Thamara López | Escritora

¡No estás sola, estás desocupada! no hay mejor compañía que una vida con propósito

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Cuando las mujeres seremos nuestra prioridad? Porqué llegar al agotamiento? Un sereno café al día podría bastar para no estallar.

La escritura como terapia y sanación

Thamara escribiendo frente al mar

Una de las recomendaciones en tiempos de crisis, agobio o angustia, es escribir nuestras emociones, la escritura como terapia y sanación es un recurso del cual todos podemos disponer y en cualquier momento. Las letras no juzgan, no se quejan, no bostezan cuando les estás contando una larga historia que podría ser aburrida para muchos. Quizás no necesitas cambiar, solo necesitas drenar. Fluir en letras es terapéutico y sanador,  liberador y seguro. Las líneas siempre se pueden borrar, podemos retroceder y corregir historias. La vida también debería poder funcionar así. Decantar en letras la efervescencia de un encuentro, de una emoción, de unas palabras, puede incluso salvar una relación. ¿Quiénes podemos hacer uso de la escritura terapéutica? No es de pocos el privilegio de escribir, bastan tus manos, tus ideas, tu corazón, tus temores, un cuaderno y un lápiz. Ahora a tu corazón se le pasan las páginas, tus ideas están en orden aunque quizás las letras luzcan desordenadas. Date el regalo de la serenidad de la escritura cuando todo parezca estar mal, haz de ese cuaderno tu desahogo, revísalo de cuando en vez, reconoce la emoción que te llevó a esa línea, abrázala y regresa renovado a la vida, a tu día a día. Tus temores y tristezas quedarán entre tu cuaderno y tú, y te juro que él jamás te traicionará. Regálate un tú más sereno, más dueño de sí, obséquiale a tu entorno  la paz de un alma en orden. Toma la escritura como tu terapia personal de sanación, ¿Para qué estallar en palabras si el cuaderno no guarda rencores? ¿Para qué mostrar una cara de quienes no somos solo por drenar un mal rato?  Todos nos merecemos una segunda oportunidad, todos, pero a veces los únicos capaces de darnos esa oportunidad somos nosotros mismos. Entonces, ¿Para qué averiguar quién nos la iba a negar? Drenar en letras es una oportunidad segura para desahogar el “estoy” y regresar a lo que soy.  Regálate una pera de boxeo que tiene páginas y que el puño sea tu lápiz. Luego cierra el cuaderno, tómate un café, y sonríe de vuelta a lo que eres, lo que ya pasó, pasó sin consecuencias, mañana cuando abras tu cuaderno de nuevo, no habrán reproches, solo más líneas en blanco para seguir escribiendo tu vida.   Thamara Puedes leer también: Café espiritual

Una mujer madura

Una mujer madura se entrega como nadie y ama como pocos. Tiene carácter, responde con convicción lo que tiene en su corazón. No complace, se complace, cede poco y lo da todo, al mismo tiempo que sabe como cuidarse y a quien entregarse. Tanta seguridad a veces abruma, tanto amor propio a veces asusta. Esa mujer luce tan feliz sola que acompañarla luce como un reto para algunos. Hay que sumar a esa vida que luce tan plena para ganarse un puesto en ella, y debes bailar una armónica danza con la paz y la tranquilidad que la rodea. Como las cuerdas de una guitarra, que tocan la misma melodía pero no se tropiezan entre si. No le preguntes a una mujer madura si te necesita, porque si la honestidad la acompaña la respuesta no será de tu agrado. No, ella no te necesita, ella te prefiere y te disfruta, pero cuando te vas esa mujer sigue sonriendo, tomando café y leyendo por las noches su libro favorito. Esa mujer madura se perfuma cuando estás con ella, y lo sigue haciendo cuando ya no estás, ella se arregla para ti, pero no por ti. Es que ella también disfruta verse linda, se toma fotos, se mira al espejo y se dice halagos a si misma. Esa mujer se siente hermosa y plena, segura y tranquila, se ama y se acepta. Quizás en algún momento le dijo a alguien «Sí, acepto!» pero ahora cada mañana se dice a si misma «Sí, me acepto!» y es un matrimonio estable, lleno de amor, de mucho amor propio y de respeto el que lleva consigo misma. En una mujer madura hay espacio para más amor y para más entrega, serías muy afortunado si fueras el elegido. La fortuna de ese amor maduro, solo la reconoce quien está a la altura de recibirlo.

