Thamara López | Escritora

Feliz día de San Valentín, feliz día del amor y la amistad

Red heart shaped sky at sunset. Beautiful landscape with road.Love background with copy space. Road to love

¡Feliz día de San Valentín! feliz día del amor y la amistad. Hoy en el día del amor y la amistad, estuve pensando ¿qué escribo sobre el amor que no se haya dicho ya? y la verdad, como era de suponerse, llegué al acuerdo de que nada falta por decir en términos del más hermoso y noble sentimiento que podemos experimentar. Inmediatamente pensé, quizás no haga falta inventar nada, ni crear nuevas maneras de expresarlo, ni nuevos poemas, ni peticiones estrepitosas o iniciativas ruidosas para adornar nuestras redes sociales hoy.  Quizás más que dar un paso hacia adelante, o entregar alguna novedad, lo que nos hace falta es volver atrás. Recordar el amor en un día como hoy es muy fácil, lo recuerdas con la nostalgia de lo perdido o con la felicidad de lo que aún tenemos, con la ausencia de un regalo o por el hecho de recibir uno muy hermoso. En fechas especiales todo es especial, tanto las alegrías como las tristezas.  Difícil es recordar el amor cuando pareciera que todo quiere agotarlo, recordarlo en la cotidianidad, con hijos que muchas veces nos succionan toda la paciencia, y toda la energía, y nos boicotean hasta nuestra vida sexual. Difícil es recordar el amor hablando temas de dinero -según muchos el principal motivo de peleas en un matrimonio- los problemas familiares, los suegros que ya están viejitos y necesitan apoyo, etc. En fin, es larga la lista de las cosas que no están en la cama de la pareja, pero que duermen con ella cada noche para levantar un muro, y sin darnos cuenta, estamos durmiendo “culo con culo”. Todas esas cosas dejan un espacio muy pequeñito para que estos seres, que solían iluminarse mutuamente, y procuraban siempre la proximidad, tanto física como emocional, recuerden que se aman.  Lo increíble del cuento es que quienes logran permanecer en ese amor bonito, y quienes no lo logran, transitaron el mismo camino. Y haré una analogía. Un mismo camino, con distintos destinos Pongamos el ejemplo, en un viaje a la playa, una pareja llegó a su destino y se está bronceando y comiendo pescadito frito a la orilla del mar, y la otra pareja, los fritos son ellos, y también están llevando sol pero accidentados en la carretera. Se quedaron en el camino.  Ambos tenían el deseo de llegar a la playa, pero una pareja lo logró y la otra no. Obviamente estoy simplificando al extremo ese camino. Sé muy bien cómo luce un anhelo de querer llegar a un acuerdo, y no poder hacerlo. En ese camino, para ambas parejas, hubo días de malas caras, de malos jefes en el trabajo, de mucho mes al final del cheque como dice Margarita Pasos, de cansancio físico y emocional, pero hay una gran diferencia que cambió el resultado. En una de las parejas, alguno de los dos cedió ante un mal día, en la otra, ambos explotaron. En una pareja se guardó silencio hasta que bajara la marea, en la otra se ofendieron y se atacaron mutuamente empeorando todo. En una pareja hicieron el acuerdo de jamás dormir peleados, y se besan y se abrazan cada noche antes de dormir. La otra pareja duerme separada y dejan de hablarse una semana, orgullosos, tercos, e ignorantes del daño irreversible que se hacen como matrimonio.  Quizás no haya que inventar nada en el amor, al contrario, hay que evocar, recordar el brillo en los ojos de ambos el día que nos comprometimos para casarnos.  Recordar la timidez con la que nos preguntaron “¿quieres ser mi novia?”, la torpeza del primer beso, la angustia de no saber cuando podíamos soltar la mano sudada de aquel ser que parecía no querer despegarse nunca de nosotros. Recordar esa dopamina a millón de esos primeros encuentros, recordar como casi nos faltaba el aire cuando no estábamos con él (o ella). Recordar aquella emoción por conocer a la suegra, y pararte de cabezas para que te aceptara y te quisiera (al menos así era antes, ganarse a la suegra era una prueba que todos queríamos aprobar). Del amor no hay que inventar, hay que evocar, recordar, conectar con las razones que nos unieron, y observar con ternura, benevolencia, y gratitud todo lo transitado.  Decidir quedarte con los errores que ya conoces, porque nadie te garantiza que los errores por conocer serán más fáciles de llevar.  Y no es una especie de resignación, y de tolerar lo intolerable, y de permanecer por costumbre o necesidad, pero es que estamos muy entrenados actualmente para soltar y dejar ir, pero se nos está olvidando aprender a retener, a sostener,  a conservar lo que merece la alegría conservar.  Se dejan ir a los malos amores, a las malas relaciones, a los insultos, a la apatía, a la tristeza, pero a un buen amor se sujeta fuerte, tanto para celebrar como para guapear. Con un buen amor te quedas, porque hay personas que jamás se superan, porque lo que sientes por ellas, te supera a ti.  Si tienes un buen amor, cuídalo, ámalo, dale razones para quedarse, porque un buen amor, se extraña para toda la vida.  ¡Feliz día del amor y la amistad!

