Thamara López | Escritora

¡No te metas mamá! misión casi imposible para una madre

Antes que nada quiero decirte algo que quizás ya has notado, este blog, este espacio tan especial y único para mi, y que tú has abrazado tan bonito, no tiene un ritmo definido más que mi ser y mi inspiración. Hay días muy movidos emocionalmente, como éstos (no es para menos, estoy a pocos días de ser abuela, así que preparado), en donde casi a diario siento la necesidad imperiosa de escribir, y hay semanas en las que no me siento tan inspirada como para intentar dejar una huella aquí, para mi y para todos los que me leen. Así que al ritmo de mi corazón y de mi musa les seguiré dejando la piel en este rincón de amor en letras 🍀 Difícilmente una madre, en algún momento de su vida, no escuchará esta frase, “¡mamá, no te metas, es mi vida!”, y yo reflexiono y pienso, “ya va, quien primero se metió en mi vida fuiste tú”, no solo en mi humanidad física, en mi vientre durante 9 meses, sino en lo más profundo de mi ser, en mi alma y en mi corazón. Se tiene un hijo y se siente que el corazón nos comienza a latir fuera del cuerpo, es una vaina loca, llega un amor que no conocíamos, un susto que no teníamos y unas ganas incontrolables de protegerlos de todo. El amor y el deseo de protegerlos crecerá con los años, y el susto no se irá jamás.  Recuerdo cuando el padre de mis hijos y yo intentamos que nuestra hija aprendiera a andar en bicicleta, tan pronto le quitábamos las dos rueditas traseras, Mariandrea iba a directo al suelo, yo le decía «ya va Luis Eduardo, le quitamos una primero y luego la otra», y nada, fuera la izquierda o la derecha, nuestra hija iba directo al suelo, así que yo le dije luego del tercer raspón de rodillas «Ay no, déjame a mi muchacha tranquila, ya tiene las rodillas peladas», y la bicicleta permaneció con las rueditas traseras y luego fue arrumada. Bueno, a mi hija le tomó miles de millas aéreas, un viaje mochilero por 3 continentes, donde expandió su mente, su cuerpo y su ser, que finalizó en La India, a sus 28 años, para aprender a manejar bicicleta, porque su mamá, a sus 4 años, no la quiso ver con las rodillas escarapeladas. Esas ganas de protegerla, están intactas. Al ser madre se puede pasar de sentir que todo lo tenemos bajo control, a una suerte de suerte de susto con vigilia permanente, mientras son bebés y niños, todo está un poco más controlado, siempre están a nuestro lado, luego crecen, toman sus decisiones y te podrían salir con la frase “¡es mi vida mamá!”, y tú, “mira, mira, mira, fueron 9 meses de náuseas, acidez, gases, y demás”, aunque eso no reviste ninguna relevancia en comparación a todo lo que ocurre luego del nacimiento de un hijo.  