No, no todos son iguales

La generalidad es bastante ofensiva, al menos para mi, aunque ciertamente hay bastantes similitudes en las formas de reaccionar entre las mujeres y las formas de comportarse de los hombres, de ninguna manera acepto la aseveración de que todas las mujeres son iguales, o de que todos los hombres lo sean. Por solo citar un ejemplo, las mujeres nos sentimos casi todas igual cuando nos viene la menstruación, estamos emocionales, nos aumenta el apetito, a algunas la libido, andamos más sensibles, retenemos líquido y se nos infla el abdomen, etc. Los hombres por su lado, cuando tienen un agobio o problema, se aíslan, quieren silencio, no desean hablar, quieren distancia para pensar y resolver ellos mismos sus líos reales o existenciales, y las mujeres en ocasiones como un chicle detrás de ellos preguntando qué les pasa, que porqué no nos cuentan, porque resulta que cuando nosotras estamos tristes o tenemos algún problema, lo que queremos es abrazos, cercanía y hablar hasta por los codos. Hombres y mujeres somos diferentes, y mujeres y hombres entre si, tenemos bastante en común, pero lo dicho anteriormente, no refleja la injusta generalización. Yo tengo un hijo de 26 años, se casó a sus 23 años, siempre me dijo que se iba a casar antes de los 25 años, siempre fue fiel, caballeroso y espléndido con las pocas novias que tuvo de sus 17 años a sus 22 años, hoy su esposa tiene a quien ella llama “su rey y el ángel que le mandó Dios y le cambió la vida”. Nadie que conozca a mi hijo, podría decir “todos los hombres son iguales”. Mi hijo trabaja feliz, es un hombre absolutamente fiel, amoroso y familiar, proveedor, generoso, y es ahora aún más espléndido con su esposa. Yo he estado rodeada buena parte de mi vida por hombres maravillosos, respetuosos, buenos padres, trabajadores, solidarios, amorosos, encabeza esa lista mi hijo, pero también podría decir muchísimas cosas buenas del padre de mis hijos, de mi hermano, de mis amigos, y de algunas de mis ex parejas, si, los ex también tienen vainas buenas, sino, entonces ¿tú que les viste cuando se empataron? También han salido hasta de mis redes sociales hombres increíbles, atentos, buena gente, educados, cultos, solidarios, sinceros y hasta de buena ortografía y lo más importante, con Dios en el corazón. Yo he estado de manera intermitente en Tinder, qué es una red social que muchos califican, incluso sin nunca haber descargado la app y ver que es lo que es, que solo es para tener sexo casual e irresponsable. Pues les cuento, de Tinder han salido: mi primer y hasta ahora el único, super cool terapeuta, quien por cierto me dejó muy claro que tranquila, que si decidía ser su paciente, nada más que una amistad podría haber entre los dos, también salió un arquitecto Neoyorkino que en la primera cita me fue a buscar con su mamá en señal de respeto hacia mi, y de intenciones de pretender algo serio conmigo (me pareció un poco loco en un hombre de 47 años, pero al mismo tiempo me pareció dulce y tierno),. Salió también un hombre súper caballeroso, un venezolano, que conocí en Miami, con el cual salí varias veces pero no tuve flow con él, y fue todo lo respetuoso que se puede ser, se dio cuenta que nanai y ni un beso intentó darme. También salió de Tinder, en Texas, un hombre que me invitó a salir y cuando nos vimos lo primero que me dijo fue “Trabajo en el ejército de los Estados Unidos (y me mostró su identificación) y en 2 meses me voy a Afganistán, y regresaré dentro de 6 meses, ¿tienes problemas con eso?”, es decir, el gringo me habló clarito, no vino con cuentos gringos para llevarme a la cama. Podría contar otras buenas experiencias, como el Italiano que me pidió ser su novia en la primera cita y le escribió a mi hijo y todo, y mi hijo «mamá, lee tú esta vaina que está muy larga y bórrala, que necio ese tipo!» momento de risas, pero para no extender esto, y no vayan a pensar que Tinder me pagó la publicidad (ojalá) deseo terminar con el más reciente hallazgo en Tinder, hasta yo que ya venía con tan buena experiencia, y sin ninguna predisposición con esa red social o app de citas, me sorprendió. Hicimos match (para los que no tienen idea de la movida, eso es que él le da like a mi perfil y yo al de él), la verdad no recuerdo quien saludó primero, lo cierto es que la que le dijo sigamos hablando por whatsapp fui yo, el chat de Tinder apesta le dije, y él me dijo, “es la primera vez que doy mi número”, así que presumo que le caí bien desde el inicio, y hoy no me extraña, tenemos bastantes pero bastantes cosas en común. Y bueno, creo que desde ese día hemos hablado casi todos los días, y de cuanto tema existe en la vida.  Un día hablando de mi Fe en Dios, comenzamos a hablar de religión, a mi me había dado la impresión de que era un hombre ecléctico en todo, no me parecía alguien que compraría el 100% de nada, y menos en temas de religión. Cuando le hago el comentario, el me responde “jajaja, te sorprenderías” y acto seguido me escribe, «Te cuento: Soy Cristiano Católico, doy catequesis de Confirmación a jóvenes y adultos, soy asesor de un grupo juvenil, soy miembro del ministerio de lectores en mi parroquia, doy talleres de formación y cantante del coro». Por favor alguien al igual que yo, sin prejuicio alguno con un app de citas, que me diga si uno espera un hallazgo así en Tinder. Si ya el arquitecto que me fue a buscar con su mamá para invitarme a almorzar, me parecía un hallazgo atípico en Tinder, el profesor de catecismo sí que me dejó loca. Por cierto él es el amoroso,… Seguir leyendo No, no todos son iguales