Bienvenido 2024

¡Bienvenido 2024! Así comenzó mi 2024, entre nubes, en el cielo, volando, como volando tengo la mente y los sueños para este año.  El año 2023, buena parte del año, lo pasé lamentando una mala decisión, a todos nos pasa, tomamos malas decisiones y luego hacemos algo peor, lamentarnos.  No podía creer que había vuelto a confiar en alguien, sin ninguna razón aparente para hacerlo, y que eso me había traído consecuencias negativas. Así que decidió capitalizar el error y ahora sí que veo poco probable que vuelva a confiar en alguien, sin que me haya dado razones para hacerlo. Así que ese es mi mayor aprendizaje del 2023, para decir desde el alma, ¡bienvenido 2024! ¿Mis mayores motivos de gratitud?, con ellos recibí el 2024, con mis hijos y con mi nieta, además de otros miembros queridos de mi familia. Claramente fue una recompensa divina, y el cierre estelar de un año un poco movido emocionalmente, que dejó grandes áreas de oportunidad, y espacios para el crecimiento.  Hoy, con este recorrido por los cielos, en donde vi al sol salir de nuevo, es motivo para celebrar nuevos comienzos, y cerrarle el camino a personas o eventos que no encajan en mi proyecto de vida vital.  Sin ningún remordimiento o sentimiento de culpa, abandono todo espacio donde mi luz molesta, donde mi nobleza no es correspondida y en donde mis errores o defectos son engrandecidos.  Me abro a compartir mi vida, y mis emociones más sensibles y vulnerables ante personas y espacios seguros, en donde me siento recibida y aceptada plenamente.  No soy una pieza de rompecabeza, no nací para encajar, sino para pertenecer, y esa pertenencia la elijo yo.  Estoy muy emocionada con lo que la vida me está presentando, y muy agradecida por todo aquello que decido tomar como parte de este nuevo camino lleno de bendiciones, felicidad y abundancia.  GRACIAS Dios, porque en todo te veo y te siento, porque me permites dar saltos de Fe en la certeza de que como tu hija, siempre estaré bien.  Gracias por mis hijos y por mi nieta, son mi mundo de amor, y en ellos me inspiro y para ellos crezco como ser humano, como mujer, como madre y como abuela.  Hay cosas que no las tengo clara, pensé que sí, pero creo que son más conceptos impuestos, aprendidos y tragados sin masticar. Es así como la ropa con flores, que la veo hermosas en otras  mujeres, pero yo no me la pondría, algo así me pasa en algunas áreas de mi ser.  Por tanto quizás te he estado pidiendo el postre que no me gusta, y por eso tú, al conocerme mejor que nadie, no lo has puesto en mi mesa.  Gracias por lo que das y por lo que quitas, siento que en el 2023 me quitaste pesos para dejar espacio para las bendiciones del 2024, ya que no podemos meter unos zapatos nuevos en una caja de zapatos ocupada por viejos zapatos.  Para ti que me lees, de verdad, GRACIAS, quiero que sepas que me estás acompañando en el sueño de vida más grande que tengo en este instante, un sueño que armoniza con total belleza, con todo lo demás que deseo.  Feliz año 2024, que caminas con certeza y gozo hacia el sueño de tu vida, transfórmalo en meta medible y creíble, y lo verás hecho realidad.  Con amor, Thamara. 

Los hijos inservibles no existen, los padres inservibles sí

Los hijos inservibles no existen, los padres inservibles sí. Esta premisa me surgió hace 2 días, durante un debate apasionado en Instagram luego de un comentario, hasta jocoso, que hice. Resulta que una “influencer” no tuvo mejor idea que comentarme, que si a los hijos se les dejaba una herencia, se convierten en inservibles.  Yo en realidad monté en cólera, y le dije que esperaba que sus hijos no leyeran ese comentario, y al final le escribí “por cierto, los hijos inservibles no existen, los padres inservibles sí”. Los padres inservibles sí existen Y fue así como nació este artículo, desde un acalorado contrapunteo en la cuenta de la esposa del influencer @vendecomopro. De hecho, Alexander (@vendecomopro) quiso intervenir en el debate, defendiendo a su esposa, y hasta aludió a mis hijos. Y con motivo de éste fértil espacio para reflexionar que generó esta controversia en mí, les quiero narrar la reflexión que esto me produjo, y mencionarle las características que en mi opinión tienen “los padres inservibles”: Podría continuar, pero con estas ya podemos establecer relaciones con otros comportamientos que sin duda alguna los deja en la categoría de padres inservibles. Haber leído que una mujer, que es madre, se expresa así, aunque fuera hipotéticamente de los hijos, me produjo una ira inmensa, y como siempre, y por fortuna, en la escritura tengo mi refugio, mi paz y mi desahogo más noble. La inspiración puede venir de cualquier lugar, hasta de un comentario en Instagram. Creo que esta vez se me hizo más real que nunca la frase “quien tiene un hijo, tiene todos los hijos del mundo”. Las creencias limitantes que sembramos en nuestros hijos cuando los invalidamos, los juzgamos o los cuestionamos, son la raíz de todos los males en la adultez. Ayer, escuchando una entrevista que le hizo Lewis Howes a Marisa Peer, ella contaba el caso de una de sus pacientes que sufre de narcolepsia (trastorno crónico del sueño que consiste en episodios de somnolencia extrema durante el día). Durante la terapia, la paciente le contó que su mamá le decía cuando era niña “eres un ángel, eres perfecta, porque siempre estás durmiendo, tu hermano no duerme, es el diablo, me está matando”. ¿Sí ven lo mucho que podemos impactar a nuestros hijos con lo que les decimos? Yo primero me corto la lengua antes de decirle a mis hijos, y ahora a mi nieta, que algo que hagan podría convertirlos en inservibles.  El amor de padres debe ser lo más parecido al amor de Dios, debe ser incondicional. Siempre les dije a mis hijos, que no había manera, que no había ninguna posibilidad, de que yo los dejara de amar. Estudiaran o no, sacaran buenas notas o no, ordenaran sus cuartos o no, yo igual los amaría incondicionalmente. Antes de tener hijos, luego ya no hay opción, evalúa si estás en la disposición y el deseo de amar incondicionalmente, de no ser así, no traigas al mundo seres humanos para hacerlos infelices. Nunca supe hasta donde podía amar, hasta el instante en el que me pusieron en el pecho a mi hija.  Nunca imaginé hasta donde se podría expandir mi amor, hasta que mi hija tuvo a su hija y me regaló a la más hermosa nieta que pude imaginar. Nuestros hijos no quieren padres perfectos, quieren padres reales, cercanos y amorosos, asegurate de ser la primera persona en la que tus hijos piensan cuando algo los aflige. Dile a tus hijos “jamás me voy a enojar si tú me dices la verdad”, y cúmplelo, habrás creado un vínculo de confianza y amor, imposible de romper.