Cuando los llevas a la primera piñata y no agarran jugueticos, y les ves la carita triste, ay no, yo les decía “quédate aquí hija/hijo, ya vengo”, y me lanzaba al suelo al rescate de los juguetes, jamás en mi infancia fui tan buena agarrando juguetes de piñata, pero entre mi condición de madre salvadora y la ventaja del tamaño, para mis hijos siempre agarré los mejores (las pelotas de piñata eran mi principal objetivo). Luego llegaba orgullosa de mi pesca de juguetes, mis hijos me veían felices, y yo me sentía como una superheroína. Creo que no hay juguete más preciado para un niño que los que salen de una piñata, y no hay ridículo más grande y hermoso para una madre que meterse en una piñata. Mis hijos no necesitan decirme expresamente que me necesitan, desde aquella carita triste por no agarrar juguetes de piñata, hasta una frase corta escrita en un chat, verles una cara que sabes que no están bien, o incluso cuando pasan cosas inexplicables, eso es un CTA, un «call to action«, un llamado a la acción. En una ocasión, sentí como un apretón de barriga, y pensé en mi hija, siempre suelo abrir la conversación con mis hijos con “Hola hija (o hijo), Dios te bendice y te guarda siempre, ¿cómo estás?”, pero esa tarde cuando mi hija atendió mi llamada simplemente le dije “¿porqué estás llorando hija?”, hasta yo me sorprendí de haberle dicho eso, y mi hija me responde “vergación mamá, la lágrima aún no me ha llegado al cachete, ¿cómo sabes que estoy llorando?”, es de las vainas más locas que me han pasado con mis hijos.  La conexión con mis hijos en mi caso es inevitable, con mi hija es aún más fuerte y evidente, a veces nos duelen las mismas partes del cuerpo, decimos o pensamos lo mismo al mismo tiempo, es algo de no creerse, pura magia (me encanta esta palabra porque me atrapan las cosas que no se pueden explicar). Esos momentos en los que siento que mis hijos me necesitan, si los tengo cerca físicamente, no les pregunto qué les pasa, solo digo “¡ya voy para allá!”, y en el camino mientras conduzco en mi cabeza escucho el soundtrack de una película de Marvel (me pasó hace dos días con mi hija), y siento que me voy llenando de super poderes y que llegaré a solucionar cualquier cosa que necesiten mis hijos (incluso una aterradora cucaracha que tuvo el innecesario atrevimiento de volar), ¡cualquier vaina yo la resolveré!  ¡De verdad no había necesidad de que las cucarachas volaran!, de pana. Sean  necesidades emocionales, afectivas, un abrazo, hambre (pareciera la más fácil, pero no en mi caso que se me olvidó cocinar), un reguero, cualquier cosa, el sentimiento que quiero producir en mis hijos es “¡ya llegó mi mamá!”, y la frase que ellos quieren escuchar de mi es “¡tranquilo hijo, todo estará bien!”. Es increíble lo que puedo llegar a sentir, o como puedo sentirme, cuando mis hijos me necesitan, me siento invencible. No hay… Seguir leyendo ¡No te metas mamá! misión casi imposible para una madre