Otra Mamá y otro Papá

Hay distintas realidades y razones para que una persona diga, goce o disfrute de tener más de una madre o más de un padre, eso biológicamente es imposible, pero amorosamente es absolutamente probable. Hoy me inspira a escribir dos grandes amores que tienen mis dos amores más grandes. Mis hermanos son los mejores tíos que conozco, presumen de su amor por mis hijos, mi hermano no tiene hijos y ha vivido el amor de padre con sus sobrinos, él iba a los actos del día padre, cuando el padre de mis hijos no podía ir, y si podía ir, también iba. Ha amado a sus sobrinos, los ha cuidado, los ha provisto, en muchas ocasiones les pagó el colegio, y se cansó a morir de comprar foami, cuando mi hijo, mi Eduardo Luis le decía “Tío, tengo que llevar una lámina de foami mañana”, mi hermano Raúl decía “Coño, pero que gonorrea con ese foami”, ay perdón hermano, pero es que hay cuentos que no se pueden alivianar o edulcorar, y mientras escribo esto me estoy riendo a morir, porque esa frase quedó para la posteridad en mi familia, y cuando queremos ser enfáticos en que algo nos fastidia mucho decimos “que gonorrea con ese foami!”, sigo riendo sin parar!!!. Mi hermano les compraba de todo, lo que necesitaban y lo que querían mis hijos, hasta el día de hoy le dice “mi chiquita” a mi hija Mariandrea que ya tiene 30 años, la trata con más mimo que yo, y eso es mucho decir, porque soy una mamá bien pegostosa e invasora del espacio personal de mi hija, siempre me dice riendo “Mamaaá, mi espacio personal” y yo le respondo “ese lo pierdes cuando llegas a mi casa” y bueno, con todo y eso, mi hermano la amapucha más que yo.  Ahora viene la Tía, mi hermana Tatiana, en la infancia de mis hijos, vivíamos las dos, y los tres nietos en la casa de mi mamá, mis hijos y mi sobrina se criaron como hermanos, cuando mi hermana salía con mi sobrina Valentina, siempre, sin preguntar, sin dudar, ella se llevaba a mis dos hijos, sus sobrinos siempre formaron parte de su presupuesto de recreación, lo mismo que le daba a su hija, se lo daba a mis hijos, y cuando no tenía dinero para sacarlos a los tres, pues nadie salía, jamás se llevó a Valentina sola, siempre andaba con los tres, siempre con su hija y sus sobrinos.  En una ocasión estábamos en la casa de mi hermana en Miami mi hija y yo, y Mariandrea tomaría un vuelo madrugador al día siguiente y mi hermana tenía que trabajar ese día, nos teníamos que despertar a las 3am, yo me podía volver a acostar al llegar a casa, pero mi hermana no. Llegamos al aeropuerto y mi hija y yo le agradecemos que la haya llevado, y mi hermana dice “Hija, yo así sea con las tripas en la mano, tú sabes que tú tía no te deja morir” yo iba en la parte de atrás del carro y se me aguaron los ojos, la verdad nunca tuve una tía así, y cuánta gratitud siento de que mis hijos sí la tengan.  