Evadir o confrontar

¿Cómo saber cuando evadir y cuando confrontar? En ocasiones el quebranto humano lo evitamos con todo nuestro ser, y lo evadimos con alcohol, sexo, drogas, relaciones tóxicas o cualquier otro evasor de duelos y tristezas que necesariamente teníamos o tenemos que transitar. Esa evasión solo nos da un tormentoso alivio temporal, porque nada más agobiante que saber que debemos hacer algo, y no lo hagamos. En ocasiones soslayar algo es simplemente posponer un suceso inexorable, un tránsito de vida que nos hará crecer, y que es una suerte de asignatura que debemos aprobar para graduarnos en algún aspecto vital de nuestras vidas. El quebranto, el dolor, el duelo, nos llevan a una profunda vulnerabilidad, y la vulnerabilidad es el único camino expedito y puente genuino para conectar con los demás seres humanos. En la vida apreciamos y conocemos por contraste, sabemos que es de día, porque conocemos la noche, sabemos del bien porque conocemos el mal, y valoramos y atesoramos la felicidad, porque hemos transitado por la tristeza.  No hay manera de evadir lo malo, ni de perpetuar lo bueno, todo en la vida es cíclico, tampoco hay fracasos, siempre obtenemos resultados, a veces obtenemos los resultados esperados, y en otras ocasiones se producen resultados que no queríamos. Ganar o perder, se convierte en ganar o aprender cuando comenzamos a valorar y a agradecer el aprendizaje que nos dejan los resultados inesperados.  Un videojuego llamado vida ¿No es acaso la vida una especie de videojuego en donde vamos superando etapas? Cada reto superado nos desbloquea nuevos superpoderes, así que con el tiempo las cosas no se vuelven más fáciles, sino que nosotros nos hacemos más fuertes. Hacer o no hacer, evadir o confrontar Hay cosas que parecen contradicciones, como por ejemplo, confrontar o ignorar algo. ¿Cómo saber cuando confrontar algo para resolverlo o cuando ignorarlos para que se desvanezca? Desde el punto de vista de la energía, donde está nuestra atención allí está nuestra energía. Y en muchos casos, ignorar la situación hará que se desvanezca. Pero hay cosas que no van a desaparecer solo por ignorarlas, los platos sucios por ejemplo. Es siempre un tema de sentido común, que lo llaman el menos común de los sentidos. Hay situaciones en las que, lo que debemos hacer, es no hacer nada, me ha pasado un montón de veces, y para personas hacedoras como yo, que me encanta hablarlo todo y confrontar a los involucrados, es difícil dejar de hacer. Hay otras situaciones en donde definitivamente nos tenemos que activar, poner acción, y ser muy intencionales para que todo salga bien, sean relaciones o negocios. Las posiciones firmes y rígidas no funcionan para todo, y con todos, la flexibilidad en la vida nos da más opciones, y nos permite corregir el camino si éste acaso ha dejado de funcionar. Recuerda el regalo divino que hemos recibido, «libre albedrío», cambiar de opinión no solo es posible, sino en ocasiones, una necesidad.

