Thamara López | Escritora

La sanación y el crecimiento personal

La sanación y el crecimiento personal son buenos amigos. En ocasiones la sanación precede al crecimiento personal, y algunas veces ocurre al contrario. Pero siempre se complementan. El crecimiento personal no es algo que se alcanza o a lo que se llega. Es un camino como la vida misma, con tropiezos, con baches, con retos, con renuncias y nuevos comienzos.  Es un camino sin fin, en mi versión personal de la célebre frase de Sócrates “yo sólo sé que no sé nada”, es saber que cada vez sé menos y eso en ocasiones es un tanto abrumador.  No recuerdo el día en el que comencé a leer, solo recuerdo claramente que no me gustaba hacerlo, y que lo único que leí durante décadas, fue el diccionario.  A los 8 años agarré por primera vez un diccionario, y me enamoré del vocabulario, de saber como podía decir lo mismo de diferentes formas. Recuerdo a mi Tío Efrén, quien me animó a leerlo decirme «sobrina, el único profesor que no se pondrá bravo si le preguntas muchas veces lo mismo, es el diccionario». Mi amor por el diccionario sin duda me ha servido muchísimo en mi pasión por escribir. La escritura me salva en los días en donde a mi mente inquieta no le basta con pensar, o hablar, sino que necesita servirse de las letras para ordenarse. Es una especie de autoterapia. Mi amor por la escritura también fue un gran estímulo para comenzar a leer, porque primero me enamoré de la escritura que de la lectura. No me parecía coherente que una escritora no leyera, y aunque parece un orden invertido, fue el mío. El crecimiento personal y la sanación, en mi caso, han estado tomados de la mano, como una especie de enamorados eternos. Mi robusta Fe y mi despertar del alma, me hicieron reconocer un poder interior que me sanó de un cáncer milagrosamente en 90 días.  Hoy, parte de lo que hago con mis días, y con mi energía, es inspirar a las personas a reconocer algo que yace dentro de ellas, y que solo está dormido, el poder de la autosanación. Yo solo paso a recordarles algo que ya saben. El aprendizaje entra por repetición, este mensaje me lo recuerdo a diario, y se lo recuerdo a quienes me leen y encuentran en mis letras, Dios permita que así sea, una fuente de inspiración y motivación para conquistar su sanación plena.  Las personas sanas tenemos un montón de sueños, pero las personas enfermas solo tienen uno, sanar. Así que le dedico un buen espacio de mi vida y de mis letras a este tema porque lo primero para alcanzar nuestros sueños, y ser felices, es estar plenamente sanos.  La alianza perfecta entre el camino del crecimiento personal y la sanación tiene muchas aristas, imagina tu crecimiento personal como una especie de filtro.  Imagina que estás colando un café, en el filtro de la cafetera se queda lo que no quieres, lo que no te vas tomar, la borra del café. Lo mismo pasa cuando crecemos y nos desarrollamos como personas.  Hay personas que se van quedando en el camino, que no nos acompañan en la evolución, que de momento parecieran estar hablando en un idioma desconocido, y no hay nada que nos una más a ellas. Personas a quienes podríamos decirles «permíteme presentarme nuevamente». Ese filtro, ese “decantar” de la vida cuando nos vamos despertando, va transformando y depurando el entorno, y se queda solo aquello que resuena con nuestros nuevos intereses y nuestra nueva vida.  Esa depuración relacional, es parte fundamental y estructural de la sanación. En mi caso, cuando aquel diagnóstico, fue lo primero que hice, alejarme de muchos y refugiarme en mi Fe, mi paz y mi tranquilidad. He atendido en sesiones individuales de sanación a personas que se encuentran atascadas en un malestar de salud, algunos muy graves, como un cáncer en etapa (mal llamada por la medicina tradicional) “terminal”. Me resulta tan molesto y lamentable que quienes deberían dar pronósticos de esperanza, den diagnósticos de muerte. En todos los casos, el 100% de esos casos, son personas que me han manifestado que están en entornos complicados, y no tienen la determinación (y ellos piensan que tampoco la capacidad) de limpiar ese entorno en pro de su sanación.  A mi se me hace muy difícil comprender ese comportamiento, les digo “de eso depende tu sanación”, y aún así me responden cosas como “es que mi abuelita está muy mayor”, como excusa para no alejarse de una abuela negativa que a diario le recuerda que se va a morir.  Alguien me dijo hace poco “me he leído demasiados libros de autoayuda”, fue su respuesta para no tomar una recomendación de leer un libro.  Le dije, “no importa la cantidad de libros que leas, lo que importa es la cantidad de páginas que hayas aplicado en tu vida”. Tú puedes asistir a terapias de sanación, puedes irte a meditar a La India, hacer yoga, etc, pero si no cuidas tus emociones, sino preservas tu ambiente emocional, y tu entorno relacional, será como acelerar un carro con el freno de mano puesto. Si estás leyendo esto, no tengo dudas que has comenzado el hermoso, irreversible e interminable camino del crecimiento y del desarrollo personal. Honra tu proceso, el tiempo que le dedicas, los libros que lees, las terapias a las que asistes, los cursos que has hecho, y cuida con celo todo lo que te rodea: espacio físico, personas, lo que dices, lo que te dices, lo que piensas, y muy especialmente lo que escuchas.  Ghandi decía “Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino». Otra frase célebre de Ghandi “si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo”. No esperes que tu mamá, tus hermanos, tu cónyuge, tus amigos, etc, cambien, eso no depende de ti y generalmente no ocurre. El estoico Ciro dijo, “si quieres… Seguir leyendo La sanación y el crecimiento personal