En otra ocasión, cuando pasó lo del huracán Irma en Agosto 2017, mis hijos y mi hermana acababan de llegar a Miami, yo estaba feliz de que mis hijos se hubiesen ido de Venezuela porque fue un año muy complicado con el tema de las protestas antigubernamentales, más de 130 jóvenes murieron por la represión chavista-madurista, y la mayor cantidad de decesos ocurrieron muy cerca de mi casa, yo no tenía paz ni tranquilidad hasta que mis hijos no llegaban a casa, y bueno, yo no había ni terminado de sentir el alivio de que estaban en EEUU, cuando veo en las redes sociales que un huracán de categoría 5, uno de los más fuertes observados en el atlántico, el más fuerte en La Florida después de el huracán Katrina, llegaría a Miami. Yo cometí el error de ponerme a ver por YouTube un canal de noticias que transmitía en vivo, y el periodista no tuvo mejor idea que decir “No va a quedar nada de Miami”, lo escribo y se me eriza la piel de nuevo, eso ocurrió el 30 de Agosto, y mis dos hijos habían llegado 7 días antes a Miami, recuerdo que estaba sentada en la silla de mi oficina, donde estoy ahorita, y me escurrí al piso, llorando de una manera que no recuerdo haberlo hecho en otra ocasión, me faltaba el aire, no podía creer que mis hijos ya no estaban seguros como yo pensaba que lo estarían al llegar a Estados Unidos, lloré tanto, pero tanto, que estoy llorando de solo recordar la angustia tan inmensa que sentí cuando oí al periodista decir eso (por eso desde hace más de 10 años no veo, ni leo noticias, siempre son peores que la realidad). Recuerdo haber pensado, pero Dios mío, quise salvar a mis hijos de Maduro y viene Irma! Esa noche estuve caminando y llorando por todo mi apartamento y repetí cientos de veces “Irma se debilita y se desvía, Irma se debilita y se desvía!” me dormí como a las 4 am, y al despertar reviso mi teléfono y tenía un mensaje de mi hija que decía “Mami, ya es categoría 3 y se desvió!” en estos casos uno suele decir “No lo puedo creer!”, pero por supuesto que yo lo podía creer, a quien se lo pedí? A Dios! Les cuento esto mientras lloro de nuevo, pero esta vez no por recordar mi angustia, sino mi gratitud con mi papá, con mi padre celestial, con Dios. Este cuento comienza porque ese día recibí otro mensaje, el de mi hermana, el de la amorosa tía de mis hijos, ella y yo estábamos bravas en ese momento, habíamos peleado, pero igual me escribió esto “Quiero que estés tranquila, con mi vida voy a cuidar a mis… Seguir leyendo Otra Mamá y otro Papá