La libertad de decir que no

Ejercer la libertad de decir que no realmente es fundamental para avanzar en la vida y enfocarnos en lo relevante para nosotros. Hace días atrás leí algo sobre la relación entre el éxito y decir que “no”. Ese mismo día escuché en un podcast una pregunta ¿qué toman las personas felices? y la respuesta no fue agua, ni vino, fue «decisiones». Así que hoy te quiero regalar la reflexión que estos dos insights despertaron en mí. ¿Por qué habría de tener relación con el éxito las veces que digo no? Inmediatamente recordé los encuentros que tuve con personas con quienes deseé profundamente que cancelaran la cita o el compartir. ¿Por qué simplemente no les dije no? o ¿por qué no las cancelé yo? También puedo recordar los favores que hice cuando en realidad no quería hacerlos, o el agotamiento mental que tuve tratando de encontrar una excusa relevante para retractarme del compromiso. También sumé mentalmente el dinero que he perdido por asociarme con malas personas o por no haber dicho un rotundo “no” a tiempo. El dinero que he perdido sin duda alguna lo puedo recuperar, pero ¿pasa lo mismo con mi tiempo y mi energía? lamentablemente no.  Ni el tiempo ni la energía invertido en algo o alguien lo podemos recuperar. Libertad para decir que no es tener libertad para vivir A veces vivimos para complacer, para ceder, para quedar bien, y esa simple y liberadora palabra de dos letras, “no”, la decimos tan poco a lo largo de nuestras vidas, que casi se nos olvida el derecho que tenemos de hacerlo.  Un “no” te puede evitar desde la pérdida de un dinero (lo menos malo de todo), hasta un padre terrible para tus hijos, porque como leí en un post hace poco “el padre de tus hijos no es el hombre de tu vida, es el hombre de la vida de ellos”. No es cualquier cosa echarle ese vainón a nuestros hijos, un mal padre, y hasta esta hecatombe, se puede evitar con un simple y oportuno “no”. Pasemos a un nivel más elevado, al que yo personalmente quiero llegar, el “no sin argumento ni justificación”.  Veamos un ejemplo “Thamara, ¿quieres ir al cine?” (hasta la pregunta me facilita la soñada respuesta), “No gracias, no quiero”. ¿Por qué debo decir mentiras o agotarme pensando en excusas si en realidad simplemente no quiero? ¿Por qué debo decir que me duele la cabeza?, por ejemplo.  La mayoría de las veces en las que no quiero salir, la realidad es que prefiero mi sofá para ver algo en Netflix o mi oficina para escribir. En mi país, si yo digo eso, la inexorable respuesta de quien me está invitando sería “no seas pajúa vale”. Y aunque de cierto modo me halaga y me alegra que deseen mi compañía, la verdad es que sigo prefiriendo, en la inmensa mayoría de los casos, a mi sofá. Decir que “no” es libertad, es expansión, es tiempo para lo que te gusta, es cuidar tu energía, es hacer de ti, tu prioridad.  Además, se supone que tus amigos te estiman lo suficiente como para respetar que no quieras salir sin que eso signifique una problema en la relación. Si llevamos esto a niveles, digamos que ya superé el nivel 1, hoy digo que no, pero inventándome excusas, ahora voy por la conquista del segundo nivel, un “no” honesto y sin pretextos, voy por un “no quiero” a secas.  La gente feliz toma decisiones Decir no, también tiene relación con la felicidad, y con la pregunta que te compartí al inicio “¿qué toman las personas felices?, no, no es agua, o café, aunque ambas me encantan, las personas felices toman DECISIONES. Y, ¿acaso decir que no, no es una decisión?, exacto, todo esto tiene relación y por eso ambos planteamientos se me hicieron hermosos de concatenar en un solo artículo, que te regalo, y que me regalo como un recordatorio de vida.  La vida podría resumirse en dos cosas: relaciones y decisiones. Hay relaciones que no se escogen, padres, hermanos, familiares, compañeros de trabajo y vecinos. Pero nos quedan tres grandes oportunidades en la vida para ejercer las decisiones en materia de relaciones.  Podemos elegir a nuestras amistades, a nuestros socios de negocio, y lo más importante, a nuestras parejas en el amor.  Hay una frase que dice “quien no acierta en el casar, no acierta en nada”, y aunque no estoy totalmente de acuerdo, porque no es taxativo que nuestra vida se fue por el barranco por una mala elección en el amor, porque para eso están las separaciones y los divorcios, ciertamente se pasa por un túnel muy oscuro cuando erramos al escoger a nuestros compañeros en el amor.  Esto comenzó con una invitación a decir que “no”, y volvemos al mismo punto, si cuando te encuentres en la víspera de tu matrimonio, sientes más susto que felicidad, más vale que te arrepientas a tiempo, y, si acaso eres de valentía tardía, te sugiero caminar hacia al altar con unas cómodas converses, mucha gente se casa con zapatos de goma, nadie sospechará que es un plan alternativo en caso de que quieras salir corriendo antes del “sí, te acepto”. Esto me hace recordar una vez que una de mis mejores amigas me llamó 2 días antes de su matrimonio y me dijo “Ay Thamy, ¿será que sí me caso? Les juro que es la única vez en mi vida, que he sentido de manera tan contundente, que la pregunta se respondía sola. Le dije “cariño, esa pregunta se responde sola, y tan solo tiene una respuesta, NO” Ajá, duró 10 meses, no podría ser de otra manera. Si aprendemos a decir que no, y a cuando decirlo, me atrevo a asegurar que estamos minimizando  la necesidad de tomar decisiones más complejas en el futuro.  “No” es una palabra hermosa y liberadora, evita toda clase de males, te regala libertad, tiempo y energía, y no, no es egoísta, si tienes un entorno acostumbrado a… Seguir leyendo La libertad de decir que no

Mis 52 años y un viaje con una sonrisa de primera clase

Siendo amada por mi hijo, gracias Dios.

