”. ¡Ahora todo tiene sentido! Esto no lo sabe casi nadie, pero me casé por segunda vez y a los 30 días le dije que me había arrepentido, ¿sí ven que ahora todo tiene sentido? Mi mente subconsciente ha estado peleando toda mi vida con mi mente consciente, ha estado saboteando toda mi vida mis planes amorosos, al extremo que me divorcié 30 días después de casarme por segunda vez. Qué maravilla habría sido escuchar esa voz hace 25 o 30 años, y emprender el camino a la sanación. Seguramente estaría felizmente casada hoy. La soltería para mí ha sido completamente disfrutable, tanto que muchas veces me cuestiono si no estaré más feliz viviendo sola que construyendo una relación con todo lo que eso implica. Pero sé, que parte de la evolución como seres humanos, de la plenitud y de la expansión de nuestro ser, descansa en el hecho de tener una saludable relación de pareja, y yo quiero vivir eso porque no lo he vivido. En mi primer matrimonio hubo mucho amor y lo bendigo porque de allí nacieron mis dos hijos, pero no puedo tomar eso como una referencia de la relación amorosa sana y funcional que deseo y merezco tener. Nunca la frase «solo el amor no basta», tuvo más sentido para mí que en mi primer matrimonio. ¿Quieres ver cómo se marchita un hombre?, dile que no sirve para nada, ignóralo a la hora de tomar decisiones, fáltale el respeto, y hazle sentir que no lo necesites para nada. ¿Quieres ver como se marchita una mujer?, déjala sola en todo, no tengas detalles con ella, jamás le digas palabras bonitas. Abrazar nuestra esencia, saber lo que realmente necesitamos para estar plenos y felices, es tremendo punto de partida. Negarnos, en mi caso decir «yo puedo sola con todo, no necesito que nadie me ayude», por ejemplo, es negarme a mí, y mentirle al otro. Es absolutamente relevante el tema de las creencias limitantes, porque de manera consciente podemos creer que sabemos lo que queremos, pero si mi voz interior me sigue diciendo “sal corriendo Thamara, o haz algo para que salgan corriendo, los hombres son una carga”, no habrá príncipe soñado que permanezca en mi… Seguir leyendo Más nos vale sanar