Una musa mal vestida 

Quien diría que la falta de inspiración ha inspirado este artículo. El lado malo de lo auténtico, de lo que fluye, es que parece estar reñido con la disciplina, la estructura y la constancia. Así que escribir por inspiración, tiene esencia pero no estructura ni orden alguno. Al menos en mi experiencia como escritora, escribir por escribir, como un acto disciplinado que hay que hacerlo cuando “toca”, no se me da. Siento que mis letras carecen de corazón cuando escribo sin inspiración.  El romance no da dinero, eso dicen, y a veces yo también lo creo, pero el disfrute del camino también es muy rentable para el alma.  He leído de escritores, como Isabel Allende por ejemplo, quien cada 8 de Enero se sienta frente a su computador a escribir una nueva novela, yo admiro profundamente esas historias, y hasta he flirteado con la idea de emularlas. También he leído que Julio Cortázar tardó 10 años en escribir su obra más célebre, así que en materia de tiempos y rigores, no han escrito los autores. Encontrar mi propia forma de hacer las cosas me está tomando toda la vida, y eso me gusta, porque eso me da libertad y el permiso de cambiar, de crecer, de evolucionar, y de jamás casarme con la frase “yo soy así”. Cambiar de opinión, eso sí se me da bien. Parafraseando algo que leí hace años, “si me conoces desde hace muchos años, permíteme presentarme de nuevo”. Es una metáfora que expresa con suma claridad la evolución a la que deberíamos estar todos obligados a experimentar.  Porque eso de quedarnos estacionados, es muy aburrido. Yo no quiero experimentar el lamento común antes de morir, «arrepentirme de lo que no hice». Prefiero pedir perdón que pedir permiso, y esto lo hago desde los 12 años que le pedía perdón a mi mamá por robarle el carro.   Todo lo que se detiene, no se usa, o se estanca termina perdiéndose, o dañándose. Cuando salgo de viajes y dejo mi casa sola y cerrada, al llegar encuentro varias cosas dañadas, así pasa con nuestras capacidades. Hay una frase en inglés que dice “use it or lose it”, que significa  “usarlo o perderlo”, es un término muy usado en neurociencia para señalar que cuando dejamos de usar algunas funciones de nuestro cerebro, las vamos perdiendo.  La incomodidad de lo desconocido es terreno fértil para el crecimiento y la expansión. y en ocasiones la zona de confort termina siendo la más incómoda de todas, y al mismo tiempo el lugar de donde más nos cuesta salir. Como la historia de la rana que salta al caer en agua hirviendo, mientras que a otra rana que la colocan dentro de la olla mientras se calienta lentamente el agua, se queda ahí y sin darse cuenta muere lentamente.   ¡Morimos lentamente cuando no crecemos! En una ocasión, me hice un estudio cerebral, y el médico me dijo que tenía una actividad cerebral muy acelerada, por eso siento que a veces concateno ideas de manera muy acelerada y que a la vista de la mayoría podrían no tener relación. Salto de un punto al otro y pienso que solo en mi mente eso tiene un hilo conductor. Algún día contaré las cosas que le hicieron a mi cerebro desde que nací, es mi segundo libro de hecho, y tengo tanto miedo de contar eso, pero es justamente ese miedo lo que me dice que tengo que hacerlo. Así que lo haré con miedo y todo. Esas cosas que la medicina tradicional de los años 70’s, le hicieron a mi cerebro de bebé, podría ser la explicación de tantas cosas en mi vida, de esa manera particular de ver las cosas, de vivir y de existir. Al final creo que terminaré agradeciendo la ignorancia médica de la época. Y seguramente eso explica que instintivamente, rechace a la medicina tradicional, y siempre elija seguir mi intuición en lugar de un récipe con bata blanca. Este artículo es una prueba de ello, comencé hablando de que lo genuino, la esencia y lo que fluye pareciera estar peleado con la disciplina, y di un salto súbito a otros temas.  Así ha estado mi mente en las últimas semanas, escribo y la narrativa y el tema dan un salto cuántico y yo decido cerrar la laptop y no publicar mis ideas. Sintiéndome hasta incómoda con mis letras, como cuando uno sale a la calle con un niño malcriado. Hoy, Domingo 23 de Junio de 2024 no lo haré, y ventilaré un poco de caos mental, con esencia pero sin orden, porque  así he decidido vivir y escribir al fin y al cabo.  Quizás encuentre allá afuera alguien con la mente dispersa, pero el alma serena y el corazón en paz, que abrace estas letras. A veces mi alma puede no estar serena, pero mi corazón siempre está en paz. Dijo Miguel Ángel «todo lo que hay que hacer con la piedra es remover todo lo que NO es el David». La obra más célebre de Cortázar, Rayuela, trae un índice alocado como guía de lectura, el lo llama “tablero de dirección”, que te invita a saltar capítulos, sin orden cronológico ni lógico, y fue la obra que le dio fama mundial. A veces dejar ver lo que consideramos raro, o las grietas de la inspiración o de nuestra creatividad, es un riesgo que pudiera funcionar. Funcionar para llegar y para conectar.  He sentido las últimas 6 semanas, que mis artículos necesitan un “tablero de dirección”, o quizás estoy de prejuiciosa pensando que mi desorden de ideas no pueda tener orden en otra mente que no sea la mía.  Dicen que como se hace una cosa se hace todo, y la verdad a mi el orden “natural” no se me da, en casi todo en la vida he alterado el orden habitual, incluso en lo más rutinario. Sé cuando tengo la mente en modo creación y caos al mismo tiempo, me cuesta leer por largo rato, tengo el… Seguir leyendo Una musa mal vestida 