Esta historia comienzo a escribirla el día de mi cumpleaños 52, el 14 de Noviembre 2023, a bordo de un vuelo con destino a la ciudad de Miami. Cuando abordé el avión lo primero que vi fue una gran sonrisa que me dio la bienvenida, luego supe que se llamaba Mario.  Abordé ese vuelo inmensamente feliz, me parecía mentira que en pocas horas vería a mi hijo, y al subir al avión me encontré un tripulante con una hermosa sonrisa y le digo “estoy cumpliendo años, ¿me quieres obsequiar un asiento en primera clase por mi cumpleaños? El se ríe y me dice “está un poco difícil, pero déjame ver que puedo hacer”. Yo como siempre, soy de las que prefiere pedir perdón, que pedir permiso. Así que al menos lo intenté. El avión estaba full, no sé cómo pasó pero estuve sola durante todo el vuelo en una fila de tres asientos solo para mí, eran los únicos dos asientos libres en todo el avión. Mario, el tripulante del vuelo, me trajo champagne, un ponqué de arequipe (como si supiera que es mi favorito), y una rica cena caliente (no es cualquier cosa una cena caliente en un vuelo). Como si fuera poco, estaba yo distraída y feliz, cuando oigo mi nombre por el altavoz, Mario me estaba felicitando por mi cumpleaños. Yo quisiera haber grabado eso, pero fue sorpresa. En Miami me espera mi hijo, quien me invitó a pasar  mi cumpleaños y la Navidad con él.  El día que mi hijo me llamó para decirme que me tenía esta sorpresa, lloré muchísimo de felicidad, y por sentir que este era un regalo de Dios también para mí.  Hace 4 años, cuando estuve por última vez en Miami, mis días no fueron tan felices ni afortunados la verdad, así que pude ver la mano de Dios en la invitación de mi hijo. Hoy recuerdo esto solo para agradecer este regreso tan lleno de amor y sin duda tan diferente en todo sentido.  Hoy hago menos planes, y disfruto más las cosas, como vengan y de quien vengan, hago lo que propone Joe Dispenza, vivo la emoción antes que la experiencia. Una especie de felicidad cobrada por anticipado. Y puedo celebrar por anticipado por dos razones, soy la hija de Dios, y porque me lo merezco. Haber pasado tres semanas en mi casa celebrando mi encuentro con mi hijo en Miami, antes de que ocurriera, no solo facilitó su manifestación, sino que prolongó mi gozo. Así que creo que vale la alegría comenzar a celebrar por anticipado, pura ganancia. Esas tres semanas previas al viaje, hablé a diario con la oficina celestial (otro día les hablo del libro pon el cielo a trabajar) para contratar el mejor asistente de viajes, y al mejor oficial de migración para que me diera la bienvenida a Estados Unidos. Bueno, la oficina celestial hizo su trabajo, el oficial me hizo solo 3 preguntas: ¿hasta cuando estará en los Estados Unidos?, ¿cuanto efectivo trae? y ¿qué hace Ud en Venezuela? siempre con una sonrisa. No conforme con su amabilidad, cuando le digo que soy escritora, veo que entre a google en su computadora y me dice «ah, tiene un evento del libro en down town hasta el 19 de Noviembre para que vaya si quiere». Fue una manera más que cordial para decirme «Bienvenida a Estados Unidos». Mis 52 años comenzaron en un vuelo con una sonrisa que vale más que un asiento en primera clase, sí, la de Mario Blanco el tripulante de la aerolínea Copa, luego me topé con un amable oficial de migración, y posteriormente me encontré con mi familia, tenía años que no celebraba un cumpleaños en familia. Estar con mi hijo, verlo, besarlo y abrazarlo todos los días, es un milagro que estoy disfrutando minuto a minuto. Lo hago devolverse cuando sale de casa sin darme un beso, y sin recibir mi bendición. No, no importa que tenga 29 años. Mis 52 años arrancaron de lujo, mejor de lo que soñé, y la verdad no planeé nada, solo dije “Papá, sorpréndeme” y la magia ocurrió. A veces lo que debemos hacer, es no hacer nada. A veces recibir desde la quietud, la serenidad y la confianza las bendiciones que Dios tiene para nuestras vidas, es lo único que tenemos que hacer.    Felices 52 años para mí, la vida apenas comienza. Gracias Mario por haber hecho ese vuelo tan especial para mí, las personas como tú hacen toda la diferencia en cualquier circunstancia de la vida, para mí es super importante y especial recibir muestras de cariño y detalles en mi cumpleaños, y tú, sin conocerme, me hiciste sentir muy especial. Te amo Dios, mi papito amoroso y perfecto, gracias por todo tu amor y tu cuidado, permíteme crecer en mi Fe y cada día acercarme más a ti y transitar en tus planes. 

Una noche venezolana en Miami

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Al día de hoy, casi al final del 2023, es poco lo que se puede extrañar de Venezuela en Miami, nos hemos adueñado casi de todas las esquinas de esta ciudad hermosa, multicultural, complicada, y de un clima aún más loco que su tráfico. Hemos incluso arrinconado al idioma, y en cada lugar de la ciudad, se habla español. La última vez que vine, año 2019, había que esforzarse por conseguir un chocolate carré, hoy, Noviembre 2023, fue lo primero que vi al entrar a la cadena CVS. Es solo una simple mención, pero un gran reflejo de lo que es ver tu cultura y tus gustos en cada lugar de Miami, empanadas, harina pan, cachitos, y hasta hallacas listas en los mostradores. Aquí podemos comer como en casa, bueno, a excepción del queso blanco, con el queso sí que estamos jodidos los venezolanos aquí, no hay manera de encontrar un buen queso blanco en esta ciudad ni en este país, el que logre fabricarlo y venderlo, la pega del techo porque tendrá a todo el gentilicio venezolano de cliente.  Nuestra gastronomía nos mantiene en casa La gastronomía de un lugar es como una cobija de tu tierra, uno siente el sazón de la madre en otras tierras y te sientes en casa, bueno, no en mi caso, mi madre no cocina y yo heredé ese mal gusto, así que mis dos hijos, hoy fuera de tierras venezolanas, extrañan mis abrazos pero no mi sazón. Y sí, la comidita de casa te mantiene cerca de tus afectos, pero la gente, la gente es la que realmente hace de una casa un hogar, y de una parrilla o compartir, un desmadre venezolano en donde luego de estrechar la mano y un “mucho gusto”, ya de ahí en adelante olvídate del decoro, la distancia o la categoría.  Así somos en Venezuela Hace 2 días estuve en una reunión venezolana en Miami, y tal como te cuento en el párrafo anterior, a uno no le da tiempo de pasar por la prudencia o la distancia, es cuestión de minutos caer incluso en intimidades sexuales como quien habla con tu mejor amiga de toda la vida.  Ya no se habla, se grita a ver quien corre con la suerte de sobresalir en decibeles sobre el resto y poder echar tu cuento.  En ese desmadre de confianza precoz caemos todos, de todas las edades, ¿respeto? en nuestros términos, se respeta tuteando, chalequeando (bullying como dice la gente fina), y sacándole los trapitos a la gente. Aquí en estos encuentros venezolanos, el que se arreche (no en jerga colombiana, sino en jerga venezolana que significa molestarse en grado superlativo) pierde, olvídate de que van a dejar de joder si te molestas, te tendrás que ir, en cuyo caso les habrás dado el motivo de cagarse de la risa por el resto de la noche.  En estos desmadres venezolanos hay risas, improperios, imprudencias y mucha pero mucha calidez, uno llega saludando con la mano con el poquito decoro que nos queda como gentilicio, y se va apretando y besando a la gente como si la conociera de toda la vida.  A mi me encanta mi gente, con palabrotas, bien confianzudos, gritones, inapropiados, genuinos y muy reales, cuando vemos un gordo le decimos “coño vale, ¿estás reteniendo líquido marico?”, entre gringos la frase equivalente sería “omg, you look amazing!”, por eso aquí hay tanto gordo, porque nadie les dice que están gordos.  Este artículo lo dedico a la familia Alonso, quién hace 3 días me hizo sentir en casa, con bollos, ensalada de gallina y pernil incluido, me sentí en casa por la comida, y en casa por los abrazos y las risas. Amo mi gentilicio alborotado, que se siente donde llega, aquí estamos en Miami los cubanos y los venezolanos coexistiendo y viendo a ver quienes somos más escandalosos, ellos nos ganan en número, por ahora, porque llegaron primero, pero en la periquera (bulla, gente que habla alto, aclaro por si acaso estableces otra asociación inapropiada), creo que estamos tablas.  Emigrar no es fácil, pero si tienes quien cocine tu comida favorita, y quien te abrace fuera de tu tierra, sin duda se diluyen las añoranzas para dar paso a la gratitud de tener un nuevo hogar. Al final, el hogar es donde está el corazón, y yo en esta navidad, aunque estoy fuera de mi casa, estoy en mi hogar estando en Miami, porque los brazos de mi hijo siempre serán mi hogar. 

