Thamara López | Escritora

La sanación y el crecimiento personal

La sanación y el crecimiento personal son buenos amigos. En ocasiones la sanación precede al crecimiento personal, y algunas veces ocurre al contrario. Pero siempre se complementan. El crecimiento personal no es algo que se alcanza o a lo que se llega. Es un camino como la vida misma, con tropiezos, con baches, con retos, con renuncias y nuevos comienzos.  Es un camino sin fin, en mi versión personal de la célebre frase de Sócrates “yo sólo sé que no sé nada”, es saber que cada vez sé menos y eso en ocasiones es un tanto abrumador.  No recuerdo el día en el que comencé a leer, solo recuerdo claramente que no me gustaba hacerlo, y que lo único que leí durante décadas, fue el diccionario.  A los 8 años agarré por primera vez un diccionario, y me enamoré del vocabulario, de saber como podía decir lo mismo de diferentes formas. Recuerdo a mi Tío Efrén, quien me animó a leerlo decirme «sobrina, el único profesor que no se pondrá bravo si le preguntas muchas veces lo mismo, es el diccionario». Mi amor por el diccionario sin duda me ha servido muchísimo en mi pasión por escribir. La escritura me salva en los días en donde a mi mente inquieta no le basta con pensar, o hablar, sino que necesita servirse de las letras para ordenarse. Es una especie de autoterapia. Mi amor por la escritura también fue un gran estímulo para comenzar a leer, porque primero me enamoré de la escritura que de la lectura. No me parecía coherente que una escritora no leyera, y aunque parece un orden invertido, fue el mío. El crecimiento personal y la sanación, en mi caso, han estado tomados de la mano, como una especie de enamorados eternos. Mi robusta Fe y mi despertar del alma, me hicieron reconocer un poder interior que me sanó de un cáncer milagrosamente en 90 días.  Hoy, parte de lo que hago con mis días, y con mi energía, es inspirar a las personas a reconocer algo que yace dentro de ellas, y que solo está dormido, el poder de la autosanación. Yo solo paso a recordarles algo que ya saben. El aprendizaje entra por repetición, este mensaje me lo recuerdo a diario, y se lo recuerdo a quienes me leen y encuentran en mis letras, Dios permita que así sea, una fuente de inspiración y motivación para conquistar su sanación plena.  Las personas sanas tenemos un montón de sueños, pero las personas enfermas solo tienen uno, sanar. Así que le dedico un buen espacio de mi vida y de mis letras a este tema porque lo primero para alcanzar nuestros sueños, y ser felices, es estar plenamente sanos.  La alianza perfecta entre el camino del crecimiento personal y la sanación tiene muchas aristas, imagina tu crecimiento personal como una especie de filtro.  Imagina que estás colando un café, en el filtro de la cafetera se queda lo que no quieres, lo que no te vas tomar, la borra del café. Lo mismo pasa cuando crecemos y nos desarrollamos como personas.  Hay personas que se van quedando en el camino, que no nos acompañan en la evolución, que de momento parecieran estar hablando en un idioma desconocido, y no hay nada que nos una más a ellas. Personas a quienes podríamos decirles «permíteme presentarme nuevamente». Ese filtro, ese “decantar” de la vida cuando nos vamos despertando, va transformando y depurando el entorno, y se queda solo aquello que resuena con nuestros nuevos intereses y nuestra nueva vida.  Esa depuración relacional, es parte fundamental y estructural de la sanación. En mi caso, cuando aquel diagnóstico, fue lo primero que hice, alejarme de muchos y refugiarme en mi Fe, mi paz y mi tranquilidad. He atendido en sesiones individuales de sanación a personas que se encuentran atascadas en un malestar de salud, algunos muy graves, como un cáncer en etapa (mal llamada por la medicina tradicional) “terminal”. Me resulta tan molesto y lamentable que quienes deberían dar pronósticos de esperanza, den diagnósticos de muerte. En todos los casos, el 100% de esos casos, son personas que me han manifestado que están en entornos complicados, y no tienen la determinación (y ellos piensan que tampoco la capacidad) de limpiar ese entorno en pro de su sanación.  A mi se me hace muy difícil comprender ese comportamiento, les digo “de eso depende tu sanación”, y aún así me responden cosas como “es que mi abuelita está muy mayor”, como excusa para no alejarse de una abuela negativa que a diario le recuerda que se va a morir.  Alguien me dijo hace poco “me he leído demasiados libros de autoayuda”, fue su respuesta para no tomar una recomendación de leer un libro.  Le dije, “no importa la cantidad de libros que leas, lo que importa es la cantidad de páginas que hayas aplicado en tu vida”. Tú puedes asistir a terapias de sanación, puedes irte a meditar a La India, hacer yoga, etc, pero si no cuidas tus emociones, sino preservas tu ambiente emocional, y tu entorno relacional, será como acelerar un carro con el freno de mano puesto. Si estás leyendo esto, no tengo dudas que has comenzado el hermoso, irreversible e interminable camino del crecimiento y del desarrollo personal. Honra tu proceso, el tiempo que le dedicas, los libros que lees, las terapias a las que asistes, los cursos que has hecho, y cuida con celo todo lo que te rodea: espacio físico, personas, lo que dices, lo que te dices, lo que piensas, y muy especialmente lo que escuchas.  Ghandi decía “Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino». Otra frase célebre de Ghandi “si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo”. No esperes que tu mamá, tus hermanos, tu cónyuge, tus amigos, etc, cambien, eso no depende de ti y generalmente no ocurre. El estoico Ciro dijo, “si quieres… Seguir leyendo La sanación y el crecimiento personal