Mi mejor recuerdo

Hoy Dios me regaló un momento que pasó a ser uno de los mejores recuerdos de mi vida. Los milagros no piden permiso para suceder.

Parir no es obligatorio, la maternidad es una gran responsabilidad

Nuestros hijos vienen a ser amados y protegidos, vienen al mundo porque así lo decidimos sus padres, no nos deben nada, y menos la vida.

Como ella ama

Amar es un verbo que todos saben conjugar, y muy pocos saben practicar, el amar de forma incondicional es una virtud y tener la certeza de contar con ese amor es una bendición. Hay personas difíciles de superar, y amores imposibles de igualar, ella ama de tal manera, con tal incondicionalidad, que en el camino se olvidó de sí misma. Ella en su camino de amar a otros, se olvidó de saber defenderse, y eso por años me hizo pelear con ella, no la entendía, le reproché varias veces que porqué permitía cosas que no debía permitir, y sólo al pasar los años comprendí, que su entrega al amar es tal, que no hay espacio para límites o reproches, y aunque eso no es algo bueno, en lo absoluto, ahora entiendo que viene en el paquete, que esa humanidad repleta de amor incondicional y entrega absoluta no sabe decir no, no sabe poner límites, no sabe defenderse, ella solo sabe amar. Ya quisiera yo amar de la manera que mi mamá sabe amar, ella y yo somos opuestas en muchos aspectos, y aún así siempre me ha amado y aceptado como soy, nunca oí un descalificativo de parte de mi mamá, jamás, ella siempre ha sido amorosa y paciente con su hija mayor, quien siempre fue rebelde y contestona. Yo debo ser la única persona en el mundo que se ha peleado con mi mamá, pero es que para mi, defender es una manera de amar, y si algo ha necesitado mi mamá varias veces, es eso, quien la defienda. Recuerdo que mi papá siempre le decía “Teresa, a ti quien no te jode es porque no sabe donde vives” y mi madre siempre calladita, siempre prudente, conciliadora, nunca la escuché hablar mal de nadie, nunca se ha metido en ningún problema, a mi mamá la ama todo el mundo, ella esparce amor al andar. Dicen que el amor más parecido al amor de Dios es el amor de una madre, y ciertamente la incondicionalidad al amar de mi mamá, así lo ratifica. Recuerdo que ella llegaba con un pedacito de torta, cada vez que había algún cumpleaños en su trabajo, y lo partía en 5 pedazos, de un pedacito de torta, comíamos mis 2 hermanos, mis padres y yo. Mi mamá comparte todo lo que tiene, siente un inmenso placer al dar, le encanta regalar toda vaina, el que llega a casa de mi mamá y dice “ Ay (Tía, Mamá, etc) que bello eso”, mi mamá responde “llévatelo”. Recuerdo una vez que le lleve algo, no recuerdo que era, creo que era un bulto de 12 kilos de harina, y le dije “Mamá, no es que vas a estar regalando lo que te traje, te lo traje para irme tranquila de viajes”. Siempre me tocaba llevarle todo poco a poco porque si no lo regalaba, pero como me iba de viaje, ni modo, le llevé los 12 kilos de una sola vez, y mi mamá me responde “Hija, si me vas a traer algo, que yo no pueda regalar, mejor no me lo traigas”, así es la nobleza de mi mamá, así es su generosidad, ella realmente se siente feliz al dar, al compartir, así no le quede para ella, ella igual lo da. Como Maria Teresa, nadie sabe amar, como hermana, amó de una manera a su único hermano, lo cuidó y lo apoyó toda la vida, son los hermanos que más he visto compartir a lo largo de sus vidas, nunca se separaron. Mi tío murió hace un mes de Covid-19, a sus 80 años y cada día y varias veces al día mi mamá llora por su hermano. Cuando eran niños y mi tío hacía una travesura, mi mamá decía que había sido ella para que no le pegaran a su hermano, esa vaina es de no creerse, eso no lo hace ningún hermano.  Creo que de varias cosas podemos adolecer en nuestras vidas, sin que eso nos afecte o nos determine, pero si hay algo que marca nuestras vidas, es la manera como nuestros padres nos han amado y nos lo han hecho sentir. Mi mamá siempre nos dio amor, y siempre siempre, me hizo sentir amada y aceptada, con ella hablo de todo, le cuento todo desde niña, se espanta, se ríe, se asombra, pero jamás me ha reclamado, o reprochado nada. Ella marcó mi vida cuando yo tenía 12 años, una noche hablábamos hasta muy tarde, mi rebeldía le robó muchas horas de sueño a mi mamá, muchas noches nos dieron las 2am hablando, y mi mamá con aquella paciencia, cuando lo que provocaba era darme una cachetada, y una de esas tantas noches me dice «Hija, si 100 personas me dicen una cosa, y tú me dices otra, yo siempre te voy a creer a ti». ¿Cómo podría yo defraudar eso? esa noche murió la mentira para mi, a partir de ese día le dije todo, todito, todo a mi mamá, y siempre me regañaban porque era terrible, pero a partir de ese día, sólo me llevé regaños por inventora, pero jamás por mentirosa. Hasta el día de hoy, cuando le comento a mis amigos las cosas que le cuento a mi mamá de 82 años, no me creen. A veces le he contado cosas a mi mamá, que no le cuento a mi hermana, con mi mamá la confianza es plena, absoluta, sabrosa, yo sé que de un «Ay Thamara por favor» no va a pasar, ese es el peor reclamo que mi mamá me hará, pero en realidad en el 90% de los casos lo que hace es reirse, y yo disfruto tanto de hacer reír a mi vieja. El amor de una madre es incondicional, pero el de mi madre, es del más allá. Gracias mi vieja, por habernos llenado toda la vida de tan inmenso amor. Te amo mamá. 