Protegido: El marketing del sexo

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Feliz día de las madres

Supe que iba a ser mamá cuando acababa de cumplir 18 años, nunca me gustó jugar muñecas, me gustaba patinar y las pistas de carro, siempre me encantó manejar, por eso tan pronto me llegaron los pies a los pedales, me robé el carro de mi mamá, a mis 12 años. Cuando supe de mi embarazo, lloré y no de emoción, me dio un susto muy grande, no le había cambiado un pañal ni a una muñeca, y ya venía en camino una muñeca de verdad verdad . Mi primera muñeca fue mi hija, fui una niña sosteniendo a otra niña en sus brazos, cuando veo mis fotos con mi hija pequeña, me sorprendo de lo pequeñas que éramos ambas. Al principio de la maternidad todo es un trajín, no hay mucho tiempo de pensar ni de planear, son meses agotadores en donde el día a día nos atropella. Todo el día se va en cambiar pañales y dar teta, y cuando queda un tiempito, en contemplar cada novedad, un nuevo gesto, una sonrisa, un balbuceo, que ya se sienta, que ya toca darle alimentos sólidos y así se pasa el primer año.  El segundo año es aún más movido, los bebés comienzan a caminar, a hablar, son más impetuosos, demandan más tiempo y atención. Vienen las primeras tremenduras, y las primeras caídas, por mucho que los cuidemos, siempre se caen y el sufrimiento y la culpa que sentimos son enormes. El tiempo vuela Luego, y con la sensación de haber dado un salto cuántico, o de haber viajado en la máquina del tiempo, ya han pasado 33 años desde aquel primer día de las madres. Ya no hay que salir corriendo a comprar foamis ni cartulinas, ni tampoco ir a la dirección del colegio porque hicieron alguna tremendura. Ya no se buscan boletas, no hay actos del día de la madre, y ya no te regalan tarjetas de foami escritas con una letra choretica y tierna. De repente te dicen “madre, cierra la puerta contigo afuera” frase que escuché por primera vez en la adolescencia de mi hijo, porque cuando me decía madre por favor cierra la puerta, yo me quedaba dentro de su cuarto y me reía.  Entonces mi hijo sabía que debía especificar porque sino su madre “pegoste” se quedaba adentro del cuarto con él. Ese mismo período de adolescencia lucía diferente con mi hija, fue más tranquilo por su carácter sereno, mi única preocupación era que le gustaba el rock e iba a los conciertos que siempre eran a 400 Km de casa. Al primer concierto la llevé yo, fue en el poliedro de Caracas, y recuerdo el pavor que sentí cuando dejé a mi hija haciendo la fila con hombres barbudos y tatuados, yo solo pensaba ¿qué hace mi bebé aquí? Recuerdo también, muy especialmente una conversación con mi hija en esos tiempos, un día Mariandrea me dice “Mami, el suelo está muy desacreditado, el suelo también es un lugar para colocar cosas”. Me reí muchísimo, y todavía hoy hay muchas risas en mis conversaciones con mi hija. Ya se pueden imaginar como estaba el suelo del cuarto de mi hija, y la verdad eso jamás me molestó, llegado un límite le decía que lo arreglara (límite tipo ya la puerta no cerraba ni se veía de qué color era la cerámica del piso). Mi maternidad fue más amorosa que rigurosa, yo no me ocupé tanto en que fueran ordenados, siempre me enfoqué en darles amor, y como madre me propuse dos pilares: que mis hijos tuvieran a Dios en su corazón y que fueran felices. Hoy, sé que mis dos anhelos como madre, se han cumplido. Disfruté tanto el tiempo de mis hijos en casa, fueron tantas las risas, y los buenos momentos, que el día que se fueron, en medio de la añoranza, sentí mucha felicidad de verlos crecer, madurar y prosperar.  El amor de madre ha sacado lo mejor de mí, soy una versión muy mejorada de mí como mamá, y pensaba yo, ingenuamente, que ya mi corazón se había expandido a su máximo potencial.  Pensaba yo, que ya había amado hasta lo máximo que se puede amar, porque, ¿a quien se puede amar más que un hijo? Y llegó Kira Marzo 2022, me entra una videollamada, con una cara de mi hija que no conocía, preocupada, sorprendida, temerosa, igual a la cara que seguramente puse yo a mis 18 años, y me dice “mamá, estoy embarazada”. En ese instante, con mi amor de madre la acompaño en el susto, pero en realidad solo quería saltar de emoción. Mi sueño más grande de los más recientes años, se había hecho realidad.  Fui la mujer más feliz “de closet”, me quedé solo siendo la mamá de una hija asustada por la noticia. Pero por dentro, solo había una felicidad indescriptible, iba a ser abuela, ya venía en camino mi nieta soñada.  Siempre anhelé tener una nieta, una nieta hija de mi hija, y a pesar de que solo tenía la información del embarazo, ya en mí habitaba la certeza de que mi nieta venía en camino. Mi yerno apostó conmigo, me dijo que sería varón y yo le dije que no, que sería niña. Apostamos 100$ y yo le dije “Jack, tendré a mi nieta y mis 100$, ya lo verás”, y así fue.   Y ahora en todo veo a mi nieta, a veces no sé si estoy derretida de amor por Kira, que tiene unas caritas y unos gestos que no dejo de captar en fotos y en videos. O si estoy contemplando a mi hija siendo mamá. No sé que me enternece más, si saber la maravillosa madre que tiene mi nieta, o el amor rotundo y robusto que siento por mi Kira. Con Kira he estado en muchos primeros momentos, el más especial el día que nació, yo entré al quirófano, escuché su primer llanto, vi a mi hija enmudecida cuando le pusieron a su hija en el pecho.… Seguir leyendo Feliz día de las madres