El camino más fácil hacia la felicidad, es la felicidad intencional

¿Quieres ser feliz? seguramente respondiste que sí. Pero así como para ser ingeniero, no basta con las ganas, para ser feliz tampoco. Acompáñame a descubrir el camino más fácil hacia la felicidad, la felicidad intencional. Hay algo que nadie dice, o al menos yo no lo he oído ni leído, y es cómo se construye la felicidad intencionalmente, desde mi ser. Desde cosas como poner la mente a tu servicio, que no sea tu ama, sino tu sierva. La mente es caótica, tenemos que dominarla o de lo contrario te volverá la vida un perenne caos. El mundo real siempre es más benevolente que el mundo mental, esta frase ya nos dice mucho. Vamos a aterrizar las ideas, porque en tu mente podrías estar pensando que necesitas dinero, determinado trabajo, ciertas personas a tu lado, un cuerpo de tal forma, etc. Y sí, el dinero es una poderosa herramienta y un recurso maravilloso que nos da opciones, el trabajo de nuestros sueños es un privilegio que debemos agradecer, un cuerpo sano y hermoso nos hace la vida más fácil, y tener buenas relaciones es una inmensa bendición. Ahora, que pensemos que para ser feliz necesitamos esas cosas, es exactamente lo opuesto, ser felices nos hará manifestar todo aquello que deseamos. Eso lo llama el Dr Joe Dispenza, la emoción antes que la experiencia, y es que no hay ninguna razón para posponer la emoción o felicidad que algo nos produciría si ya estamos seguros de que lo vamos a lograr u obtener. Solo hay una sola cosa que debo tener antes, para que construir la felicidad sea más fácil, y es salud plena. Estoy escribiendo un ebook que se llama sanación plena y felicidad intencional. En Abril de este 2024 ya estará publicado. Porque se me hizo muy difícil imaginar a alguien que no tiene salud intentando ser feliz. Aunque debo decir, que cuando me diagnosticaron el cáncer, sentí la felicidad de la sanación antes de verla manifestada en mi vida, ese momento de mi vida es mágico e inexplicable, así que no puedo suponer que a todas las personas se les hará igual de fácil manifestar su salud. Quiero destacar que todos tenemos la misma capacidad de autosanación, solo que algunos hemos despertado ante esa realidad y otros no, por eso quiero facilitar ese camino con mi nuevo libro, en base a mi experiencia personal, y a todo lo que he aprendido todos estos años. Claro, te puedo decir que en mi experiencia personal, y durante el momento más elevado de mi existencia, fui feliz antes de sanar del cáncer, pero juro que hasta hoy no sé muy bien cómo lo logré.  En el momento que descubra los detalles para lograrlo, y construir una información que puedan replicar, se los diré sin duda alguna. La coherencia me parece fundamental para tener credibilidad, yo no te puedo enseñar cómo llegar a lugares a donde aún yo no he llegado, pero sí te puedo compartir mi experiencia de cómo sané de un cáncer milagrosamente, y cómo ser fundamentalmente feliz. Sané de un cáncer sin intervención humana, no tomé ningún medicamento, ni me sometí a ningún tratamiento médico, y he logrado ser feliz estructuralmente, es decir, que la mayoría del tiempo lo soy. Por supuesto que hay coyunturas en donde no me siento feliz ni conforme con lo que está pasando. Pero con prontitud regreso al gozo que construyo de manera intencional.  No te voy a decir todo lo que hago, pero te diré lo que hago todos los días, al final lo que hace la diferencia es lo que hacemos repetidas veces. Diariamente: Conviértete en un paranóico inverso, en lugar de esperar siempre lo malo y lo peor, espera siempre lo mejor, es la misma inversión de tiempo y energía. Recuerda la frase que dijo Henry Ford “tanto si crees que puedes, como si crees que no, en ambos casos estás en lo correcto”.