No, no todos son iguales

La generalidad es bastante ofensiva, al menos para mi, aunque ciertamente hay bastantes similitudes en las formas de reaccionar entre las mujeres y las formas de comportarse de los hombres, de ninguna manera acepto la aseveración de que todas las mujeres son iguales, o de que todos los hombres lo sean. Por solo citar un ejemplo, las mujeres nos sentimos casi todas igual cuando nos viene la menstruación, estamos emocionales, nos aumenta el apetito, a algunas la libido, andamos más sensibles, retenemos líquido y se nos infla el abdomen, etc. Los hombres por su lado, cuando tienen un agobio o problema, se aíslan, quieren silencio, no desean hablar, quieren distancia para pensar y resolver ellos mismos sus líos reales o existenciales, y las mujeres en ocasiones como un chicle detrás de ellos preguntando qué les pasa, que porqué no nos cuentan, porque resulta que cuando nosotras estamos tristes o tenemos algún problema, lo que queremos es abrazos, cercanía y hablar hasta por los codos. Hombres y mujeres somos diferentes, y mujeres y hombres entre si, tenemos bastante en común, pero lo dicho anteriormente, no refleja la injusta generalización. Yo tengo un hijo de 26 años, se casó a sus 23 años, siempre me dijo que se iba a casar antes de los 25 años, siempre fue fiel, caballeroso y espléndido con las pocas novias que tuvo de sus 17 años a sus 22 años, hoy su esposa tiene a quien ella llama “su rey y el ángel que le mandó Dios y le cambió la vida”. Nadie que conozca a mi hijo, podría decir “todos los hombres son iguales”. Mi hijo trabaja feliz, es un hombre absolutamente fiel, amoroso y familiar, proveedor, generoso, y es ahora aún más espléndido con su esposa. Yo he estado rodeada buena parte de mi vida por hombres maravillosos, respetuosos, buenos padres, trabajadores, solidarios, amorosos, encabeza esa lista mi hijo, pero también podría decir muchísimas cosas buenas del padre de mis hijos, de mi hermano, de mis amigos, y de algunas de mis ex parejas, si, los ex también tienen vainas buenas, sino, entonces ¿tú que les viste cuando se empataron? También han salido hasta de mis redes sociales hombres increíbles, atentos, buena gente, educados, cultos, solidarios, sinceros y hasta de buena ortografía y lo más importante, con Dios en el corazón. Yo he estado de manera intermitente en Tinder, qué es una red social que muchos califican, incluso sin nunca haber descargado la app y ver que es lo que es, que solo es para tener sexo casual e irresponsable. Pues les cuento, de Tinder han salido: mi primer y hasta ahora el único, super cool terapeuta, quien por cierto me dejó muy claro que tranquila, que si decidía ser su paciente, nada más que una amistad podría haber entre los dos, también salió un arquitecto Neoyorkino que en la primera cita me fue a buscar con su mamá en señal de respeto hacia mi, y de intenciones de pretender algo serio conmigo (me pareció un poco loco en un hombre de 47 años, pero al mismo tiempo me pareció dulce y tierno),. Salió también un hombre súper caballeroso, un venezolano, que conocí en Miami, con el cual salí varias veces pero no tuve flow con él, y fue todo lo respetuoso que se puede ser, se dio cuenta que nanai y ni un beso intentó darme. También salió de Tinder, en Texas, un hombre que me invitó a salir y cuando nos vimos lo primero que me dijo fue “Trabajo en el ejército de los Estados Unidos (y me mostró su identificación) y en 2 meses me voy a Afganistán, y regresaré dentro de 6 meses, ¿tienes problemas con eso?”, es decir, el gringo me habló clarito, no vino con cuentos gringos para llevarme a la cama. Podría contar otras buenas experiencias, como el Italiano que me pidió ser su novia en la primera cita y le escribió a mi hijo y todo, y mi hijo «mamá, lee tú esta vaina que está muy larga y bórrala, que necio ese tipo!» momento de risas, pero para no extender esto, y no vayan a pensar que Tinder me pagó la publicidad (ojalá) deseo terminar con el más reciente hallazgo en Tinder, hasta yo que ya venía con tan buena experiencia, y sin ninguna predisposición con esa red social o app de citas, me sorprendió. Hicimos match (para los que no tienen idea de la movida, eso es que él le da like a mi perfil y yo al de él), la verdad no recuerdo quien saludó primero, lo cierto es que la que le dijo sigamos hablando por whatsapp fui yo, el chat de Tinder apesta le dije, y él me dijo, “es la primera vez que doy mi número”, así que presumo que le caí bien desde el inicio, y hoy no me extraña, tenemos bastantes pero bastantes cosas en común. Y bueno, creo que desde ese día hemos hablado casi todos los días, y de cuanto tema existe en la vida.  Un día hablando de mi Fe en Dios, comenzamos a hablar de religión, a mi me había dado la impresión de que era un hombre ecléctico en todo, no me parecía alguien que compraría el 100% de nada, y menos en temas de religión. Cuando le hago el comentario, el me responde “jajaja, te sorprenderías” y acto seguido me escribe, «Te cuento: Soy Cristiano Católico, doy catequesis de Confirmación a jóvenes y adultos, soy asesor de un grupo juvenil, soy miembro del ministerio de lectores en mi parroquia, doy talleres de formación y cantante del coro». Por favor alguien al igual que yo, sin prejuicio alguno con un app de citas, que me diga si uno espera un hallazgo así en Tinder. Si ya el arquitecto que me fue a buscar con su mamá para invitarme a almorzar, me parecía un hallazgo atípico en Tinder, el profesor de catecismo sí que me dejó loca. Por cierto él es el amoroso,… Seguir leyendo No, no todos son iguales