El arte de mandar todo al carajo

Algunas veces un detox relacional nos puede asegurar la paz mental, la salud espiritual y en ocasiones nos puede salvar la vida. Dominar el arte de mandar todo al carajo, puede ser una necesidad y una bendición. “El ser humano cambia cuando está harto de estar harto”, esta frase se la escuché a Mario Alonso Puig, uno de mis escritores y conferencistas favoritos [quizás el favorito], pronto viene a mi ciudad e iré a verlo. Así que quizás estar harto de estar harto sea el empujón que necesitas. Mark Manson en su libro titulado “El sutil arte de que -casi todo- te importe una mierda“ nos regala una guía con un lenguaje irreverente para mandar al carajo a todo aquello que no nos importa. En realidad solo leí una sinopsis, no he leído el libro, eso de mandar a la gente al carajo se me da bien. En ocasiones a algunas personas, no es mi caso afortunadamente, les cuesta alejarse de la gente que los lastima, hace poco estaba dando una sesión de terapia de sanación y Luz (la llamaremos así para proteger su identidad y porque es una mujer de mucha luz), una mujer hermosa y con una energía muy bonita, me decía “toda mi familia es muy negativa”, y me confesó su incapacidad de mandarlos al carajo.  Luz tiene cáncer, está mejorando mucho gracias a Dios, y le dije la importancia del entorno, de mantenerse alegre y positiva, y de cuidar celosamente sus energías y las personas de quien se rodea.  Dentro de todas las herramientas que le di para su sanación plena, le pedí que se alejara de personas negativas, que le huyera a la queja, que eso no le suma en su camino de sanación.  Al final de la sesión, cuando estábamos hablando de la quejadera de su familia, con la cual vive, le sugerí ponerse unos audífonos para no escuchar esa negatividad. Le dije, vas a saludar, te sonríes y les dices «tengo que escuchar unos audios que me mandaron para sanar», y te blindas con los audífonos. De hecho Rosa me dijo que ella siempre se despertaba con buen ánimo, y que cuando escuchaba a su familia se le bajaba el ánimo inmediatamente. Más que evidente que el entorno nos define, de hecho uno de los aspectos medulares para instaurar hábitos positivos es el entorno. Hace poco escuché una frase “estar solo es un superpoder”. De verdad la abrazo fuertemente, para mi la soledad es oro, es paz, es encuentro, es inspiración, creatividad, serenidad y gozo.  Y muy especialmente si quienes te rodean, son un drenaje de energía. Porque una cosa es estar solo, y otra muy distinta sentirse solo, yo vivo sola, pero no tengo esa sensación de soledad, al contrario, me encanta vivir sola y es para mí una especie de burbuja que construyo para alcanzar todas mis metas. Hago de vivir sola una especie de laboratorio de crecimiento personal en donde destino mi tiempo y mis espacios a crecer en las áreas que me apasionan. Familia es familia En ocasiones no es fácil decidir, ni menos accionar en esa depuración del entorno, ejecutar ese detox emocional y relacional puede ser complejo. Y más si son personas muy cercanas, y peor aún si viven contigo. Esa lista de personas que no quiero cerca, ha crecido en los dos últimos años. En ocasiones las personas salen voluntariamente por la puerta, en otras hay que darles el empujoncito, de cualquier manera cuidar tu entorno y tu energía, siempre valdrá la dicha. Si me he alejado hasta de mi mamá cuando lo consideré necesario, de cualquiera lo haré sin dudarlo. Y siempre aclaro que mi mamá es un ángel, nadie que la conozca dirá lo contrario, pero han habido momentos, en que he sentido que debía alejarme y lo he hecho. Uno de esos momentos fue cuando me diagnosticaron el cáncer, yo sabía que mi mamá se iba a derrumbar, no la quería ver llorando ni sufriendo, aunque debo confesar que esa no fue mi principal motivación, mi prioridad fue cuidar mis energías y mi enfoque para sanarme. Si le decía a mi mamá, tendría que hablar del tema, decirle como estaba, y se iban a enterar cientos de personas en su iglesia, y no quería esa energía sobre mí. Todo hubiese sido con muy buena intención, pero igual no me servía para la decisión que había tomado, y que gracias a Dios, salió como yo lo esperaba.  Quería enfocarme en sanarme, emplear todas mis energías, palabras, afirmaciones, pensamientos y recursos en lograr mi sanación plena, no podía permitirme estar pendiente de nadie más. Si tienes que elegir, elige por ti, no es loable, ni heróico, ni menos sensato permanecer en un lugar que nos roba la energía, solo por la frase de “familia es familia”. Esa frase es buena ejercerla para disfrutar, amar y honrar a las buenas familias, no para usarla como una sentencia de muerte y de aguante. Y si aplica para la familia, más rápido aplica para amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc. Estas reflexiones o posiciones ante la vida, seguramente no son bien vistas por algunos, pero en realidad  ya no espero que me den la razón, pero sí que validen mi emoción, no es “tienes razón Thamara”, que en ocasiones luce como necesario. Es un “lamento que te hayas sentido así, no era mi intención lastimarte, no había visto las cosas desde ese punto de vista”. Eso es validar una emoción, hacer sentir al otro visto, y comprendido. Hacerle sentir que lo has oído, y tomar en cuenta aquello que es importante para esa persona. Porque si te digo «oye, me estás lastimando, me estás pisando» y me pides perdón, pero sigue haciéndolo, ese «perdón» no vale de nada. El verdadero perdón es la genuina intención de no repetir la acción que ha causado el daño.   Cuando este regalo de la validación no se encuentra en una relación, deberíamos darnos el regalo de la distancia, y en aquellos lugares… Seguir leyendo El arte de mandar todo al carajo

Rutinas saludables y salud mental

Una mujer tranquila, serena, sana y feliz.

