Thamara López | Escritora

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La libertad de decir que no

Ejercer la libertad de decir que no realmente es fundamental para avanzar en la vida y enfocarnos en lo relevante para nosotros. Hace días atrás leí algo sobre la relación entre el éxito y decir que “no”.

Ese mismo día escuché en un podcast una pregunta ¿qué toman las personas felices? y la respuesta no fue agua, ni vino, fue «decisiones».

Así que hoy te quiero regalar la reflexión que estos dos insights despertaron en mí.

¿Por qué habría de tener relación con el éxito las veces que digo no?

Inmediatamente recordé los encuentros que tuve con personas con quienes deseé profundamente que cancelaran la cita o el compartir.

¿Por qué simplemente no les dije no? o ¿por qué no las cancelé yo?

También puedo recordar los favores que hice cuando en realidad no quería hacerlos, o el agotamiento mental que tuve tratando de encontrar una excusa relevante para retractarme del compromiso.

También sumé mentalmente el dinero que he perdido por asociarme con malas personas o por no haber dicho un rotundo “no” a tiempo.

El dinero que he perdido sin duda alguna lo puedo recuperar, pero ¿pasa lo mismo con mi tiempo y mi energía? lamentablemente no. 

Ni el tiempo ni la energía invertido en algo o alguien lo podemos recuperar.

Libertad para decir que no es tener libertad para vivir

A veces vivimos para complacer, para ceder, para quedar bien, y esa simple y liberadora palabra de dos letras, “no”, la decimos tan poco a lo largo de nuestras vidas, que casi se nos olvida el derecho que tenemos de hacerlo. 

Un “no” te puede evitar desde la pérdida de un dinero (lo menos malo de todo), hasta un padre terrible para tus hijos, porque como leí en un post hace poco “el padre de tus hijos no es el hombre de tu vida, es el hombre de la vida de ellos”.

No es cualquier cosa echarle ese vainón a nuestros hijos, un mal padre, y hasta esta hecatombe, se puede evitar con un simple y oportuno “no”.

Pasemos a un nivel más elevado, al que yo personalmente quiero llegar, el “no sin argumento ni justificación”. 

Veamos un ejemplo “Thamara, ¿quieres ir al cine?” (hasta la pregunta me facilita la soñada respuesta), “No gracias, no quiero”.

¿Por qué debo decir mentiras o agotarme pensando en excusas si en realidad simplemente no quiero?

¿Por qué debo decir que me duele la cabeza?, por ejemplo. 

La mayoría de las veces en las que no quiero salir, la realidad es que prefiero mi sofá para ver algo en Netflix o mi oficina para escribir.

En mi país, si yo digo eso, la inexorable respuesta de quien me está invitando sería “no seas pajúa vale”. Y aunque de cierto modo me halaga y me alegra que deseen mi compañía, la verdad es que sigo prefiriendo, en la inmensa mayoría de los casos, a mi sofá.

Decir que “no” es libertad, es expansión, es tiempo para lo que te gusta, es cuidar tu energía, es hacer de ti, tu prioridad. 

Además, se supone que tus amigos te estiman lo suficiente como para respetar que no quieras salir sin que eso signifique una problema en la relación.

Si llevamos esto a niveles, digamos que ya superé el nivel 1, hoy digo que no, pero inventándome excusas, ahora voy por la conquista del segundo nivel, un “no” honesto y sin pretextos, voy por un “no quiero” a secas. 

La gente feliz toma decisiones

Decir no, también tiene relación con la felicidad, y con la pregunta que te compartí al inicio “¿qué toman las personas felices?, no, no es agua, o café, aunque ambas me encantan, las personas felices toman DECISIONES.

Y, ¿acaso decir que no, no es una decisión?, exacto, todo esto tiene relación y por eso ambos planteamientos se me hicieron hermosos de concatenar en un solo artículo, que te regalo, y que me regalo como un recordatorio de vida. 

La vida podría resumirse en dos cosas: relaciones y decisiones. Hay relaciones que no se escogen, padres, hermanos, familiares, compañeros de trabajo y vecinos. Pero nos quedan tres grandes oportunidades en la vida para ejercer las decisiones en materia de relaciones. 

Podemos elegir a nuestras amistades, a nuestros socios de negocio, y lo más importante, a nuestras parejas en el amor. 

Hay una frase que dice “quien no acierta en el casar, no acierta en nada”, y aunque no estoy totalmente de acuerdo, porque no es taxativo que nuestra vida se fue por el barranco por una mala elección en el amor, porque para eso están las separaciones y los divorcios, ciertamente se pasa por un túnel muy oscuro cuando erramos al escoger a nuestros compañeros en el amor. 

Esto comenzó con una invitación a decir que “no”, y volvemos al mismo punto, si cuando te encuentres en la víspera de tu matrimonio, sientes más susto que felicidad, más vale que te arrepientas a tiempo, y, si acaso eres de valentía tardía, te sugiero caminar hacia al altar con unas cómodas converses, mucha gente se casa con zapatos de goma, nadie sospechará que es un plan alternativo en caso de que quieras salir corriendo antes del “sí, te acepto”.

Esto me hace recordar una vez que una de mis mejores amigas me llamó 2 días antes de su matrimonio y me dijo “Ay Thamy, ¿será que sí me caso?

Les juro que es la única vez en mi vida, que he sentido de manera tan contundente, que la pregunta se respondía sola. Le dije “cariño, esa pregunta se responde sola, y tan solo tiene una respuesta, NO”

Ajá, duró 10 meses, no podría ser de otra manera.

Si aprendemos a decir que no, y a cuando decirlo, me atrevo a asegurar que estamos minimizando  la necesidad de tomar decisiones más complejas en el futuro. 

“No” es una palabra hermosa y liberadora, evita toda clase de males, te regala libertad, tiempo y energía, y no, no es egoísta, si tienes un entorno acostumbrado a que tú nunca dices que “no”, te propongo acercarte a ellos, mirándolos a los ojos, extendiendo tu mano derecha y diciéndoles “mucho gusto, te presento a mi nuevo yo”.

1 comentario

  1. Pero que malos somos para decir que no,osea escusas muchas , pero un no jamás , yo nose si es casualidad, pero es como tú mencionas, que le rogamos a Dios que pase algo para no asistir a ese lugar , que se vaya la luz jajaja , que digo Dios mío, pero un no , No somos capaces , entonces se convierte como algo normal en nuestras vidas , aceptamos y luego decimos me duele la cabeza , la vaina se vuelve costumbre … Y cuando uno se atreve a decir que no , entonces viene el sentimiento de culpa , que pena fuera ido, cosas así por el estilo, uno se hace como un compromiso absurdo, es como cuando te ofrecen algo de comer , pero no te gusta , pero por educación lo recibes y te lo comes ( te cayó mal ) y dices no me lo fuera comido jajaja lo fuera pedido para llevar …

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