Otra Mamá y otro Papá

Hay distintas realidades y razones para que una persona diga, goce o disfrute de tener más de una madre o más de un padre, eso biológicamente es imposible, pero amorosamente es absolutamente probable. Hoy me inspira a escribir dos grandes amores que tienen mis dos amores más grandes. Mis hermanos son los mejores tíos que conozco, presumen de su amor por mis hijos, mi hermano no tiene hijos y ha vivido el amor de padre con sus sobrinos, él iba a los actos del día padre, cuando el padre de mis hijos no podía ir, y si podía ir, también iba. Ha amado a sus sobrinos, los ha cuidado, los ha provisto, en muchas ocasiones les pagó el colegio, y se cansó a morir de comprar foami, cuando mi hijo, mi Eduardo Luis le decía “Tío, tengo que llevar una lámina de foami mañana”, mi hermano Raúl decía “Coño, pero que gonorrea con ese foami”, ay perdón hermano, pero es que hay cuentos que no se pueden alivianar o edulcorar, y mientras escribo esto me estoy riendo a morir, porque esa frase quedó para la posteridad en mi familia, y cuando queremos ser enfáticos en que algo nos fastidia mucho decimos “que gonorrea con ese foami!”, sigo riendo sin parar!!!. Mi hermano les compraba de todo, lo que necesitaban y lo que querían mis hijos, hasta el día de hoy le dice “mi chiquita” a mi hija Mariandrea que ya tiene 30 años, la trata con más mimo que yo, y eso es mucho decir, porque soy una mamá bien pegostosa e invasora del espacio personal de mi hija, siempre me dice riendo “Mamaaá, mi espacio personal” y yo le respondo “ese lo pierdes cuando llegas a mi casa” y bueno, con todo y eso, mi hermano la amapucha más que yo.  Ahora viene la Tía, mi hermana Tatiana, en la infancia de mis hijos, vivíamos las dos, y los tres nietos en la casa de mi mamá, mis hijos y mi sobrina se criaron como hermanos, cuando mi hermana salía con mi sobrina Valentina, siempre, sin preguntar, sin dudar, ella se llevaba a mis dos hijos, sus sobrinos siempre formaron parte de su presupuesto de recreación, lo mismo que le daba a su hija, se lo daba a mis hijos, y cuando no tenía dinero para sacarlos a los tres, pues nadie salía, jamás se llevó a Valentina sola, siempre andaba con los tres, siempre con su hija y sus sobrinos.  En una ocasión estábamos en la casa de mi hermana en Miami mi hija y yo, y Mariandrea tomaría un vuelo madrugador al día siguiente y mi hermana tenía que trabajar ese día, nos teníamos que despertar a las 3am, yo me podía volver a acostar al llegar a casa, pero mi hermana no. Llegamos al aeropuerto y mi hija y yo le agradecemos que la haya llevado, y mi hermana dice “Hija, yo así sea con las tripas en la mano, tú sabes que tú tía no te deja morir” yo iba en la parte de atrás del carro y se me aguaron los ojos, la verdad nunca tuve una tía así, y cuánta gratitud siento de que mis hijos sí la tengan.  En otra ocasión, cuando pasó lo del huracán Irma en Agosto 2017, mis hijos y mi hermana acababan de llegar a Miami, yo estaba feliz de que mis hijos se hubiesen ido de Venezuela porque fue un año muy complicado con el tema de las protestas antigubernamentales, más de 130 jóvenes murieron por la represión chavista-madurista, y la mayor cantidad de decesos ocurrieron muy cerca de mi casa, yo no tenía paz ni tranquilidad hasta que mis hijos no llegaban a casa, y bueno, yo no había ni terminado de sentir el alivio de que estaban en EEUU, cuando veo en las redes sociales que un huracán de categoría 5, uno de los más fuertes observados en el atlántico, el más fuerte en La Florida después de el huracán Katrina, llegaría a Miami. Yo cometí el error de ponerme a ver por YouTube un canal de noticias que transmitía en vivo, y el periodista no tuvo mejor idea que decir “No va a quedar nada de Miami”, lo escribo y se me eriza la piel de nuevo, eso ocurrió el 30 de Agosto, y mis dos hijos habían llegado 7 días antes a Miami, recuerdo que estaba sentada en la silla de mi oficina, donde estoy ahorita, y me escurrí al piso, llorando de una manera que no recuerdo haberlo hecho en otra ocasión, me faltaba el aire, no podía creer que mis hijos ya no estaban seguros como yo pensaba que lo estarían al llegar a Estados Unidos, lloré tanto, pero tanto, que estoy llorando de solo recordar la angustia tan inmensa que sentí cuando oí al periodista decir eso (por eso desde hace más de 10 años no veo, ni leo noticias, siempre son peores que la realidad). Recuerdo haber pensado, pero Dios mío, quise salvar a mis hijos de Maduro y viene Irma! Esa noche estuve caminando y llorando por todo mi apartamento y repetí cientos de veces “Irma se debilita y se desvía, Irma se debilita y se desvía!” me dormí como a las 4 am, y al despertar reviso mi teléfono y tenía un mensaje de mi hija que decía “Mami, ya es categoría 3 y se desvió!” en estos casos uno suele decir “No lo puedo creer!”, pero por supuesto que yo lo podía creer, a quien se lo pedí? A Dios! Les cuento esto mientras lloro de nuevo, pero esta vez no por recordar mi angustia, sino mi gratitud con mi papá, con mi padre celestial, con Dios. Este cuento comienza porque ese día recibí otro mensaje, el de mi hermana, el de la amorosa tía de mis hijos, ella y yo estábamos bravas en ese momento, habíamos peleado, pero igual me escribió esto “Quiero que estés tranquila, con mi vida voy a cuidar a mis… Seguir leyendo Otra Mamá y otro Papá

