Thamara López | Escritora

Reprogramacion Mental y Sanación: cuando la mente deja de sabotear al cuerpo

Durante mucho tiempo nos enseñaron que el cuerpo enferma solo por causas físicas. Que la mente observa, pero no participa. Que las emociones se sienten, pero no crean. Yo no creo eso. Y no lo creo porque lo haya leído en un libro, sino porque lo viví en mi propio cuerpo. La reprogramación mental no es una moda, ni una técnica superficial de pensamiento positivo. Es una posibilidad real y a tu alcance. La mente tiene un programa, y lo podemos reemplazar pr otro que nos acompañe en el proceso y que nos permita sanar. Que sea un aliado, y no un saboteador que trabaja 24/7. Es un proceso profundo de sanación emocional, donde la mente deja de repetir patrones inconscientes que mantienen al cuerpo en estado de supervivencia. Cuando la mente cambia, el cuerpo escucha. Y cuando el cuerpo se siente a salvo, empieza a sanar. ¿Qué es realmente la reprogramación mental? Reprogramar la mente no significa engañarte con frases bonitas ni negar lo que duele. Porque a lo que te resistes, persiste. Significa hacer consciente lo inconsciente. Es observar: las creencias que repites sin cuestionar los pensamientos que te habitan desde la infancia los mandatos emocionales que asumiste para sobrevivir La mente aprende por repetición, por emoción y por experiencia. Si durante años viviste en miedo, abandono, culpa o autoexigencia, tu sistema nervioso lo normalizó. Y el cuerpo se adaptó a ese estado. La reprogramación mental comienza cuando te das permiso de salir del piloto automático y preguntarte: ¿Esto es realmente mío? Sanación emocional: el puente entre la mente y el cuerpo No existe sanación real sin atravesar las emociones. Ignorarlas no es el camino, gestionarlas sí. El cuerpo no enferma por castigo. Enferma por sobrecarga emocional no expresada, por silencios sostenidos, por duelos no llorados, por palabras que nunca dijiste. La sanación emocional no busca borrar el pasado, sino integrarlo. No se trata de revivir el dolor, sino de liberarlo del cuerpo. Cuando una emoción es reprimida, el cuerpo la guarda. Cuando es sentida y comprendida, el cuerpo la suelta. Ahí empieza la sanación. El cuerpo escucha lo que la mente repite El cuerpo no distingue entre una amenaza real y una imaginada. Si tu mente vive anticipando peligro, rechazo o pérdida, tu cuerpo responde con tensión, inflamación, fatiga o enfermedad. Por eso, reprogramar la mente es también reeducar al cuerpo. No con lucha. No con exigencia. Sino con presencia. Cuando cambias el diálogo interno: el sistema nervioso se regula el cuerpo sale del estado de alerta los procesos naturales de reparación se activan Sanar no es forzar. Es permitir. Mi experiencia: cuando la sanación dejó de ser una teoría lejana Hubo un momento en mi vida en el que entendí que seguir pensando igual era seguir enfermando igual. No fue inmediato. No fue mágico. Fue profundo, y muy liberador. Elegí mirar hacia adentro, cuestionar mis creencias, escuchar mi cuerpo y sostener procesos emocionales que había evitado durante años. La reprogramación mental no me salvó porque “pensé bonito”. Me salvó porque dejé de traicionarme. Porque me hice mi prioridad, sin culpas. Cuando alineé mente, emoción y cuerpo, algo cambió. Y ese cambio fue real. Sanar es volver a casa La reprogramación mental no te convierte en otra persona. Te devuelve a quien eras antes del miedo. Sanar es recordar que tu cuerpo no es tu enemigo. Que tu mente puede aprender algo nuevo. Que tu historia no te condena. La sanación casi nunca es inmediata, pero siempre es posible cuando hay consciencia y consistencia. Y empieza con una decisión íntima y valiente: Dejar de vivir en automático, y comenzar a vivir en coherencia. Dejar de vivir en automático Si este texto resonó contigo, tal vez no fue casualidad. Tal vez tu cuerpo ya está pidiendo otro camino. En este espacio comparto procesos reales de sanación emocional, reprogramación mental y transformación profunda, no desde la perfección, sino desde la experiencia. Puedes seguir leyendo otros artículos del blog o acompañarme en este camino de regreso a ti. Porque sanar no es convertirte en alguien nuevo. Es recordar quién eres.