Me afecta, pero no me determina

Hay una realidad que nos circunda, innegable, incontrolable, casi siempre abrumadora, que nos chalequea, nos agota, y hasta nos pone a hacer maletas y a pensar “no puedo más, me voy!”, y siempre que hablo de este tema con mis amigos o clientes, siempre siempre les digo lo mismo “a mi el entorno me afecta, pero no me determina!” y la gente me mira con asombro, pero cuando sigo hablando, muchos me entienden. Nosotros estamos en la capacidad y casi que en la obligación de hacernos una burbuja, una realidad personal bonita, saludable, un espacio donde lo externo no lo afecte, o al menos no lo determine.  Estuve más de un año fuera de mi país, fuera de mi hogar, y viví muchas cosas agradables, buenas, bonitas, nuevas, etc, coquetee con la idea de quedarme a vivir en Estados Unidos, tremendo país, y casi que me quedo, pero cada noche al irme a dormir, cerraba los ojos y pensaba “quiero al abrir mis ojos al despertar, ver la ventana de mi cuarto” extrañaba tanto pero tanto mi casa, los olores de mi casa, los silencios de mi casa, el ritmo de mi vida, lento, muy lento, pararme sin despertador ni ruidos, hacerme un café y tomármelo en absoluto silencio, con mi galleta maría que disfruto tener montones de paquetes en la despensa porque no me pueden faltar. Varias veces he dicho en tono jocoso, pero suena medio mala sangre, que me gusta el primer café de la mañana sin interacción humana. Me encanta hacerme mi primer café de la mañana en silencio, a veces ya no es de mañana incluso, no quiero cordializar ni dar los buenos días antes de mi café y mi galleta maría, se lee un poco odioso, pero es la verdad, y esa es mi promesa con mis líneas. He regresado a mi casa, a mi amada cocina verde manzana, tengo un difusor donde coloco mis aceites esenciales, a veces pongo música, pero cuando escribo no me gusta ni un fondo instrumental, es decir, aquí decido como huele y como suena mi casa, no podría haber comenzado a escribir en otro lugar que no fuera este, estoy todo lo feliz que alguien puede estar por haber vuelto a mi hogar, a mi pedacito de mundo, que es mi mundo y yo la dueña de el.  Entre café y café me he ido construyendo el espacio, mi espacio, mi burbuja, donde cualquier intento de ataque del exterior es neutralizado, porque mi realidad personal, mis 83 metros cuadrados, solo los determino yo, ésta es mi burbuja, ésta es mi casa, esta soy yo, prendo el Tv de mi sala y canto y bailo por todo el apartamento, luego apago todo menos las ideas y la laptop cuando voy a escribir, soy dueña de los olores y los sonidos, de mi ritmo y de mi vida, de mis ideas y de mis líneas, con tantas cosas dependiendo solo de mí, que podría salir mal? A quien le voy a echar la culpa de como estoy o cómo me siento? Por cierto hay una rotunda diferencia entre la culpabilidad y la responsabilidad, la culpa te hace víctima, “pobrecito tú” y la responsabilidad te empodera, tú eres responsable, tú lo creaste, tú lo puedes cambiar, así que siempre elijo hacerme responsable de mi vida, de lo que tengo y de lo que atraigo, y es muy liberador saber que todo cuanto llega a mi, es mi responsabilidad, y por tanto lo puedo cambiar cuando yo lo desee. Una cosa poderosísima y milagrosa, es la gratitud, un maestro dijo en una ocasión “Cuando no sepas que decir, ni como orar, simplemente di GRACIAS, y Dios sabrá que hacer”. Yo siempre he hecho click con lo fácil, con lo que fluye, no me he conectado nunca ni con el sufrimiento ni con el sacrificio, y bueno como siempre atraemos lo semejante, en una ocasión saliendo de un seminario de crecimiento personal en la Isla de Margarita en Octubre 2016, en donde yo tomé el micrófono para compartir una situación familiar complicada que teníamos en ese momento, se me acercó un señor, que no recuerdo ni su cara, y nunca supe su nombre, y sin saludarme me arrancó el cuaderno que yo tenía en la mano, y me dijo “yo no sé si tú crees o no, pero busca esto” y escribió en la última página de mi cuaderno una sola palabra: “Ho’oponopono”, yo jamás había oído esa palabra, pero nada más con la determinación con la que me habló ese señor, me arrancó el cuaderno y me la escribió allí, por supuesto que busqué que era eso de manera inmediata. Bueno, desde ese año lo practico, y fundamentalmente practicar Ho’oponopono, que es una técnica hawaiana de resolución de conflictos, consiste tan solo en decir o repetir mentalmente “Gracias, gracias, gracias”, y si, suena tan fácil que la gente cree que no funciona, porque estamos programados para pensar que lo que resulta es lo difícil, lo complicado, lo que amerita sacrificio, pero no, es tan simple como dar las gracias, y ocurre magia. La palabra Ho’oponopono significa «como corregir un error» y primero se hizo famoso por las 4 frases: “Lo siento, perdóname, gracias, te amo” pero su principal exponente a nivel mundial, Mabel Katz, dice que efectivamente Joe Vitale lo dio a conocer con esas 4 palabras, pero con decir simplemente “Gracias” es suficiente. Esta entrada no era para hablar de Ho’oponopono pero así fluyó y así quedó.  Así que, Gracias, Gracias, Gracias, por seguir ahí, tomando café conmigo …

