Thamara López | Escritora

Bienvenido 2024

¡Bienvenido 2024! Así comenzó mi 2024, entre nubes, en el cielo, volando, como volando tengo la mente y los sueños para este año.  El año 2023, buena parte del año, lo pasé lamentando una mala decisión, a todos nos pasa, tomamos malas decisiones y luego hacemos algo peor, lamentarnos.  No podía creer que había vuelto a confiar en alguien, sin ninguna razón aparente para hacerlo, y que eso me había traído consecuencias negativas. Así que decidió capitalizar el error y ahora sí que veo poco probable que vuelva a confiar en alguien, sin que me haya dado razones para hacerlo. Así que ese es mi mayor aprendizaje del 2023, para decir desde el alma, ¡bienvenido 2024! ¿Mis mayores motivos de gratitud?, con ellos recibí el 2024, con mis hijos y con mi nieta, además de otros miembros queridos de mi familia. Claramente fue una recompensa divina, y el cierre estelar de un año un poco movido emocionalmente, que dejó grandes áreas de oportunidad, y espacios para el crecimiento.  Hoy, con este recorrido por los cielos, en donde vi al sol salir de nuevo, es motivo para celebrar nuevos comienzos, y cerrarle el camino a personas o eventos que no encajan en mi proyecto de vida vital.  Sin ningún remordimiento o sentimiento de culpa, abandono todo espacio donde mi luz molesta, donde mi nobleza no es correspondida y en donde mis errores o defectos son engrandecidos.  Me abro a compartir mi vida, y mis emociones más sensibles y vulnerables ante personas y espacios seguros, en donde me siento recibida y aceptada plenamente.  No soy una pieza de rompecabeza, no nací para encajar, sino para pertenecer, y esa pertenencia la elijo yo.  Estoy muy emocionada con lo que la vida me está presentando, y muy agradecida por todo aquello que decido tomar como parte de este nuevo camino lleno de bendiciones, felicidad y abundancia.  GRACIAS Dios, porque en todo te veo y te siento, porque me permites dar saltos de Fe en la certeza de que como tu hija, siempre estaré bien.  Gracias por mis hijos y por mi nieta, son mi mundo de amor, y en ellos me inspiro y para ellos crezco como ser humano, como mujer, como madre y como abuela.  Hay cosas que no las tengo clara, pensé que sí, pero creo que son más conceptos impuestos, aprendidos y tragados sin masticar. Es así como la ropa con flores, que la veo hermosas en otras  mujeres, pero yo no me la pondría, algo así me pasa en algunas áreas de mi ser.  Por tanto quizás te he estado pidiendo el postre que no me gusta, y por eso tú, al conocerme mejor que nadie, no lo has puesto en mi mesa.  Gracias por lo que das y por lo que quitas, siento que en el 2023 me quitaste pesos para dejar espacio para las bendiciones del 2024, ya que no podemos meter unos zapatos nuevos en una caja de zapatos ocupada por viejos zapatos.  Para ti que me lees, de verdad, GRACIAS, quiero que sepas que me estás acompañando en el sueño de vida más grande que tengo en este instante, un sueño que armoniza con total belleza, con todo lo demás que deseo.  Feliz año 2024, que caminas con certeza y gozo hacia el sueño de tu vida, transfórmalo en meta medible y creíble, y lo verás hecho realidad.  Con amor, Thamara. 

Los hijos inservibles no existen, los padres inservibles sí

Los hijos inservibles no existen, los padres inservibles sí. Esta premisa me surgió hace 2 días, durante un debate apasionado en Instagram luego de un comentario, hasta jocoso, que hice. Resulta que una “influencer” no tuvo mejor idea que comentarme, que si a los hijos se les dejaba una herencia, se convierten en inservibles.  Yo en realidad monté en cólera, y le dije que esperaba que sus hijos no leyeran ese comentario, y al final le escribí “por cierto, los hijos inservibles no existen, los padres inservibles sí”. Los padres inservibles sí existen Y fue así como nació este artículo, desde un acalorado contrapunteo en la cuenta de la esposa del influencer @vendecomopro. De hecho, Alexander (@vendecomopro) quiso intervenir en el debate, defendiendo a su esposa, y hasta aludió a mis hijos. Y con motivo de éste fértil espacio para reflexionar que generó esta controversia en mí, les quiero narrar la reflexión que esto me produjo, y mencionarle las características que en mi opinión tienen “los padres inservibles”: Podría continuar, pero con estas ya podemos establecer relaciones con otros comportamientos que sin duda alguna los deja en la categoría de padres inservibles. Haber leído que una mujer, que es madre, se expresa así, aunque fuera hipotéticamente de los hijos, me produjo una ira inmensa, y como siempre, y por fortuna, en la escritura tengo mi refugio, mi paz y mi desahogo más noble. La inspiración puede venir de cualquier lugar, hasta de un comentario en Instagram. Creo que esta vez se me hizo más real que nunca la frase “quien tiene un hijo, tiene todos los hijos del mundo”. Las creencias limitantes que sembramos en nuestros hijos cuando los invalidamos, los juzgamos o los cuestionamos, son la raíz de todos los males en la adultez. Ayer, escuchando una entrevista que le hizo Lewis Howes a Marisa Peer, ella contaba el caso de una de sus pacientes que sufre de narcolepsia (trastorno crónico del sueño que consiste en episodios de somnolencia extrema durante el día). Durante la terapia, la paciente le contó que su mamá le decía cuando era niña “eres un ángel, eres perfecta, porque siempre estás durmiendo, tu hermano no duerme, es el diablo, me está matando”. ¿Sí ven lo mucho que podemos impactar a nuestros hijos con lo que les decimos? Yo primero me corto la lengua antes de decirle a mis hijos, y ahora a mi nieta, que algo que hagan podría convertirlos en inservibles.  El amor de padres debe ser lo más parecido al amor de Dios, debe ser incondicional. Siempre les dije a mis hijos, que no había manera, que no había ninguna posibilidad, de que yo los dejara de amar. Estudiaran o no, sacaran buenas notas o no, ordenaran sus cuartos o no, yo igual los amaría incondicionalmente. Antes de tener hijos, luego ya no hay opción, evalúa si estás en la disposición y el deseo de amar incondicionalmente, de no ser así, no traigas al mundo seres humanos para hacerlos infelices. Nunca supe hasta donde podía amar, hasta el instante en el que me pusieron en el pecho a mi hija.  Nunca imaginé hasta donde se podría expandir mi amor, hasta que mi hija tuvo a su hija y me regaló a la más hermosa nieta que pude imaginar. Nuestros hijos no quieren padres perfectos, quieren padres reales, cercanos y amorosos, asegurate de ser la primera persona en la que tus hijos piensan cuando algo los aflige. Dile a tus hijos “jamás me voy a enojar si tú me dices la verdad”, y cúmplelo, habrás creado un vínculo de confianza y amor, imposible de romper.

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