Seguramente te ha pasado que sacas la jarra de la nevera para tomar agua y la guardas nuevamente sin darte cuenta. Incluso a veces nos pasa manejando, que hacemos cosas en automático y nos preguntamos cómo transitamos unos metros sin tener conciencia de ello.  En mi caso tengo actos casi involuntarios al despertarme, tomarme mi vitamina C que la tengo en la mesa de noche, y tender la cama. Y así podríamos ir enumerando cosas que hacemos en automático, y como en efecto cascada: lavo los platos, seco el tope de la cocina, reviso si debo recargar el filtro de agua y apago la luz de la cocina. Todos estos actos rutinarios, he incluso hábitos como entrenar, correr y leer, cuando están instaurados, estructurados en nuestros días, no solo aportan orden y salud (obviamente en el caso de que sean hábitos saludables), sino que nos dejan “espacio libre” en el cerebro. Nos despejan la mente. Cuanto menos decisiones tomemos en el día a día, más serenidad y paz mental tendremos, cuanto más acciones (previamente decididas) ejecutemos, nuestro cerebro estará más relajado y despejado. Por ejemplo, yo acabo de retomar el gym, antes de hacerlo todos los días pensaba ¿voy o no voy?, ¿comienzo esta semana o la que viene? Ahora simplemente me levanto y después de tomar mi café y de quitarme el pijama, me visto para el gym. Ya está decidido que a las 4pm me voy a entrenar. En mi día a día ya no tengo que tomar la decisión de si voy o no voy al gym, ya que es acto que decidí hacer de Lunes a Viernes, mi cerebro no tiene que tomar esa decisión a diario.  Esas rutinas, siempre y cuando sean saludables, nos aportan doble beneficio, la acción saludable, y el hecho de que está decidida, nos deja el cerebro, y la voluntad con mayor “espacio” para tomar nuevas y más importantes decisiones.  ¿Me cambio de trabajo o no?, ¿me voy del país o me quedo? esas son decisiones complejas, y si a eso le sumas ¿tiendo la cama o la dejo así?, ¿voy al gym o no voy?, ¿me duermo temprano o me quedo viendo Netflix? tendremos una mente colapsada todo el tiempo. La voluntad es limitada, debemos cuidar nuestro entorno y mantenerlo libre de distracciones y de tentaciones, si quiero perder peso, no debo tener dulces en la nevera «para cuando me provoquen», pero en mi caso, me provocan siempre. De detalle en detalle, vamos construyendo nuestras vidas, vamos mimando el cuerpo, cuidando la salud mental, y abriéndole paso a lo importante, y dejando lo cotidiano en orden.  Hace muchos años, sufrí una depresión muy severa, luego de que me divorcié del padre de mis hijos, mis hijos eran muy pequeños para aquel entonces, y recuerdo que el psiquiatra me indicó lo siguiente: “Thamara, necesitas una vida con método”. Yo le pregunté “Dr, ¿qué es eso?” Yo siempre he sido anti estructura, y anti rutina, pero hoy, 25 años después, entiendo perfectamente lo que me quiso decir el psiquiatra. Si para aquel momento, yo no me hubiese plegado al desánimo, ni a la depresión, sino que hubiese actuado de acuerdo a un plan, levantarme a una hora (yo pasaba todo el día en la cama), comer con horarios, caminar así no quisiera, no habría pasado tres largos años deprimida.  Una vida con método es una vida con rutinas, con decisiones ya tomadas del día a día, con un cerebro aliviado, y no saturado de tanta nimiedad agotadora.  Si en este momento estás pasando por una depresión, date cuenta de varias cosas:  ¿Qué son todas esas cosas que he enumerado? RUTINAS, de lo que se compone tu día a día, ¿te das cuenta que rutinas saludables y salud mental tienen mucho que ver? La próxima vez que te sientas mal, agobiado, triste, examina cuidadosamente tus rutinas, en qué inviertes el día, que mal hábito puedes sustituir por un buen hábito. Recuerda algo, el cerebro no sabe olvidar, solo sabe recordar, si te digo “no pienses en una ballena azul”, pensarás en ella. El cerebro solo puede reemplazar, así que si quieres erradicar un mal hábito, debes reemplazar ese acto por otro, no debes dejar ese espacio en blanco.  Me explico, si fumas después de comer, y quieres dejar de fumar, deberás hacer algo después de comer, masticar chicle por ejemplo. Ahora tu cerebro no espera un cigarro después de comer, espera un chicle.  Construye una vida con método, llena de rutinas saludables, toma buenas decisiones y mantenlas, así estás despejando tu cerebro, y tendrá más espacio para tomar decisiones imprevistas o más importantes. 