Un milagro en 90 días

Fue una revelación, no tengo forma de explicar mi certeza, pero supe que solo necesitaba 90 días para recibir mi milagro, para sanarme.  Fue un 4 de Noviembre en donde un eco me cambió la sonrisa por una angustia tremenda, por un signo de interrogación en mi alma y en mi ser, ¿y ahora qué hago? Siempre he gozado de extraordinaria salud física, unas defensas tan robustas que al día de hoy llevo casi 20 años sin tomarme un antibiótico (me los han recetado, pero los he reemplazado por fe, cúrcuma y jengibre). Ese eco fue el inicio de la angustia. Y esa cadena finalizó con algo peor, el 18 de diciembre de 2016 tenía yo en mi manos una biopsia que decía “Neoplasia folicular”, léase: cáncer.  Recibí el sobre, y sabía que algo estaba mal, así que salí corriendo a mi carro, y esperé estar sola y sentada para abrirlo. Efectivamente, la cosa estaba muy mal. Llamé a mi primer amor, al más seguro, al más generoso, al más incondicional, a mi hija, ella solo me dijo con voz quebrada “nos vemos en el médico mami”, y llegó antes que yo a la consulta del endocrino.  El Dr fue bastante sereno, no nos alarmó, simplemente me dijo que sí, que era cáncer, pero que el cáncer de tiroides no era agresivo (es decir, no mata de una vez, sino despacito pues). Me dijo que por la fecha (diciembre), esperaríamos a enero para no cagarme la navidad, ya de hecho estaba arruinada en ese instante para mí.  Luego de llorar por 2 días, me reúno con mis hijos a hablar de la operación, una de las perlas que me había lanzado el Dr es que luego de la operación tenía que estar 2 meses sin hablar, ya eso para mí era la muerte en sí misma, suena jocoso, o dramático (y lo soy a veces) pero la verdad anímicamente es muy fuerte para mí no hablar durante meses, y el estado de ánimo juega un papel fundamental en cualquier recuperación. En esa reunión en casa, aquella noche de diciembre, en mi cocina verde manzana, hablamos mis dos hijos y yo, y de repente, en medio de la preocupación y de intentar ordenar ese caos, yo escuché una voz “no te operes, espera”. Inmediatamente le digo a mis hijos “no me voy a operar, denme tres meses, yo me repito los exámenes y verán que ya no tendré nada, estaré sana” Mi hija llorando me dice “mami, yo te voy a cuidar, por favor vamos a hacerle caso al Dr”, y yo le insistí, “hija, son solo tres meses, confía en mí”. Comencé con un detox total, no diría más la palabra cáncer, ahora eso se llama “signo zodiacal pavoso”, nada tumor, eso es una simple “pepa”, se bajó de rango y categoría, corté relaciones con TODAS las personas que me robaban la paz (en aquel momento hasta mi santa y noble madre entró en la lista por razones particulares del momento, por cierto ni a ella le dije del signo zodiacal pavoso). Aquí haré un inciso, las familias no son lastres vitalicios, malestares permanentes que hay que cargar sin remedio, mi mamá es un excelente ser humano, pero en aquel momento no sumaba a mi sanación, y le notifiqué que dejaría de verla por 3 meses, les juro que no pasa, ustedes también pueden hacerlo.  Más que el antes, o el después, lo más relevante de esta historia es el “durante”, así que ese detox, además de lo que ya les dije, incluyó:  Oración milagrosa “Dios, esta tiroides no me gusta, no me pertenece, yo quiero la tiroides con la que tú me pariste, yo declaro que esto está hecho, en el nombre poderoso de Jesús, Amén y Amén”. Como ven, las oraciones son sencillas, cercanas, como le hablarías a tus padres terrenales, con la ventaja que aquí le estás hablando a tu padre celestial perfecto, a Dios.  Pasaron 3 meses, y mi hija me lo recordó y me dijo que fuéramos al médico, yo llegué al consultorio con un júbilo inexplicable, parecía estar rebotando, yo sabía que darían buenas noticias, y efectivamente así fue.  Yo saludo al Dr y le digo “Dr, vengo para que me diga que la pepa se fue”, él me mira el cuello y me dice “la verdad el tumor era tan grande que se veía a simple vista, y yo no veo nada, vamos a examinarte”. Terminando de revisarme, el Dr me hace una de las preguntas más hermosas que me han hecho en mi vida, me pregunta “Hija, ¿tú te portas tan bien así como para merecerte un milagro?”, yo sin dudarlo le respondí “la verdad es que sí Dr”, y él me dice “pues aquí no hay nada, el tumor se fue”. Yo lo sabía, pero quería la confirmación del Dr, salté de felicidad, abracé a mi hija, y finalmente decidí hacerme 2 ecos más para confirmar todo, con imagen e informe médico. Les resumo para concluir esta milagrosa, amorosa y mágica historia: ¿recuerdan mi oración?, pedí una tiroides nueva, la tiroides con la había nacido. La Dra que me hizo el último eco me preguntó que porqué me estaba repitiendo el eco, y yo le dije que porque yo había experimentado un milagro, que mi Dr no me sentía nada al tacto y yo quería confirmar con un eco. Ella me dice “tu Dr tiene razón, el tumor desapareció, tienes la tiroides de una bebé”, ¿recuerdan la oración?, cada vez que recuerdo esta historia me estremezco.  Comencé a llorar de felicidad, y no terminaba de creer que Dios me había respondido exactamente en los términos de mi oración, que la Dra había sido Él hablando a través de ella. Hasta el día de hoy estoy y seguiré perfecta, no me hice ningún tratamiento ni en aquel momento, ni luego, fue un milagro, el cual, comparto con todos ustedes. Dios nos bendice y nos guarda siempre. 