El hombre de mi vida

El hombre de mi vida … El hombre de mi vida no me llama mi amor, aunque llevo amándolo mucho tiempo, 26 años ya, fue increíble lo que sentí cuando lo vi por primera vez, no tuve dudas, dije, “él es y será siempre el amor de mi vida” lo miraba por horas, lo contemplaba como quien no se cree la inmensa suerte de tener algo tan hermoso y valioso enfrente, él es todo un caballero, carga mi cartera cuando caminamos en algún centro comercial, me abre la puerta del carro, me rueda la silla cuando vamos a comer a algún restaurante, nunca más me dejó pagar la cuenta y me siento segura y amada a su lado. Hemos tenido malos tiempos, malos momentos, como todos los grandes amores, pero siempre han habido rápidas reconciliaciones entre los dos, a mi se me olvida casi de manera inmediata cualquier cosa que me haya podido hacer, mi memoria con él es amorosamente selectiva, solo me queda la imprenta de lo bueno, del amor, del cuidado, de la protección, de la ternura y de todo lo bueno y hermoso que él me ha hecho vivir durante 26 años. El es un hombre de esos que parecen sacados de un cuento, es todo un príncipe, es hermoso, guapo, noble, fiel, proveedor, trabajador, honesto y muy familiar. Siempre huele bien, siempre le sonríe a la vida, trabaja feliz y siempre encuentra algo bueno en cada situación. No soy la única mujer que lo ama, es absolutamente normal que un ser humano como él, pueda derretir a varias mujeres al mismo tiempo, y todas lo sabemos y lo compartimos desde el amor y la gratitud de tenerlo en nuestras vidas, no hay manera de celarlo, o mejor dicho, no hay derecho de hacerlo, él sabe darle su justo lugar a cada quien, así que todas estamos felices. Él es absolutamente respetuoso, siempre lo ha sido, la mujer que le entrega su corazón puede estar segura que ese corazón será tratado con dulzura y rotunda lealtad, siempre ha sido así, es así, y así será por siempre, porque los valores del hombre de mi vida son inquebrantables, casi de no creerse. El hombre de mi vida desde que era casi un niño comenzó a trabajar, y lo hizo con total responsabilidad y disciplina, sus jefes lo observaban incrédulos de que un jovencito de 13 años pudiera desenvolverse tan bien atendiendo público, manejando una caja registradora, etc, al punto de que a los 17 años se había ganado a fuerza de trabajo el puesto de gerente de ese local donde trabajaba. Trabajó en esa empresa por 10 años, y a los 23 años se fue a otro país y a las 2 horas de haber llegado a esa nueva ciudad, ya estaba trabajando, y se mantuvo haciéndolo 18 horas al día por 6 meses, y en ese tiempo ahorró y se convirtió en el apoyo económico de toda su numerosa familia. Siempre fue muy maduro, desde los 17 años dijo que quería hacer con su vida, a que edad se quería casar, él siempre tuvo todo muy claro. A los 24 años se casó, y es el mejor esposo que yo haya conocido, es amoroso, fiel, proveedor, no es fiel en realidad, es rotunda y estruendosamente fiel, hace feliz todos los días a la misma mujer, la respeta, la honra, la ama, la hace reír, la provee, no solo la ama a ella, también ama a su familia, y, si, es verdad, el hombre de mi vida no me llama mi amor, pero yo sigo disfrutando de este amor desde hace 26 años, y la razón por la que no me llama mi amor, es porque me llama “madre querida”.