Kira es perfecta y ella lo sabe

Ese día en Miami Beach con su familia, a Kira se le mojó toda la ropita que su mamá había previsto para ella, y le pusieron una franela de su tía Valentía, inmensa para ella por supuesto. Pero Kira es perfecta y ella lo sabe. Ella en su cuerpito solo sintió que la habíamos vestido, no hubo otro juicio o connotación para Kira. Ella sabe que está perfecta siempre. Ese atuendo no fue una excusa para dejar de tomarle fotos, por supuesto, en Kira todo es tan hermoso, ella se maravilla con todo y todos nos maravillamos con ella. Así que casi siempre tiene alguna cámara pescando todos sus encantos. Yo, siempre que estoy con ella, me diluyo entre las ganas de solo contemplarla y olvidarme del mundo, y las ganas de no soltar el teléfono para documentarlo todo, y casi siempre opto por la segunda, y luego, cuando no estamos juntas, veo incontables veces cada foto o cada video.  Veo estas fotos de mi bebé con la franela de su tía, y su sonrisa de siempre y pienso, Kira sabe que es perfecta, ella no piensa ¿cómo me voy a tomar fotos con esta franela que no es mía y me queda enorme? Kira mucho menos piensa, “me están saliendo los dientes, los tengo torcidos, mejor no me río”.  Hace poco su abuela británica le trasquiló la pollina (Kira es muy inquieta así que no fue culpa de la abuela), ese día, cuando mi hija le tomó la foto, Kira tenía la mayor sonrisa que le he visto, como confirmando la esencia de esta carta que le dedico a mi nieta, ¿y cómo lució en esa foto con su pollina trasquilada? perfecta y PRECIOSA.  También forma parte de su esencia confiar y saber que todo siempre estará bien, mi nieta no piensa ¿dígame si a mi mamá se le olvida darme la teta? o ¿y si a mi papá se le olvida cambiarme el pañal y me deja cagada? Eso no pasa, la esencia de Kira es la certeza de que es amada, provista, cuidada, protegida, y sabe que todos estamos aquí para que ella esté bien y feliz.  ¿Se imaginan que todos fuéramos como Kira toda nuestra vida? Andar por la vida con la certeza de que somos perfectos tal y como somos, confiar en que todo estará bien, y que siempre tenemos todo lo que necesitamos.  Imagínate andar por las calles y sonreírle a los extraños porque sabemos que nadie se resiste a nuestra sonrisa, eso hace Kira cada vez que se monta en el metro con sus padres, le sonríe a todos, y todos se derriten con ella.  Esta semana, vi como su intuición de que hay algo que celebrar, raya en lo insólito, tiene 15 meses, y yo le conté algo muy bueno que me había pasado (siempre hablo con ella cómo podría hablar con mi hija, y desde antes de que naciera), y ella se comenzó a reír y comenzó a aplaudirme, mi hija y yo nos quedamos locas.  Kira ya sabe que los logros ajenos se festejan como los propios, ya Kira lo entendió todo a sus 15 meses. Bueno, en este caso con más emoción, era un logro de su abuelita. Kira vino a recordarme mi propósito medular en la vida, mantener mi niña interna intacta, mantener el asombro y la emoción ante la vida.  Y aunque a la vista de algunos soy anacrónica, y de otros una mentepollo sin remedio, la verdad es que toda mi vida he sabido que quiero ser como Kira, y creo no estar muy lejos.  ¡Al menos lo intento insistentemente! Kira es luz, magia y perfección, Kira sabe que todo siempre estará bien, cuando ella se sonríe con esos dientitos choretos y separados yo sólo veo belleza, crecimiento y felicidad, y tengo infinitas fotos de esa sonrisa que me hace tan feliz.  Cuando Kira crezca, le mostraré esta carta, para recordarle que es perfecta, que siempre lo ha sido y siempre lo será, que no importa la ropa que lleve puesta, ni importa ningún atributo externo.  La certeza de su belleza y suficiencia viene de su interior, Kira no necesita verse en un espejo antes de sonreír ni de tomarse una foto. ¡Kira sabe que es perfecta! ¡Qué hermoso sería el mundo si todos fuéramos como Kira!  ¡Dios te bendice y te guarda siempre mi nieta amada!