Te encontré y me encontraste

Ahora si, te encontré, siempre fuiste tú, te tuve siempre conmigo, fuiste refugio y escape, emoción y pasión y no me había percatado. ¿Será que nos pasa a todos? Que por tenerlo al lado no lo vemos, que por estar allí no lo notamos y a veces no lo valoramos, es que al parecer lo disponible en ocasiones pasa desapercibido y debe haber un halo de misterio o quizás una ausencia intermitente para ser valorado, para darnos cuenta que si, que lo amamos, que te amo. Me abrazas en el día, me arrullas por las noches, me acompañas en silencio, me dejas ser y contigo soy yo, en qué momento me dijiste epa, ¿cuando es que me vas a ver? ¿cuando vas a reconocer que me amas, que me quieres en tu vida, que llegué para quedarme, y que tú vida es mejor a mi lado?. ¿Será que dejé de creer en los amores eternos y en las conexiones para toda la vida?, pero llegaste tú y me derrumbaste los prejuicios y no solo limpiaste mi mente, la serenaste, la callaste y lograste que esta mujer de pensamiento acelerado y casi incapaz de concentrarse,  lograra lo que con nadie, enfocarme y pensar en una sola cosa sin distracción alguna.  Cuando leía cosas como “debes encontrar tu propósito, tu pasión” yo decía, y como lo encuentro? ¿Dónde está eso? Y no me daba cuenta que llevaba rato inmersa en mi propósito, en mi pasión, que ya me encontraba disfrutando de mi gran amor.  Era tanto mi amor por ti, que te veía una y otra vez, me sorprendía las veces que te podía mirar sin cansarme, y sabiendo que nada nuevo encontraría, porque eres mi creación, así que te conozco como nadie, simplemente serías tú de nuevo, ese hermoso escape, ese inmenso placer, y me decía, si, me gusta, me encanta, me lo disfruto, soy feliz con él, pero así somos cuando estamos enamorados, no nos cansamos de mirarnos, así me siento yo con él, enamorada e incapaz de cansarme a su lado, es tan imposible aburrirme contigo, como cansarme de mirar a mis hijos.  Bueno, ya a estas alturas sabrás que no es él mi gran amor, que es ella, que es la escritura, son las letras, son mis historias, soy yo narrada, son mis dedos que no quieren parar y que se anticipan a mis pensamientos, ¿cómo puede eso pasar? es releerme sin cansarme, es quedarme atrapada en mi propia historia, en mi propia creación, en mis propias líneas que las conozco de memoria, pero aunque ya las conozco, cada vez que las leo nuevamente las vuelvo a disfrutar. Leerme es como verme en un espejo, como me dijo mi gran amiga Marimonti  “Tú blog es una radiografía de tu ser”, y eso precisamente es lo que quiero plasmar, mi más genuino ser,   que quien me lea me oiga, que quien me lea me vea y sienta que está sentado en mi cocina verde manzana tomándose un café conmigo.  La escritura es mi gran amor, lo que escribo es como un hijo, algo que nace de mi, que es real, que es tan genuino, que me hace feliz y me deja ser yo. ¿Quieres otro café?