Sí te duele la cabeza, que no te duelan los cachos

Tercera entrada … Las mujeres deberíamos dejar de sentir vergüenza o pudor, por decir que en algún momento de nuestras vidas, deseamos lo que pareciera estar reservado solo para los hombres, reconocer que solo queremos divertirnos, pasarla bien, tener con quien conversar, a quien escribirle, con quien tomarnos un café, con quien hacer el amor y ya! No todas andamos buscando príncipes que se arrodillen cajita en mano, no todas queremos dejar un cepillo de diente en otra casa ni que dejen un boxer en las nuestras. Rotunda molestia siento cuando nos encasillan a todas las mujeres en el personaje de que estamos todas absolutamente desesperadas por casarnos o “amarrar” un hombre, la verdad me parece hasta ofensivo.  Culturalmente, al menos por estos lados, la que “triunfa» al casarse es la mujer, quienes también al parecer venimos con fecha de vencimiento para el vestido blanco y el “tan tan ta tan”, y las innumerables películas «románticas» con esta temática nos recuerdan la presión social y familiar, primero porque nos casemos, después por la barriga y luego por el segundo porque a juro hay que parir al hermanito, y eso nunca para, carajo, dejen vivir! Ah y lo increíble es que ese acoso va direccionado solo a las mujeres, mientras los esposos están en el patio bebiendo cervezas, haciendo la parrilla y muertos de la risa, si ven porque los hombres se enferman menos y son más felices?. Por su parte el hombre, en este escenario matrimonial, espera en el altar, mientras murmura mentalmente “la felicidad no puede ser para siempre, en cualquier momento había que casarse, y aquí voy” cuando la verdad es que si observamos la cotidianidad de la mayoría de los matrimonios en latinoamérica, la que lleva el mayor peso de las labores diarias no sólo domésticas, sino incluso a nivel emocional y familiar, es la mujer, así que mis estimados hombres, que me caen del carajo y los amo, aquí lo que hay es una unión de mutuo beneficio y entrega, nadie se ganó un oscar ni a nadie mandaron a la hoguera, deberíamos estar felices los dos y sino, pues que no haya vestido blanco ni mártires en el altar! Ahora vamos al panorama opuesto, al panorama donde es el hombre el gran vencedor y el único que supuestamente disfruta, y la mujer la gran sacrificada de la historia, en el sexo! Amiga mía, quien te dijo que a ti “te cogen” como quien agarra un mango de un árbol? Así como que te obligaron, como que te jalaron de la mata sin consentimiento! Sí escuchamos a un hombre cuando cuenta entre amigos un encuentro sexual, en el 99% de los casos, es con una risa, un disfrute, a veces casi un logro y el 1% restante, pues alguna vaina jocosa le pasó, así que también lo cuenta como algo divertido y muerto de la risa. Pero muchas mujeres, yo me excluyo de ese lote muy categóricamente, ven el sexo como un sacrificio, como algo que se hace porque no queda de otra, que no se disfruta y que hay que evitar a toda costa con dolores de cabeza inventados! Amiga, si te duele la cabeza, ¡que no te duelan los cachos! porque así como para nosotras el amor y la protección es una necesidad primaria, el hombre necesita respeto, aprobación, y sexo! Bueno, yo levanto mi mano sin timidez para decir que yo también disfruto un montón y también necesito una vida sexual activa y satisfactoria, eso a veces, y aunque de no creerse a estas alturas, año 2021, decirlo abiertamente podría dar las señales equivocadas para las pequeñas mentes que “piensan” que el sexo solo le gusta a los hombres, pero la vaina es que cuando me toca elegir entre ser sincera, o políticamente conveniente o socialmente apropiada, siempre elijo lo primero, y después que no digan que no se los advertí. Además, ¿por cuánto tiempo podemos sostener un comportamiento o una pose de quien no somos? Las “pérdidas” tempraneras por ser quienes somos son mucho menos dolorosas y absolutamente efímeras, además que  quedarse desde el sacrificio, el esfuerzo y la apariencia, es muy agotador y aún más efímero que lo primero. No hay nada malo en dar, jodido está el que no sabe recibir, quien desnuda su alma es un valiente, y quien contempla esa hermosura es un afortunado. Cuando dándolo todo no he sido valorada, me da una calentera que dura muy poco, luego me preparo un café, me siento, y espero pacientemente, y efectivamente llega, llega el momento del arrepentimiento, la buena noticia es que la arrepentida no soy yo. 