La tarea de ser feliz

La felicidad es la prioridad en la vida

Ser feliz es una prioridad tardía en la vida, en la infancia parece más importante el trinomio cuadrado perfecto, sacar la nota sobre la nota en el colegio, y unos diplomas que luego no sirven sino para darnos remordimiento cuando los botamos. ¿Alguien habrá utilizado alguna vez en su vida el trinomio cuadrado perfecto que nos enseñaron en el colegio? Si volviera a ser niña, y un adulto me preguntara «Thamara, ¿qué serás cuando seas grande?», no trataría de darle una respuesta interesante ni original, con una carrera muy genial y única, simplemente le diría «SER FELIZ«. O mejor aún, respondería como el niño más genial que conozco, se llama Adrián Ignacio, quien con tres años, ante esa pregunta respondió «será que voy a estudiar, porque yo ya soy Adrián», aplaudo de pie a este niño que tiene una claridad que muchos adultos aún no tienen. La sociedad pareciera estar diseñada para ignorar la verdadera prioridad de la vida, SER FELIZ, ¿qué nos preguntan siempre nuestros padres, amigos y familiares? ¿Cuándo te casas?, ¿qué vas a estudiar?, ¿cuándo tendrás hijos?, y si ya tienes el varón ¿para cuando la hembrita?, ¡carajo dejen vivir! Yo, desde que mis hijos son adultos, la primera pregunta que les hago es ¿eres feliz?, ¿estás feliz en donde estás?, ¿estás haciendo lo que quieres hacer?, ¿quieres que ore por algo? A veces lo que tuvimos en nuestra infancia es nuestro punto de partida, a veces es nuestra referencia para no repetir ese modelo, lo que no se vale es decir «es que a mí me criaron así», e ir a repetir algo que bien sabes que no funciona. En una ocasión mi hija de tan solo 5 meses lloraba mucho, y su papá la cargaba y perdió la paciencia y le dio una nalgada. Yo no había sentido tanta ira e indignación en mi vida hasta ese instante. Me le fui encima y le grité reclamándole que qué carajo le pasaba, que nuestra hija tenía 5 meses. La conversación pasó del acaloramiento a la sensibilidad, y la vulnerabilidad, lugares desde los cuales es realmente imposible no conectar con el otro ser humano. Ya yo calmada, y el que era mi esposo más tranquilo, llega al punto de decirme «es que yo nunca vi a mis padres darse un beso, mi papá nunca nos abrazó». Claro, estoy resumiendo horas de conversación, solo estoy dando el punto de partida, y casi el final. En ese momento que él me dice esto yo le dije «mi amor, nosotros estamos haciendo una nueva familia, y aquí, lo bueno que traemos de nuestra crianza se queda, pero lo malo se va, y tú a nuestra hija sí la vas a besar, la vas a abrazar y le dirás que la amas». Esa noche, no solo ayudé a que mi hija tuviera un mejor papá, sino a que mi hijo también lo tuviera, y sus otros 5 hijos también. Hoy el padre de mis hijos, con sus 7 hijos, es un padre amoroso, y seguramente algo tuvo que ver esa conversación que tuvimos esa noche cuando mi hija tenía 5 meses y él tenía 23 años. Yo tenía apenas 19 años en aquel entonces, esto no fue algo que leí, ni que escuché en un podcast (no existían hace 33 años), fue algo intuitivo, algo que me dijo que no era imperativo repetir los modelos y nuestras crianzas con nuestros hijos. Pero sé que a algunos padres no se les hace tan fácil entender eso, e incluso si lo entienden, les cuesta implementarlo. Un lienzo en blanco Nuestros hijos son un hermoso regalo de Dios, un lienzo en blanco sobre el cual pintar una obra de arte llena de risas, y libre de dramas, no nos deben nada, no pidieron venir al mundo, no vienen a cumplir tus sueños, traen los suyos propios. Tengo una nieta de 10 meses, se llama Kira, es luz, amor, ternura, risas y gratitud en mi vida, siempre quise tener una nieta, una hija de mi hija, y Dios como siempre cumple los anhelos profundos y reales de mi corazón (siempre y cuando vengan de él o sean para mi bien). Si con mis hijos tuve cierta claridad en el camino, con mi nieta espero que valgan mis 33 años de experiencia como madre, además de este amor inédito, robusto y estremecedor que siento por mi Kira. No hay espacio de vida más retador que la maternidad, pero al mismo tiempo no hay espacio que nos haga más fácil transmutar ausencias en presencias, descuidos en amor, que el amor que sentimos por nuestros hijos. Mis hijos, y ahora mi nieta, tienen y siempre tendrán de mí, mi lado más puro, más noble, más amoroso y rutilante. Ellos son las tres personas en el mundo, a las que mi imperfección casi casi no los toca. Tengo un nuevo lienzo en blanco en vida, una muy especial, una nueva oportunidad de aportarle felicidad a un ser humano dentro de su entorno significativo de apegos seguros. Alguien a quien decirle a diario «eres hermosa, noble, saludable, perfecta, suficiente, inteligente, capaz, poderosa, única, amada, respetada, valorada, y una niña MUY FELIZ». No le preguntaré a Kira ¿cuánto sacaste en Matemáticas?, o ¿qué serás cuando crezcas?, le preguntaré ¿eres feliz?, ¿quieres dibujar?, ¿qué te gustaría leer?, ¿qué te asusta?, ¿me quieres dar un abrazo? Le diré ¿quieres ir a tocar el timbre de los vecinos y salir corriendo?, mi yerno ya conoce mis planes, y está preparado para recibir las quejas de sus vecinos británicos, de las tremenduras de su hija con su suegra. Si como madre me propuse criar hijos felices, como abuela pienso hacerlo doblemente mejor. La próxima vez que tu hijo llegue con una mala nota en matemática del colegio, sorpréndelo con una sonrisa, quizás vaya a ser veterinario y las vacas no saben matemáticas. Además, lo distintivo en el mercado laboral actual son las competencias blandas: inteligencia emocional, comunicación asertiva, inteligencia relacional, toma de decisiones, capacidad… Seguir leyendo La tarea de ser feliz