Reír para sanar

Qué fácil es reír cuando todo va bien, cuando estamos con alguien que nos hace feliz, cuando disfrutamos de una buena película o un buen show de comedia.  Pero hay días, que la risa no es algo que fluye, o que sale de manera natural, es algo que pretendemos, que perseguimos y que se convierte en la meta del día o del momento.  En ocasiones esto pasa por motivos equivocados, fingir que estamos bien por ejemplo, pero en otras ocasiones, y con esas sí me identifico, la necesito para decirle a mi cerebro que estoy bien, y de ese modo me saque de un estado paralizante y aterrador.  Hace años, yo aún no sabía que la risa sana, sin embargo, hace 7 años, luego de un diagnóstico de cáncer,  vino a mi por revelación divina, que eso era en buena parte lo que necesitaba para sanar, reír a diario.  Comencé a hacer todo aquello que Dios me iba revelando, incluso le dije a mis hijos “denme 90 días para sanar”, ¿de dónde saqué ese tiempo?, no lo sé, pero efectivamente a los tres meses el tumor había desaparecido.  Luego de recibir el milagro Luego de recibir el milagro, comencé a leer, escuchar podcasts sobre sanación, y todo aquello que me ayudara a entender el por qué de mi milagro, aunque sin duda el primer lugar siempre lo tuvo Dios, tanto en el proceso como en mi reconocimiento. De igual manera yo quise saber más de por qué había sanado tan rápido, y de una enfermedad que todos relacionan con la muerte. Especialmente me interesaba aterrizar las ideas para poder ayudar a las personas que estuvieran pasando por lo mismo. Sabía que tenía un regalo muy grande en mis manos, y que si lograba aterrizar conceptos y claves, yo podría ayudar a cualquier persona a sanar con esta información. Me dispuse a armar el rompecabezas, y resulta que en medio de mi conexión conmigo misma, y mi desconexión con el mundo, hice todo lo que debía hacer para apropiarme de algo que siempre había sido mío, mi poder de autosanación. Así que hice ahondar en varias cosas, la risa entre ellas, y resulta que reír cambia la química corporal, modifica el ambiente hormonal, estimula órganos como el corazón y alivia el estrés. Al reírnos se liberan las llamadas “hormonas de la felicidad”, las endorfinas. Es tal la sensación de bienestar que producen las endorfinas, que se les conoce como «morfina endógena». Así que ya no luce tan loco intentar reírnos casi como si fuera una tarea (a juro y porque sí). Ya nos hemos reconciliado (me atrevo a decir que así es), con la idea de que no es “ver para creer” sino “creer para ver”, así que te invito a que ahora hagamos lo mismo con la risa.  Me explico, siempre hemos creído que quien ríe es porque está feliz, pero ¿y si fuera al revés?, y ¿si en lugar de que la risa fuera la consecuencia, fuera la causa? En ese caso, y como quien despeja la X en una ecuación matemática, la fórmula quedaría invertida, ahora “somos felices porque reímos”. ¿Y no es acaso esto mucho más fácil?  Ya no necesito sentirme de una manera para reírme, ahora me río y me siento feliz, a mi me parece un alivio tremendo, es como tener el control remoto de mis emociones. Ya te estoy viendo la cara, casi te oigo diciéndome “ay sí Thamara, ¿cómo me río si estoy triste o preocupado?”, pues finge la risa, esboza una sonrisa forzada, y verás que comienza el cambio.  Aprópiate de la frase en inglés que dice “fake it until you make it”, es decir, fíngelo hasta que lo logres, así ha comenzado mi camino en muchas cosas.  Antes de que me gustara leer, decía que me encantaba leer, compraba libros, me tomaba fotos leyendo, y la verdad no pasaba de una página al día.  Antes de atreverme a hablar en inglés, decía lo mismo “me encanta el inglés, se me hace fácil el inglés”, creo que ya has captado el punto de esta frase.  No esperes a estar feliz para reírte, ya sabes que puedes cambiar el orden, puedes reírte y luego ser feliz.  Haz la prueba, y por favor me escribes y me cuentas, déjame un comentario aquí o haz clic en el ícono de whatsapp y me cuentas tu experiencia con este experimento.  Miles de personas me han preguntado en TikTok qué hice para sanar, aquí tienes parte de lo que me sanó, la risa sana, te lo digo por experiencia, y no pierdes nada intentándolo. 

Feliz día de San Valentín, feliz día del amor y la amistad

Red heart shaped sky at sunset. Beautiful landscape with road.Love background with copy space. Road to love

¡Feliz día de San Valentín! feliz día del amor y la amistad. Hoy en el día del amor y la amistad, estuve pensando ¿qué escribo sobre el amor que no se haya dicho ya? y la verdad, como era de suponerse, llegué al acuerdo de que nada falta por decir en términos del más hermoso y noble sentimiento que podemos experimentar. Inmediatamente pensé, quizás no haga falta inventar nada, ni crear nuevas maneras de expresarlo, ni nuevos poemas, ni peticiones estrepitosas o iniciativas ruidosas para adornar nuestras redes sociales hoy.  Quizás más que dar un paso hacia adelante, o entregar alguna novedad, lo que nos hace falta es volver atrás. Recordar el amor en un día como hoy es muy fácil, lo recuerdas con la nostalgia de lo perdido o con la felicidad de lo que aún tenemos, con la ausencia de un regalo o por el hecho de recibir uno muy hermoso. En fechas especiales todo es especial, tanto las alegrías como las tristezas.  Difícil es recordar el amor cuando pareciera que todo quiere agotarlo, recordarlo en la cotidianidad, con hijos que muchas veces nos succionan toda la paciencia, y toda la energía, y nos boicotean hasta nuestra vida sexual. Difícil es recordar el amor hablando temas de dinero -según muchos el principal motivo de peleas en un matrimonio- los problemas familiares, los suegros que ya están viejitos y necesitan apoyo, etc. En fin, es larga la lista de las cosas que no están en la cama de la pareja, pero que duermen con ella cada noche para levantar un muro, y sin darnos cuenta, estamos durmiendo “culo con culo”. Todas esas cosas dejan un espacio muy pequeñito para que estos seres, que solían iluminarse mutuamente, y procuraban siempre la proximidad, tanto física como emocional, recuerden que se aman.  Lo increíble del cuento es que quienes logran permanecer en ese amor bonito, y quienes no lo logran, transitaron el mismo camino. Y haré una analogía. Un mismo camino, con distintos destinos Pongamos el ejemplo, en un viaje a la playa, una pareja llegó a su destino y se está bronceando y comiendo pescadito frito a la orilla del mar, y la otra pareja, los fritos son ellos, y también están llevando sol pero accidentados en la carretera. Se quedaron en el camino.  Ambos tenían el deseo de llegar a la playa, pero una pareja lo logró y la otra no. Obviamente estoy simplificando al extremo ese camino. Sé muy bien cómo luce un anhelo de querer llegar a un acuerdo, y no poder hacerlo. En ese camino, para ambas parejas, hubo días de malas caras, de malos jefes en el trabajo, de mucho mes al final del cheque como dice Margarita Pasos, de cansancio físico y emocional, pero hay una gran diferencia que cambió el resultado. En una de las parejas, alguno de los dos cedió ante un mal día, en la otra, ambos explotaron. En una pareja se guardó silencio hasta que bajara la marea, en la otra se ofendieron y se atacaron mutuamente empeorando todo. En una pareja hicieron el acuerdo de jamás dormir peleados, y se besan y se abrazan cada noche antes de dormir. La otra pareja duerme separada y dejan de hablarse una semana, orgullosos, tercos, e ignorantes del daño irreversible que se hacen como matrimonio.  Quizás no haya que inventar nada en el amor, al contrario, hay que evocar, recordar el brillo en los ojos de ambos el día que nos comprometimos para casarnos.  Recordar la timidez con la que nos preguntaron “¿quieres ser mi novia?”, la torpeza del primer beso, la angustia de no saber cuando podíamos soltar la mano sudada de aquel ser que parecía no querer despegarse nunca de nosotros. Recordar esa dopamina a millón de esos primeros encuentros, recordar como casi nos faltaba el aire cuando no estábamos con él (o ella). Recordar aquella emoción por conocer a la suegra, y pararte de cabezas para que te aceptara y te quisiera (al menos así era antes, ganarse a la suegra era una prueba que todos queríamos aprobar). Del amor no hay que inventar, hay que evocar, recordar, conectar con las razones que nos unieron, y observar con ternura, benevolencia, y gratitud todo lo transitado.  Decidir quedarte con los errores que ya conoces, porque nadie te garantiza que los errores por conocer serán más fáciles de llevar.  Y no es una especie de resignación, y de tolerar lo intolerable, y de permanecer por costumbre o necesidad, pero es que estamos muy entrenados actualmente para soltar y dejar ir, pero se nos está olvidando aprender a retener, a sostener,  a conservar lo que merece la alegría conservar.  Se dejan ir a los malos amores, a las malas relaciones, a los insultos, a la apatía, a la tristeza, pero a un buen amor se sujeta fuerte, tanto para celebrar como para guapear. Con un buen amor te quedas, porque hay personas que jamás se superan, porque lo que sientes por ellas, te supera a ti.  Si tienes un buen amor, cuídalo, ámalo, dale razones para quedarse, porque un buen amor, se extraña para toda la vida.  ¡Feliz día del amor y la amistad!