Amores breves

Amores breves pero intensos, que se disfrutan, que se quedan aún en la ausencia.

Soy mamita y soy madre querida, la felicidad de tener una hija y un hijo

Tengo 2 hijos, mi hija me dice mamita, mi hijo, madre querida. Hoy me siento a tomarme un café contigo para contarte sobre mi título de mamita, de mi relación más perfecta, de mi conexión más genuina y duradera, de mi hija … A sus 17 años mi hija me dijo «Mamita, yo no soy un árbol, me puedo mover, y lo que quiero hacer con mi vida es viajar». Diez años después, eso hizo, irse a recorrer el mundo. Hace poco me dijo «Mami, el que viaja nunca deja de hacerlo» así que me sentaré, la observaré, y diré «Ahí va ella de nuevo alzando vuelo, descansó por meses en casa, en su tierra, en su país que tanto ama y se lo goza. Y de nuevo, tendrá de mi el amor, el apoyo y lo más importante, mis bendiciones. La presencia de mi hija es única, ella simplemente está, al hablarle todos sus sentidos están en ti, no mira su teléfono, en ocasiones hasta lo apaga. Ella amorosa e intencionalmente ha cultivado la gran virtud de estar en el momento presente, de estar en el aquí y en el ahora. Ese es sin duda, el mayor regalo que mi Mariandrea sabe dar. Es atrevida aunque no lo parece, en realidad ella no presume de lo que es, de lo que sabe, de lo que ha vivido, simplemente exuda cultura, mundo, lectura y sencillez. Ella no es perfecta, aunque a mi me cuesta verle el defecto. Mi hija hace de toda imperfección, un espacio de crecimiento, y cuando ella crece, crezco yo y todo aquel que esté cerca de tanta grandeza. Lo que sabe y cuanto crece es permeable para mi, me baña de su sapiencia en cada conversación, y no sé si sacar provecho de lo que me dice, o quedarme embelesada en la gratitud por la hija que Dios me ha regalado.  Cuando agarra su mochila me pregunto varias cosas, ¿Como puede ser tan valiente? ¿Como no se pierde en el metro de las grandes ciudades? anduvo por 15 países y más de 30 ciudades sin un smartphone, ¿como lo hizo? ¿Quien le enseñó tanto arrojo? Y ¿como hace para recorrer el mundo con una mochila sí cuando viene de su casa a la mía se trae un perolero?. Es que ella puede y sabe aligerar no sólo su equipaje físico, sino también el emocional, mi hija ama profundamente a toda tu familia, pero no extraña a nadie a morir, ella siempre está donde está. Quien la tiene enfrente realmente la tiene, tiene su mirada y tiene su ser ahí, presente. No son muchas las video llamadas que recibo de mi hija cuando está de viaje, pero son todas las bendiciones las que ella recibe de mi siempre, y especialmente cuando anda por el mundo. Cuando mi hija ha viajado por el mundo, mis amistades siempre me preguntan, “¿Mariandrea anda sola?” y yo siempre respondo “No, va con Dios, mis bendiciones y ella misma, que siempre ha sido su mejor compañía”, no cualquiera logra hacer de sí mismo su mejor compañía. Hubo tiempos en los que Thamara me caía realmente mal, hoy también soy mi mejor compañía. Eso toma tiempo, aceptación, amor, y en mi caso también hablarme al espejo y regañarme, algo así como “epa Thamara, ¿pero qué te pasó?” y en esos espacios a veces de días a veces de meses, mi hija siempre es luz, serenidad y especialmente ella es amor incondicional para mi. A veces me pregunto sí será por ser su mamá que la veo así. Pero luego observo su entorno, y veo que todos la aman, que todos valoran su presencia, procuran su cercanía, la escuchan atentamente, la admiran, y digo, wao, sí, es mi hija, no es mi parcialidad, no es mi amor de madre, no es porque la parí, ella es así, única, presente, sencilla, con la mayor empatía que he visto en un ser humano, generosa y amada, muy amada.  Toda línea queda corta para describir tanto amor y admiración, mi mayor curiosidad será siempre, ¿como pudimos su papá y yo formar a un ser humano tan increíble? Después de todo, no hay curiosidad, sino la certeza, de que fue Dios.

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