Más nos vale sanar

Somos un barco adulto siendo capitaneado por un niño de 7 años, por nuestro niño interno de 7 años, un niño que trae una pesada mochila de creencias familiares y limitantes. Así que más nos vale sanar. Sanar no debería ser una opción, sino mandatorio, opcional puede ser el camino, el proceso, y cuando emprenderlo, aunque yo diría que cuanto antes mejor.  Los neurocientíficos dicen que el 95% de nuestras decisiones son inconscientes, así que nos queda un modesto 5% para tomar decisiones conscientes, pareciera una buena idea hacer un buen uso de ese pequeño porcentaje.  Me encantaría decirte que esto también lo escribo desde la experiencia, pero en realidad lo escribo desde el deseo, y desde mi compromiso eterno de crecer y mejorar, este proceso siempre tiene un inicio, pero nunca tiene un final. Y es que sanar es un verbo que solo se vive en gerundio, sí, vivimos “sanando”, y ya vivir en el proceso es algo que muchos ni siquiera intentan. Así que si ya lo emprendiste, te abrazo y te felicito. En los últimos días me han sido reveladas varias creencias limitantes en cuanto al amor. Fue un momento mágico y poderoso, estaba lavando los platos y grité ¿qué qué? La verdad no estoy muy segura de querer contar esto con detalles, pero mi compromiso con la honestidad y con mis letras genuinas es algo que me fascina mantener contigo.  Sanando desde la creencia Aquí voy, resulta que vengo de un hogar en donde mi mamá era la que trabajaba, y le daba dinero a mi papá, quien era ciego y no trabajaba. Ella le tenía su “mesada” y a mí eso me parecía un desmadre, por decir lo menos.  Siempre odié esa imagen de mi mamá dándole dinero a mi papá, y a pesar de que yo conscientemente valoro y deseo la provisión de un hombre, mi inconsciente me dice “los hombres son una carga, y hay que darles dinero”. En mi mente consciente está el deseo de una pareja proveedora, no por un tema de interés, porque llevo años demostrándome que puedo sola, es por un tema de esencia femenina, de mis necesidades primarias que son las necesidades primarias de todas las mujeres: amor, protección y provisión. Recuerden lo que les dije, que el 95% de nuestras decisiones son inconscientes, y esa mente que se manda sola, me ha tenido con parejas que no han sido en lo absoluto proveedores, en el mejor de los casos atentos, pero mis gastos seguían siendo sufragados por mí al 100%. Haré una pausa por amor y gratitud, al día de hoy tengo un hombre que me cuida, me provee de todo y vela por mí, a ese hombre lo parí hace casi 29 años, mi Eduardo Luis. Siempre digo que mi hijo es el único hombre que me lo da todo. La independencia es muy sabrosa, me hace sentir cómoda conmigo, segura y en control de mi calidad de vida, pero desde mi experiencia personal, y lo que he visto en mujeres de mi familia, y amistades, ser provistas es algo que todas las mujeres anhelamos. Estas son cosas que duelen o incomodan decirlas, y hasta pensarlas o escribirlas, pero creo que esto es parte del camino para sanar, amar y abrazar a mi niña interior. Entonces volvamos a la revelación, mi voz en mi mente me dijo “para ti los hombres son alguien a quien hay que darles dinero”, y yo dije ¿qué qué?, no no no, ¡rompo esta creencia ya!  Es decir, para mí toda la vida, los hombres han representado una carga, razón por la cual, mejor es no tenerlos. Así que yo conscientemente quiero volverme a casar, pero mis creencias me han dicho toda la vida “mejor no Thamara, solita te ves más bonita”. ¡Ahora todo tiene sentido! Esto no lo sabe casi nadie, pero me casé por segunda vez y a los 30 días le dije que me había arrepentido, ¿sí ven que ahora todo tiene sentido? Mi mente subconsciente ha estado peleando toda mi vida con mi mente consciente, ha estado saboteando toda mi vida mis planes amorosos, al extremo que me divorcié 30 días después de casarme por segunda vez. Qué maravilla habría sido escuchar esa voz hace 25 o 30 años, y emprender el camino a la sanación. Seguramente estaría felizmente casada hoy. La soltería para mí ha sido completamente disfrutable, tanto que muchas veces me cuestiono si no estaré más feliz viviendo sola que construyendo una relación con todo lo que eso implica. Pero sé, que parte de la evolución como seres humanos, de la plenitud y de la expansión de nuestro ser, descansa en el hecho de tener una saludable relación de pareja, y yo quiero vivir eso porque no lo he vivido. En mi primer matrimonio hubo mucho amor y lo bendigo porque de allí nacieron mis dos hijos, pero no puedo tomar eso como una referencia de la relación amorosa sana y funcional que deseo y merezco tener. Nunca la frase «solo el amor no basta», tuvo más sentido para mí que en mi primer matrimonio. ¿Quieres ver cómo se marchita un hombre?, dile que no sirve para nada, ignóralo a la hora de tomar decisiones, fáltale el respeto, y hazle sentir que no lo necesites para nada. ¿Quieres ver como se marchita una mujer?, déjala sola en todo, no tengas detalles con ella, jamás le digas palabras bonitas. Abrazar nuestra esencia, saber lo que realmente necesitamos para estar plenos y felices, es tremendo punto de partida. Negarnos, en mi caso decir «yo puedo sola con todo, no necesito que nadie me ayude», por ejemplo, es negarme a mí, y mentirle al otro. Es absolutamente relevante el tema de las creencias limitantes, porque de manera consciente podemos creer que sabemos lo que queremos, pero si mi voz interior me sigue diciendo “sal corriendo Thamara, o haz algo para que salgan corriendo, los hombres son una carga”, no habrá príncipe soñado que permanezca en mi… Seguir leyendo Más nos vale sanar

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