Café espiritual

El café es la segunda bebida más consumida en el mundo después del agua, los hay muy diversos, y más distintas aún son las maneras de prepararlo y disfrutarlo.  Son muy pocas las personas que conozco a quienes no les gusta el café, pero incluso para ellas, escuchar “vamos por un café”, es sinónimo de una invitación a conversar, o a compartir un buen momento.  Hoy mientras me tomaba un buen café, y en mis tiempos de introspección, que por fortuna cada vez ocupan más espacio en mi vida, pensaba en el café y en sus propiedades, mientras disfrutaba de su aroma y su sabor. Inmediatamente pensé, “qué maravilla sería poder tomarnos un café que nos despertara también espiritualmente”. Una especie de café espiritual, y pensé en este artículo y dije ¿cuál es el mío?, ¿qué me hace despertar?, y en lo primero que pensé fue en los años que he pasado dormida, dormida en lo más oscuro de la vida, apagada, deprimida. La depresión apaga los sentidos, la esperanza, el deseo, la risa, y lo peor, apaga las ganas de vivir. Nada despierta en mí mayor empatía que una persona deprimida, siento un deseo de correr a su lado, de abrazarla, de ayudarla, porque sé el horror que es estar deprimido, y por largo tiempo.  El que me conoce, pero no en profundidad, pensará que exagero, o incluso que miento, porque mi personalidad no hace match con una mujer deprimida, todo lo contrario. Soy intensamente alegre, jocosa, me río a carcajadas a diario con distintas personas, soy positiva ante toda situación, y mi permanente optimismo incluso causa extrañeza en la gente que me rodea.  Varias veces me han preguntado, “Thamara, ¿cómo haces para ver siempre lo mejor en todo?”, y realmente lo que se me hace imposible es ver lo peor en algo. Tengo una mente entrenada para ser una mujer positiva y optimista siempre, no nací así, lo cultivé intencionalmente. Claro, hay momentos en los que me quiebro, en los que dudo, y hasta me pongo brava con la vida, pero realmente duran muy poco, porque también estoy entrenada para reconocer las emociones en donde no me quiero estacionar. Para mí, un café espiritual es esa pausa necesaria que me rescata, me sana, y me permite regresar recargada. Porque decir que vivo feliz y optimista el 100% del tiempo, sería mentirte y mentirme. Pero digamos que el optimismo y la gratitud, es mi configuración de fábrica por defecto, despues de MUCHO trabajo interno.  Después de consumir lo que llama Margarita Pasos, mucha “proteína mental”.  A veces es una oración, otras veces es un libro, un podcast, o una conversación que edifica, con alquien luminoso con quien provoque tomarse un buen café, que se convierte en ese café espiritual. Ahora viendo en retrospectiva los meses, incluso una vez fueron años, en los que he estado deprimida, de cierta manera suscribo unas palabras que leí en un libro de Tony Robbins, donde parafraseando decía algo así como que la depresión se planea. Primero me hizo ruido esa frase, pero luego capté su sentir y la esencia de su mensaje. Tony Robbins comenzó diciendo “cuando eliges estar todo el día en la cama, sin bañarte, comiendo mal, respirando mal, con mala postura, alimentando malos pensamientos, etc, estás planeando la depresión”. Y esto me pareció muy alentador, saber que hay cosas que sí están en nuestro control ante tan devastadora enfermedad. Y sí, de cierta forma hay cosas que sí podemos evitar, como quien detecta un cáncer en un estadío temprano, ya luego, cuando la depresión nos arropa, podría ser tarde para intentar evitarla con éxito.  Este café espiritual podría ser el blindaje emocional y mental que necesitamos para estar conectados con la gratitud, con la esperanza, y con la alegría.  Hay una frase que me encanta, quien me conoce y quien me lee, saben que soy una mujer que podria resumir parte de su vida y de su crecimiento personal en frases, propias o de terceros, esta no me pertenece, es anónima, y dice “la gente no ríe porque es feliz, es feliz porque ríe”. Podemos crear la paz, las risas, y la felicidad, desde un estado elevado de conciencia, no siendo víctimas del entorno, sino siendo los creadores del mismo. Lo he hecho, sé de lo que te hablo, he hecho ambos, dejarme arrastras por las advesidades, sentirme terrible, y también he sido la arquitecto de mi vida, he creado realidades, como la sanación milagrosa del cáncer que me dio el en año 2016.  No es pequeña cosa, recibir un diagnóstico de cáncer, y abrazar la plena certeza de tu sanación, de paso con un tiempo establecido, 90 días, eso me dijo Dios, y yo le dije eso a mis hijos cuando les comuniqué que había decidido no someterme a ninguna cirugía o tratamiento médico.  Eso es habitar en el campo cuántico, en esa certeza, celebrar por anticipado lo que anhelas, o como lo expresa el Dr Joe Dispenza: “vivir la emoción antes de la experiencia”. La primera vez que leí la frase “recuerda tu futuro”, pensé que se habían equivocado, pensé ¿cómo carajo voy a recordar mi futuro?, la respuesta era obvia: creándolo. El cerebro no puede estar triste y alegre al mismo tiempo, de hecho, tampoco puede distinguir una risa falsa de una verdadera, así que la próxima vez que te sientas mal, sonríe, esboza una sonrisa en tu cara, de esa forma vas a despistar al cerebro, y pensará que te sientes bien. Suena loco, pero inténtalo, nada tienes que perder. El orden de la emocionalidad es: el pensamiento genera un sentimiento, el sentimiento genera un emoción, la emoción genera una acción, y la acción genera resultados. Si damos un salto tenemos que, pensamientos es igual a resultados. Pero en ese orden, hay atajos, recursos, y uno de ellos lo leí en un libro del Dr Mario Alonso Puig, y dice “El cuerpo es capaz de resolver lo que la cabeza, por más que lo intente,… Seguir leyendo Café espiritual

