Thamara López | Escritora

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Sí te duele la cabeza, que no te duelan los cachos!

Tercera entrada …

Las mujeres deberíamos dejar de sentir vergüenza o pudor, por decir que en algún momento de nuestras vidas, deseamos lo que pareciera estar reservado solo para los hombres, reconocer que solo queremos divertirnos, pasarla bien, tener con quien conversar, a quien escribirle, con quien tomarnos un café, con quien hacer el amor y ya! No todas andamos buscando príncipes que se arrodillen cajita en mano, no todas queremos dejar un cepillo de diente en otra casa ni que dejen un boxer en las nuestras. Rotunda molestia siento cuando nos encasillan a todas las mujeres en el personaje de que estamos todas absolutamente desesperadas por casarnos o “amarrar” un hombre, la verdad me parece hasta ofensivo.  Culturalmente, al menos por estos lados, la que “triunfa» al casarse es la mujer, quienes también al parecer venimos con fecha de vencimiento para el vestido blanco y el “tan tan ta tan”, y las innumerables películas «románticas» con esta temática nos recuerdan la presión social y familiar, primero porque nos casemos, después por la barriga y luego por el segundo porque a juro hay que parir al hermanito, y eso nunca para, carajo, dejen vivir! Ah y lo increíble es que ese acoso va direccionado solo a las mujeres, mientras los esposos están en el patio bebiendo cervezas, haciendo la parrilla y muertos de la risa, si ven porque los hombres se enferman menos y son más felices?. Por su parte el hombre, en este escenario matrimonial, espera en el altar, mientras murmura mentalmente “la felicidad no puede ser para siempre, en cualquier momento había que casarse, y aquí voy” cuando la verdad es que si observamos la cotidianidad de la mayoría de los matrimonios en latinoamérica, la que lleva el mayor peso de las labores diarias no sólo domésticas, sino incluso a nivel emocional y familiar, es la mujer, así que mis estimados hombres, que me caen del carajo y los amo, aquí lo que hay es una unión de mutuo beneficio y entrega, nadie se ganó un oscar ni a nadie mandaron a la hoguera, deberíamos estar felices los dos y sino, pues que no haya vestido blanco ni mártires en el altar!

Ahora vamos al panorama opuesto, al panorama donde es el hombre el gran vencedor y el único que supuestamente disfruta, y la mujer la gran sacrificada de la historia, en el sexo! Amiga mía, quien te dijo que a ti “te cogen” como quien agarra un mango de un árbol? Así como que te obligaron, como que te jalaron de la mata sin consentimiento! Sí escuchamos a un hombre cuando cuenta entre amigos un encuentro sexual, en el 99% de los casos, es con una risa, un disfrute, a veces casi un logro y el 1% restante, pues alguna vaina jocosa le pasó, así que también lo cuenta como algo divertido y muerto de la risa. Pero muchas mujeres, yo me excluyo de ese lote muy categóricamente, ven el sexo como un sacrificio, como algo que se hace porque no queda de otra, que no se disfruta y que hay que evitar a toda costa con dolores de cabeza inventados! Amiga, si te duele la cabeza, ¡que no te duelan los cachos! porque así como para nosotras el amor y la protección es una necesidad primaria, el hombre necesita respeto, aprobación, y sexo! Bueno, yo levanto mi mano sin timidez para decir que yo también disfruto un montón y también necesito una vida sexual activa y satisfactoria, eso a veces, y aunque de no creerse a estas alturas, año 2021, decirlo abiertamente podría dar las señales equivocadas para las pequeñas mentes que “piensan” que el sexo solo le gusta a los hombres, pero la vaina es que cuando me toca elegir entre ser sincera, o políticamente conveniente o socialmente apropiada, siempre elijo lo primero, y después que no digan que no se los advertí. Además, ¿por cuánto tiempo podemos sostener un comportamiento o una pose de quien no somos? Las “pérdidas” tempraneras por ser quienes somos son mucho menos dolorosas y absolutamente efímeras, además que  quedarse desde el sacrificio, el esfuerzo y la apariencia, es muy agotador y aún más efímero que lo primero. No hay nada malo en dar, jodido está el que no sabe recibir, quien desnuda su alma es un valiente, y quien contempla esa hermosura es un afortunado. Cuando dándolo todo no he sido valorada, me da una calentera que dura muy poco, luego me preparo un café, me siento, y espero pacientemente, y efectivamente llega, llega el momento del arrepentimiento, la buena noticia es que la arrepentida no soy yo. 

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