El hombre de mi vida

El hombre de mi vida … El hombre de mi vida no me llama mi amor, aunque llevo amándolo mucho tiempo, 26 años ya, fue increíble lo que sentí cuando lo vi por primera vez, no tuve dudas, dije, “él es y será siempre el amor de mi vida” lo miraba por horas, lo contemplaba como quien no se cree la inmensa suerte de tener algo tan hermoso y valioso enfrente, él es todo un caballero, carga mi cartera cuando caminamos en algún centro comercial, me abre la puerta del carro, me rueda la silla cuando vamos a comer a algún restaurante, nunca más me dejó pagar la cuenta y me siento segura y amada a su lado. Hemos tenido malos tiempos, malos momentos, como todos los grandes amores, pero siempre han habido rápidas reconciliaciones entre los dos, a mi se me olvida casi de manera inmediata cualquier cosa que me haya podido hacer, mi memoria con él es amorosamente selectiva, solo me queda la imprenta de lo bueno, del amor, del cuidado, de la protección, de la ternura y de todo lo bueno y hermoso que él me ha hecho vivir durante 26 años. El es un hombre de esos que parecen sacados de un cuento, es todo un príncipe, es hermoso, guapo, noble, fiel, proveedor, trabajador, honesto y muy familiar. Siempre huele bien, siempre le sonríe a la vida, trabaja feliz y siempre encuentra algo bueno en cada situación. No soy la única mujer que lo ama, es absolutamente normal que un ser humano como él, pueda derretir a varias mujeres al mismo tiempo, y todas lo sabemos y lo compartimos desde el amor y la gratitud de tenerlo en nuestras vidas, no hay manera de celarlo, o mejor dicho, no hay derecho de hacerlo, él sabe darle su justo lugar a cada quien, así que todas estamos felices. Él es absolutamente respetuoso, siempre lo ha sido, la mujer que le entrega su corazón puede estar segura que ese corazón será tratado con dulzura y rotunda lealtad, siempre ha sido así, es así, y así será por siempre, porque los valores del hombre de mi vida son inquebrantables, casi de no creerse. El hombre de mi vida desde que era casi un niño comenzó a trabajar, y lo hizo con total responsabilidad y disciplina, sus jefes lo observaban incrédulos de que un jovencito de 13 años pudiera desenvolverse tan bien atendiendo público, manejando una caja registradora, etc, al punto de que a los 17 años se había ganado a fuerza de trabajo el puesto de gerente de ese local donde trabajaba. Trabajó en esa empresa por 10 años, y a los 23 años se fue a otro país y a las 2 horas de haber llegado a esa nueva ciudad, ya estaba trabajando, y se mantuvo haciéndolo 18 horas al día por 6 meses, y en ese tiempo ahorró y se convirtió en el apoyo económico de toda su numerosa familia. Siempre fue muy maduro, desde los 17 años dijo que quería hacer con su vida, a que edad se quería casar, él siempre tuvo todo muy claro. A los 24 años se casó, y es el mejor esposo que yo haya conocido, es amoroso, fiel, proveedor, no es fiel en realidad, es rotunda y estruendosamente fiel, hace feliz todos los días a la misma mujer, la respeta, la honra, la ama, la hace reír, la provee, no solo la ama a ella, también ama a su familia, y, si, es verdad, el hombre de mi vida no me llama mi amor, pero yo sigo disfrutando de este amor desde hace 26 años, y la razón por la que no me llama mi amor, es porque me llama “madre querida”.

Amores breves

Amores breves pero intensos, que se disfrutan, que se quedan aún en la ausencia.

