Thamara López | Escritora

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En gerundio

Con la mirada en mis sueños

En este momento me estás leyendo, estás respirando, estás mirando, estás viviendo, la vida está ocurriendo en este momento, así qué ¿a qué anhelo tendrías que renunciar?, ¿porqué habríamos de decir o pensar “ya en esta vida no fue”? Te cuento, ésta vida nuestra está en gerundio, estamos viviendo, ¡estamos vivos!, así qué esto no se acaba hasta que se acaba.

Pongamos un ejemplo real de una limitación para ser o hacer algo, siendo realista a mis 50 años no puedo decidir que a partir de mañana seré bailarina clásica, ya que es una actividad en la cual se comienza desde muy niña, pero sí que puedo bailar salsa por horas sola o acompañada. Hoy de hecho lo hice en el gimnasio donde entreno, saqué a bailar a dos de mis compañeros de training, y lo logré, bailaron conmigo. Digo lo logré porqué allá nadie baila, pero eso no me detuvo ni me detiene en casos similares.

¿A qué viene esto?, hoy una prima muy querida, de esas personas que siempre está para todos, pero la mayoría de las veces no está para sí misma me dijo “Yo soy muy dura conmigo, me juzgo demasiado, creo que he debido esforzarme más, hacer las cosas de otra manera”, y yo inmediatamente le dije “somos un gerundio”, mañana puedes ser y comenzar a hacer lo que quieras, y de allí surgió la inspiración para escribir hoy.

Mis letras siempre van así, de la vida, genuinas, reales y cercanas, muchas veces los amigos que me leen me dicen “¿qué pasó, no he visto más artículos?, y no es que me sienta orgullosa ni que considere que esté bien, pero no puedo escribir sin inspiración real. Sé que los grandes escritores escriben con robusta disciplina, pero yo hasta ahora escribo con un vibrante corazón, espero en algún momento encontrar la manera de amalgamar ambas, la disciplina con la inspiración.

Mi prima sin saberlo me hizo entrar en una reflexión profunda de la vida, de nuestros anhelos, de lo que cuenta y del autosabotaje. Lo que realmente necesitamos para experimentar plenamente la vida es, nuestro cuerpo físico y salud mental, por tanto, teniendo éstas dos fortalezas, no hay lamento válido, cualquier asignatura pendiente puede ser materia aprobada en el futuro. 

La vida es aquello que pasa mientras postergas ir a la playa en espera de lucir mejor, son aquellos encuentros, momentos y cafés que vas posponiendo porque no tienes tiempo, son todos aquellos “un día de estos”, “algún día”, fechas que no están en ningún calendario. De niña recuerdo que mi mamá no iba a ninguna fiesta, ni salía a nada por diversión, pero siempre que alguien fallecía, mi mamá podía atravesar el país, viajar con incomodidades, y hasta pedir permiso en su trabajo cosa que nunca hacía, para asistir a un funeral. Yo cuando la veía haciendo maletas le preguntaba inmediatamente «¿Quién se murió mamá?.

A veces aprendemos desde el ejemplo, y otras desde lo contrario, a mi eso me hizo mucho ruido y desde siempre he procurado en mi vida momentos placenteros, elijo darle prioridad a las risas sobre las lágrimas, jamás me conecté con eso de preferir ir a un funeral que a una fiesta. Prefiero reír que sufrir. Sé que hay un montón de vainas que traemos de infancia, y parte de ellas puede ser pensar que los sueños no se cumplen, pero la buena noticia es que todo patrón o creencia limitante, lo podemos cambiar a voluntad.

Yo prefiero los planes de ya para ya, para mi son mejores así que agendar algo, y es que si lo puedo hacer en ese instante, ¿para qué lo voy a posponer?, me sucede mucho que me dicen “cuando quieras nos tomamos un café”, y yo muchas veces he respondido “quiero ya”, y tomo a la persona del brazo y nos vamos a tomar el café.

Generalmente me miran sorprendidos y se ríen, casi nadie se espera esa respuesta, estamos muy acostumbrados al “un día de estos cuadramos”, yo elijo muchas veces el ya para ya, y amo cuando me aceptan el plan inmediato. En todos los casos, la hemos pasado muy bien.

Pero en realidad no fue la procrastinación lo que me inspiró a inscribir, sino el pensar y el sentir que ya se nos fue el tren, una especie de tren de la vida despiadado, que pasó muy de prisa y nos mira con desdén luego de «cierta edad». Ese tren que para nuestra mentalidad no regresa, nos deja la sensación de que ya pasó el tiempo de vivir como queremos, de hacer realidad nuestros sueños. Yo realmente no entiendo eso, si estamos vivos, ¿porqué no habrías de cumplir tus sueños”, bueno, salvo que sean como el ejemplo de la bailarina clásica. Para mi esa «cierta edad» no existe, eso de «ya no tengo edad para eso», de verdad no me conecto con esa emoción. Anda para mi cuenta de TikTok para que veas que no te miento.

Hay un montón de historias de personas que alcanzaron el éxito, fortuna y reconocimiento, luego de los 50 años. El famoso escritor, actor y humorista mexicano conocido como “Chespirito”, creador de la exitosa serie infantil “El chavo del 8”, comenzó a trabajar en esa serie a los 42 años, el dueño de KFC franquicia fundada por Harland Sanders, que cuenta con más de 22.000 restaurantes en más de 150 países, hizo esa multimillonaria empresa luego de los 50 años. Y son muchos más los casos de sueños materializados luego de «cierta edad». Yo tengo un sueño grande a mis 50 años, y sé que lo cumpliré.

Ni Sanders ni Chespirito dijeron “ya pasamos los 40 años, ya en esta vida no fue”. Yo tengo 50 años, y siento genuinamente que lo mejor de mi vida está por venir, que lo que me espera es mucho mejor de lo que he vivido, y eso que considero que he tenido una buena vida. 

Prima mía, te aseguro que estás muy a tiempo de hacer cualquier cosa que desees hacer, hasta mi mamá que tiene 83 años puede aún hacer muchas cosas, siempre le echo vaina de que debería tener un novio. Seamos personas sin fecha de vencimiento, con un niño interno vivo, inquieto y juguetón. 

Que en tu vida abunden las risas y los sueños cumplidos, recuerda siempre que estamos en gerundio.

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