La escritura como terapia y sanación

Thamara escribiendo frente al mar

Una de las recomendaciones en tiempos de crisis, agobio o angustia, es escribir nuestras emociones, la escritura como terapia y sanación es un recurso del cual todos podemos disponer y en cualquier momento. Las letras no juzgan, no se quejan, no bostezan cuando les estás contando una larga historia que podría ser aburrida para muchos. Quizás no necesitas cambiar, solo necesitas drenar. Fluir en letras es terapéutico y sanador,  liberador y seguro. Las líneas siempre se pueden borrar, podemos retroceder y corregir historias. La vida también debería poder funcionar así. Decantar en letras la efervescencia de un encuentro, de una emoción, de unas palabras, puede incluso salvar una relación. ¿Quiénes podemos hacer uso de la escritura terapéutica? No es de pocos el privilegio de escribir, bastan tus manos, tus ideas, tu corazón, tus temores, un cuaderno y un lápiz. Ahora a tu corazón se le pasan las páginas, tus ideas están en orden aunque quizás las letras luzcan desordenadas. Date el regalo de la serenidad de la escritura cuando todo parezca estar mal, haz de ese cuaderno tu desahogo, revísalo de cuando en vez, reconoce la emoción que te llevó a esa línea, abrázala y regresa renovado a la vida, a tu día a día. Tus temores y tristezas quedarán entre tu cuaderno y tú, y te juro que él jamás te traicionará. Regálate un tú más sereno, más dueño de sí, obséquiale a tu entorno  la paz de un alma en orden. Toma la escritura como tu terapia personal de sanación, ¿Para qué estallar en palabras si el cuaderno no guarda rencores? ¿Para qué mostrar una cara de quienes no somos solo por drenar un mal rato?  Todos nos merecemos una segunda oportunidad, todos, pero a veces los únicos capaces de darnos esa oportunidad somos nosotros mismos. Entonces, ¿Para qué averiguar quién nos la iba a negar? Drenar en letras es una oportunidad segura para desahogar el “estoy” y regresar a lo que soy.  Regálate una pera de boxeo que tiene páginas y que el puño sea tu lápiz. Luego cierra el cuaderno, tómate un café, y sonríe de vuelta a lo que eres, lo que ya pasó, pasó sin consecuencias, mañana cuando abras tu cuaderno de nuevo, no habrán reproches, solo más líneas en blanco para seguir escribiendo tu vida.   Thamara Puedes leer también: Café espiritual

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