El arte de mandar todo al carajo

Algunas veces un detox relacional nos puede asegurar la paz mental, la salud espiritual y en ocasiones nos puede salvar la vida. Dominar el arte de mandar todo al carajo, puede ser una necesidad y una bendición. “El ser humano cambia cuando está harto de estar harto”, esta frase se la escuché a Mario Alonso Puig, uno de mis escritores y conferencistas favoritos [quizás el favorito], pronto viene a mi ciudad e iré a verlo. Así que quizás estar harto de estar harto sea el empujón que necesitas. Mark Manson en su libro titulado “El sutil arte de que -casi todo- te importe una mierda“ nos regala una guía con un lenguaje irreverente para mandar al carajo a todo aquello que no nos importa. En realidad solo leí una sinopsis, no he leído el libro, eso de mandar a la gente al carajo se me da bien. En ocasiones a algunas personas, no es mi caso afortunadamente, les cuesta alejarse de la gente que los lastima, hace poco estaba dando una sesión de terapia de sanación y Luz (la llamaremos así para proteger su identidad y porque es una mujer de mucha luz), una mujer hermosa y con una energía muy bonita, me decía “toda mi familia es muy negativa”, y me confesó su incapacidad de mandarlos al carajo.  Luz tiene cáncer, está mejorando mucho gracias a Dios, y le dije la importancia del entorno, de mantenerse alegre y positiva, y de cuidar celosamente sus energías y las personas de quien se rodea.  Dentro de todas las herramientas que le di para su sanación plena, le pedí que se alejara de personas negativas, que le huyera a la queja, que eso no le suma en su camino de sanación.  Al final de la sesión, cuando estábamos hablando de la quejadera de su familia, con la cual vive, le sugerí ponerse unos audífonos para no escuchar esa negatividad. Le dije, vas a saludar, te sonríes y les dices «tengo que escuchar unos audios que me mandaron para sanar», y te blindas con los audífonos. De hecho Rosa me dijo que ella siempre se despertaba con buen ánimo, y que cuando escuchaba a su familia se le bajaba el ánimo inmediatamente. Más que evidente que el entorno nos define, de hecho uno de los aspectos medulares para instaurar hábitos positivos es el entorno. Hace poco escuché una frase “estar solo es un superpoder”. De verdad la abrazo fuertemente, para mi la soledad es oro, es paz, es encuentro, es inspiración, creatividad, serenidad y gozo.  Y muy especialmente si quienes te rodean, son un drenaje de energía. Porque una cosa es estar solo, y otra muy distinta sentirse solo, yo vivo sola, pero no tengo esa sensación de soledad, al contrario, me encanta vivir sola y es para mí una especie de burbuja que construyo para alcanzar todas mis metas. Hago de vivir sola una especie de laboratorio de crecimiento personal en donde destino mi tiempo y mis espacios a crecer en las áreas que me apasionan. Familia es familia En ocasiones no es fácil decidir, ni menos accionar en esa depuración del entorno, ejecutar ese detox emocional y relacional puede ser complejo. Y más si son personas muy cercanas, y peor aún si viven contigo. Esa lista de personas que no quiero cerca, ha crecido en los dos últimos años. En ocasiones las personas salen voluntariamente por la puerta, en otras hay que darles el empujoncito, de cualquier manera cuidar tu entorno y tu energía, siempre valdrá la dicha. Si me he alejado hasta de mi mamá cuando lo consideré necesario, de cualquiera lo haré sin dudarlo. Y siempre aclaro que mi mamá es un ángel, nadie que la conozca dirá lo contrario, pero han habido momentos, en que he sentido que debía alejarme y lo he hecho. Uno de esos momentos fue cuando me diagnosticaron el cáncer, yo sabía que mi mamá se iba a derrumbar, no la quería ver llorando ni sufriendo, aunque debo confesar que esa no fue mi principal motivación, mi prioridad fue cuidar mis energías y mi enfoque para sanarme. Si le decía a mi mamá, tendría que hablar del tema, decirle como estaba, y se iban a enterar cientos de personas en su iglesia, y no quería esa energía sobre mí. Todo hubiese sido con muy buena intención, pero igual no me servía para la decisión que había tomado, y que gracias a Dios, salió como yo lo esperaba.  Quería enfocarme en sanarme, emplear todas mis energías, palabras, afirmaciones, pensamientos y recursos en lograr mi sanación plena, no podía permitirme estar pendiente de nadie más. Si tienes que elegir, elige por ti, no es loable, ni heróico, ni menos sensato permanecer en un lugar que nos roba la energía, solo por la frase de “familia es familia”. Esa frase es buena ejercerla para disfrutar, amar y honrar a las buenas familias, no para usarla como una sentencia de muerte y de aguante. Y si aplica para la familia, más rápido aplica para amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc. Estas reflexiones o posiciones ante la vida, seguramente no son bien vistas por algunos, pero en realidad  ya no espero que me den la razón, pero sí que validen mi emoción, no es “tienes razón Thamara”, que en ocasiones luce como necesario. Es un “lamento que te hayas sentido así, no era mi intención lastimarte, no había visto las cosas desde ese punto de vista”. Eso es validar una emoción, hacer sentir al otro visto, y comprendido. Hacerle sentir que lo has oído, y tomar en cuenta aquello que es importante para esa persona. Porque si te digo «oye, me estás lastimando, me estás pisando» y me pides perdón, pero sigue haciéndolo, ese «perdón» no vale de nada. El verdadero perdón es la genuina intención de no repetir la acción que ha causado el daño.   Cuando este regalo de la validación no se encuentra en una relación, deberíamos darnos el regalo de la distancia, y en aquellos lugares… Seguir leyendo El arte de mandar todo al carajo

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