Una musa mal vestida 

Quien diría que la falta de inspiración ha inspirado este artículo. El lado malo de lo auténtico, de lo que fluye, es que parece estar reñido con la disciplina, la estructura y la constancia. Así que escribir por inspiración, tiene esencia pero no estructura ni orden alguno. Al menos en mi experiencia como escritora, escribir por escribir, como un acto disciplinado que hay que hacerlo cuando “toca”, no se me da. Siento que mis letras carecen de corazón cuando escribo sin inspiración.  El romance no da dinero, eso dicen, y a veces yo también lo creo, pero el disfrute del camino también es muy rentable para el alma.  He leído de escritores, como Isabel Allende por ejemplo, quien cada 8 de Enero se sienta frente a su computador a escribir una nueva novela, yo admiro profundamente esas historias, y hasta he flirteado con la idea de emularlas. También he leído que Julio Cortázar tardó 10 años en escribir su obra más célebre, así que en materia de tiempos y rigores, no han escrito los autores. Encontrar mi propia forma de hacer las cosas me está tomando toda la vida, y eso me gusta, porque eso me da libertad y el permiso de cambiar, de crecer, de evolucionar, y de jamás casarme con la frase “yo soy así”. Cambiar de opinión, eso sí se me da bien. Parafraseando algo que leí hace años, “si me conoces desde hace muchos años, permíteme presentarme de nuevo”. Es una metáfora que expresa con suma claridad la evolución a la que deberíamos estar todos obligados a experimentar.  Porque eso de quedarnos estacionados, es muy aburrido. Yo no quiero experimentar el lamento común antes de morir, «arrepentirme de lo que no hice». Prefiero pedir perdón que pedir permiso, y esto lo hago desde los 12 años que le pedía perdón a mi mamá por robarle el carro.   Todo lo que se detiene, no se usa, o se estanca termina perdiéndose, o dañándose. Cuando salgo de viajes y dejo mi casa sola y cerrada, al llegar encuentro varias cosas dañadas, así pasa con nuestras capacidades. Hay una frase en inglés que dice “use it or lose it”, que significa  “usarlo o perderlo”, es un término muy usado en neurociencia para señalar que cuando dejamos de usar algunas funciones de nuestro cerebro, las vamos perdiendo.  La incomodidad de lo desconocido es terreno fértil para el crecimiento y la expansión. y en ocasiones la zona de confort termina siendo la más incómoda de todas, y al mismo tiempo el lugar de donde más nos cuesta salir. Como la historia de la rana que salta al caer en agua hirviendo, mientras que a otra rana que la colocan dentro de la olla mientras se calienta lentamente el agua, se queda ahí y sin darse cuenta muere lentamente.   ¡Morimos lentamente cuando no crecemos! En una ocasión, me hice un estudio cerebral, y el médico me dijo que tenía una actividad cerebral muy acelerada, por eso siento que a veces concateno ideas de manera muy acelerada y que a la vista de la mayoría podrían no tener relación. Salto de un punto al otro y pienso que solo en mi mente eso tiene un hilo conductor. Algún día contaré las cosas que le hicieron a mi cerebro desde que nací, es mi segundo libro de hecho, y tengo tanto miedo de contar eso, pero es justamente ese miedo lo que me dice que tengo que hacerlo. Así que lo haré con miedo y todo. Esas cosas que la medicina tradicional de los años 70’s, le hicieron a mi cerebro de bebé, podría ser la explicación de tantas cosas en mi vida, de esa manera particular de ver las cosas, de vivir y de existir. Al final creo que terminaré agradeciendo la ignorancia médica de la época. Y seguramente eso explica que instintivamente, rechace a la medicina tradicional, y siempre elija seguir mi intuición en lugar de un récipe con bata blanca. Este artículo es una prueba de ello, comencé hablando de que lo genuino, la esencia y lo que fluye pareciera estar peleado con la disciplina, y di un salto súbito a otros temas.  Así ha estado mi mente en las últimas semanas, escribo y la narrativa y el tema dan un salto cuántico y yo decido cerrar la laptop y no publicar mis ideas. Sintiéndome hasta incómoda con mis letras, como cuando uno sale a la calle con un niño malcriado. Hoy, Domingo 23 de Junio de 2024 no lo haré, y ventilaré un poco de caos mental, con esencia pero sin orden, porque  así he decidido vivir y escribir al fin y al cabo.  Quizás encuentre allá afuera alguien con la mente dispersa, pero el alma serena y el corazón en paz, que abrace estas letras. A veces mi alma puede no estar serena, pero mi corazón siempre está en paz. Dijo Miguel Ángel «todo lo que hay que hacer con la piedra es remover todo lo que NO es el David». La obra más célebre de Cortázar, Rayuela, trae un índice alocado como guía de lectura, el lo llama “tablero de dirección”, que te invita a saltar capítulos, sin orden cronológico ni lógico, y fue la obra que le dio fama mundial. A veces dejar ver lo que consideramos raro, o las grietas de la inspiración o de nuestra creatividad, es un riesgo que pudiera funcionar. Funcionar para llegar y para conectar.  He sentido las últimas 6 semanas, que mis artículos necesitan un “tablero de dirección”, o quizás estoy de prejuiciosa pensando que mi desorden de ideas no pueda tener orden en otra mente que no sea la mía.  Dicen que como se hace una cosa se hace todo, y la verdad a mi el orden “natural” no se me da, en casi todo en la vida he alterado el orden habitual, incluso en lo más rutinario. Sé cuando tengo la mente en modo creación y caos al mismo tiempo, me cuesta leer por largo rato, tengo el… Seguir leyendo Una musa mal vestida 

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