Bienvenido 2024

¡Bienvenido 2024! Así comenzó mi 2024, entre nubes, en el cielo, volando, como volando tengo la mente y los sueños para este año.  El año 2023, buena parte del año, lo pasé lamentando una mala decisión, a todos nos pasa, tomamos malas decisiones y luego hacemos algo peor, lamentarnos.  No podía creer que había vuelto a confiar en alguien, sin ninguna razón aparente para hacerlo, y que eso me había traído consecuencias negativas. Así que decidió capitalizar el error y ahora sí que veo poco probable que vuelva a confiar en alguien, sin que me haya dado razones para hacerlo. Así que ese es mi mayor aprendizaje del 2023, para decir desde el alma, ¡bienvenido 2024! ¿Mis mayores motivos de gratitud?, con ellos recibí el 2024, con mis hijos y con mi nieta, además de otros miembros queridos de mi familia. Claramente fue una recompensa divina, y el cierre estelar de un año un poco movido emocionalmente, que dejó grandes áreas de oportunidad, y espacios para el crecimiento.  Hoy, con este recorrido por los cielos, en donde vi al sol salir de nuevo, es motivo para celebrar nuevos comienzos, y cerrarle el camino a personas o eventos que no encajan en mi proyecto de vida vital.  Sin ningún remordimiento o sentimiento de culpa, abandono todo espacio donde mi luz molesta, donde mi nobleza no es correspondida y en donde mis errores o defectos son engrandecidos.  Me abro a compartir mi vida, y mis emociones más sensibles y vulnerables ante personas y espacios seguros, en donde me siento recibida y aceptada plenamente.  No soy una pieza de rompecabeza, no nací para encajar, sino para pertenecer, y esa pertenencia la elijo yo.  Estoy muy emocionada con lo que la vida me está presentando, y muy agradecida por todo aquello que decido tomar como parte de este nuevo camino lleno de bendiciones, felicidad y abundancia.  GRACIAS Dios, porque en todo te veo y te siento, porque me permites dar saltos de Fe en la certeza de que como tu hija, siempre estaré bien.  Gracias por mis hijos y por mi nieta, son mi mundo de amor, y en ellos me inspiro y para ellos crezco como ser humano, como mujer, como madre y como abuela.  Hay cosas que no las tengo clara, pensé que sí, pero creo que son más conceptos impuestos, aprendidos y tragados sin masticar. Es así como la ropa con flores, que la veo hermosas en otras  mujeres, pero yo no me la pondría, algo así me pasa en algunas áreas de mi ser.  Por tanto quizás te he estado pidiendo el postre que no me gusta, y por eso tú, al conocerme mejor que nadie, no lo has puesto en mi mesa.  Gracias por lo que das y por lo que quitas, siento que en el 2023 me quitaste pesos para dejar espacio para las bendiciones del 2024, ya que no podemos meter unos zapatos nuevos en una caja de zapatos ocupada por viejos zapatos.  Para ti que me lees, de verdad, GRACIAS, quiero que sepas que me estás acompañando en el sueño de vida más grande que tengo en este instante, un sueño que armoniza con total belleza, con todo lo demás que deseo.  Feliz año 2024, que caminas con certeza y gozo hacia el sueño de tu vida, transfórmalo en meta medible y creíble, y lo verás hecho realidad.  Con amor, Thamara. 

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