Soy mamita y soy madre querida, la felicidad de tener una hija y un hijo

Tengo 2 hijos, mi hija me dice mamita, mi hijo, madre querida. Hoy me siento a tomarme un café contigo para contarte sobre mi título de mamita, de mi relación más perfecta, de mi conexión más genuina y duradera, de mi hija … A sus 17 años mi hija me dijo «Mamita, yo no soy un árbol, me puedo mover, y lo que quiero hacer con mi vida es viajar». Diez años después, eso hizo, irse a recorrer el mundo. Hace poco me dijo «Mami, el que viaja nunca deja de hacerlo» así que me sentaré, la observaré, y diré «Ahí va ella de nuevo alzando vuelo, descansó por meses en casa, en su tierra, en su país que tanto ama y se lo goza. Y de nuevo, tendrá de mi el amor, el apoyo y lo más importante, mis bendiciones. La presencia de mi hija es única, ella simplemente está, al hablarle todos sus sentidos están en ti, no mira su teléfono, en ocasiones hasta lo apaga. Ella amorosa e intencionalmente ha cultivado la gran virtud de estar en el momento presente, de estar en el aquí y en el ahora. Ese es sin duda, el mayor regalo que mi Mariandrea sabe dar. Es atrevida aunque no lo parece, en realidad ella no presume de lo que es, de lo que sabe, de lo que ha vivido, simplemente exuda cultura, mundo, lectura y sencillez. Ella no es perfecta, aunque a mi me cuesta verle el defecto. Mi hija hace de toda imperfección, un espacio de crecimiento, y cuando ella crece, crezco yo y todo aquel que esté cerca de tanta grandeza. Lo que sabe y cuanto crece es permeable para mi, me baña de su sapiencia en cada conversación, y no sé si sacar provecho de lo que me dice, o quedarme embelesada en la gratitud por la hija que Dios me ha regalado.  Cuando agarra su mochila me pregunto varias cosas, ¿Como puede ser tan valiente? ¿Como no se pierde en el metro de las grandes ciudades? anduvo por 15 países y más de 30 ciudades sin un smartphone, ¿como lo hizo? ¿Quien le enseñó tanto arrojo? Y ¿como hace para recorrer el mundo con una mochila sí cuando viene de su casa a la mía se trae un perolero?. Es que ella puede y sabe aligerar no sólo su equipaje físico, sino también el emocional, mi hija ama profundamente a toda tu familia, pero no extraña a nadie a morir, ella siempre está donde está. Quien la tiene enfrente realmente la tiene, tiene su mirada y tiene su ser ahí, presente. No son muchas las video llamadas que recibo de mi hija cuando está de viaje, pero son todas las bendiciones las que ella recibe de mi siempre, y especialmente cuando anda por el mundo. Cuando mi hija ha viajado por el mundo, mis amistades siempre me preguntan, “¿Mariandrea anda sola?” y yo siempre respondo “No, va con Dios, mis bendiciones y ella misma, que siempre ha sido su mejor compañía”, no cualquiera logra hacer de sí mismo su mejor compañía. Hubo tiempos en los que Thamara me caía realmente mal, hoy también soy mi mejor compañía. Eso toma tiempo, aceptación, amor, y en mi caso también hablarme al espejo y regañarme, algo así como “epa Thamara, ¿pero qué te pasó?” y en esos espacios a veces de días a veces de meses, mi hija siempre es luz, serenidad y especialmente ella es amor incondicional para mi. A veces me pregunto sí será por ser su mamá que la veo así. Pero luego observo su entorno, y veo que todos la aman, que todos valoran su presencia, procuran su cercanía, la escuchan atentamente, la admiran, y digo, wao, sí, es mi hija, no es mi parcialidad, no es mi amor de madre, no es porque la parí, ella es así, única, presente, sencilla, con la mayor empatía que he visto en un ser humano, generosa y amada, muy amada.  Toda línea queda corta para describir tanto amor y admiración, mi mayor curiosidad será siempre, ¿como pudimos su papá y yo formar a un ser humano tan increíble? Después de todo, no hay curiosidad, sino la certeza, de que fue Dios.

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